Siempre he creído que contaba con una familia unida y llena de amor. Sin embargo, un día la desgracia se presentó en mi vida. Fue en ese momento cuando todo cambió y la tragedia me llevó lejos del amor de mi vida. Este doloroso acontecimiento me abrió los ojos y me hizo darme cuenta de quienes eran realmente mis verdaderos enemigos, aquellos que siempre habían estado a mi alrededor, ocultos tras una falsa fachada de cariño y apoyo.
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Episodio 10
●Sacerdote: Interrumpo a esta hija del Señor y le digo: Aunque usted sea la esposa del Señor de San Calletano, eso no le otorga el derecho de presentarse a esta hora y perturbar el sueño de todos los presentes. Les pido que se retiren y regresen por la mañana, momento en el que estaré aquí para recibirlos. Estoy a punto de cerrar las puertas, pero me lo impiden.
●Sofía: Lamento mucho lo que voy a decir, su santidad, pero es urgente que me escuche. No estamos aquí por mero capricho. Comienzo a explicarle todo al sacerdote, quien parece no poder creer lo que le estoy diciendo. Su indignación es palpable ante la situación. Sin embargo, tras escucharme, finalmente acepta llevar a cabo la ceremonia de matrimonio entre Inés y Manuel. Entramos en la iglesia y nos acomodamos, mientras el cura se encarga de organizar todos los detalles necesarios para la boda.
●Manuel: Qué alegría que el sacerdote haya aceptado casarnos, amor mío. Pronto podremos estar tranquilos, sin temor a que don Alberto pueda hacer algo en nuestra contra. En ese momento, tomé a Inés en mis brazos y, al mirarla, ella me sonrió de manera radiante, regalándome una enorme sonrisa que iluminó mi corazón.
●Inés: “Así es, cariño, todo esto ha sido posible gracias a la señora Sofía, quien nos ha brindado su apoyo en momentos difíciles. Una vez que terminemos aquí, debemos agradecerle de la manera que se merece.” Mientras habla, Manuel me abraza con ternura y yo le sonrío, llenando el momento de amor con un beso cariñoso.Sin embargo, de repente, un sonido estruendoso interrumpe la calma: se escuchan los cascos de los caballos que se detienen frente a la iglesia, seguidos de una serie de gritos que me ponen la piel de gallina. Mi corazón late más rápido y, con un nudo en el estómago, miro nerviosa a mi padre y a Manuel. Ellos reconocen la situación y, sin pensarlo, salen corriendo hacia la puerta, intentando detener la entrada de quienes amenazan con entrar.
●Felipe:corro hacia la puerta de la iglesia y intento impedir que las personas de afuera entren, rápido le grito a Manuel,trae esos mesones y colócalos aquí. No podemos permitir que don Alberto entre y se lleve a mi hija. Mientras pronuncio estas palabras, hago todo lo posible por sostener la puerta con todas mis fuerzas, pero resulta imposible; me empujan a un lado y un par de guardias me inmovilizan, impidiendo que me acerque a mi hija, quien luce aterrorizada por la situación que se está desarrollando a su alrededor.
●Manuel:observo cómo don Alberto entra en la habitación, luciendo una sonrisa en su rostro, lo cual me enfurece aún más. Sin pensarlo dos veces, coloco a Inés detrás de mi, protegiéndola de la situación que se avecina. Con determinación, desenvaino mi espada y exclamando con firmeza, les advierto: No se atrevan a acercarse, porque soy capaz de matarlos a todos ustedes, incluido usted, don Alberto. Su voz resuena llena de rencor, dejando claro que está dispuesto a luchar por lo que considera justo.
●Alberto: Manuel, realmente eres una persona muy irresponsable y falta de respeto. ¿Acaso piensan que voy a perdonar este acto de desacato que han cometido? Para que puedan entender cuán benevolente puedo ser, propongo que me entreguen a la doncella. Yo me la llevaré al palacio y la devolveré en la mañana. Así podremos poner fin a este problema de una vez por todas y dejar atrás todo este alboroto que han generado.
●Sofía:visiblemente molesta, le lanze una mirada fulminante a Alberto y le dije con firmeza: Eres un descarado. Deja en paz a esta gente que ya ha sufrido bastante. Si continúas con tu actitud, no dudaré en escribirle una carta al arzobispo, y en ella detallaré todo lo que has hecho hasta este momento. Haré también mención de cómo has abusado de tu poder como señor de San Calletano. Así que, por tu propio bien, sería mejor que te marcharas de aquí.
●Alberto: Intenté ser amable con ustedes, pero tú, Sofía, me has colmado de irritación. Me acerco a ella, la agarro del brazo y le propino una contundente bofetada que la hace caer al suelo, haciéndola sangrar por el labio. La miro con furia y le digo: Si te atreves a ponerte en contacto con el arzobispo, yo soy capaz de quitarte el título de señora de San Calletano, ¿me has entendido?. Después, dirijo mi mirada hacia los guardias y les ordeno: Ahora, tráiganme a Inés de Salamanca aquí, de una vez por todas, Un grupo de guardias se acerca rápidamente para buscarla, pero en ese momento, Manuel desenvaina su espada con determinación y comienza a atacar a mis hombres, logrando herir a varios de ellos. Al ver esta situación, decido actuar y rápidamente saco mi espada, dirigiéndome hacia él con furia. En un rápido y preciso movimiento, lo hiero gravemente en la columna, causándole un daño significativo.
●Inés:observo con horror cómo Manuel se desploma al suelo, después de haber sido herido por don Alberto. Un grito desesperado escapa de mis labios mientras corro hacia él, encontrándome con la impactante escena de Manuel yaciendo en un charco de sangre. La angustia me inunda y, con un esfuerzo por controlar mi miedo, imploro: Por favor, déjenlo en paz, no lo maten. mi mirada se llena de odio hacia don Alberto, y con una mezcla de determinación y desesperación, le digo: Está bien, acepto ir con usted, pero antes tiene que prometérmelo: no le hará daño a Manuel y buscará a un médico, porque él se ve muy mal. Las lágrimas brotan de mis ojos como un río desbordado, mientras un nudo en mi garganta me dificulta pronunciar las palabras que brotan desde lo más profundo de mi ser.
●Alberto: Está bien, les digo a mis giardis que busquen a un curandero o medico ,ahora ven conmigo. No hay nada más que hacer aquí. Luego, gire hacia la figura del sacerdote, continúe: Y usted, reverendo, necesitamos hablar sobre lo que acaba de suceder en este lugar. Con una sonrisa que intentaba ser amable, tomé la mano de Inés, pero ella, visiblemente incómoda, me apartó con un empujón.
●Inés: Por favor, necesito que esperes un momento, déjame despedirme de Manuel. Amor, debes recuperarte; te prometo que regresaré a ti. Dios mío, por favor, ayúdalo, no permitas que le ocurra algo grave. Padre, te pido que ayudes a Manuel, él necesita atención médica urgentemente.
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más capítulos por favor gracias autora