NovelToon NovelToon
Nos Queríamos En Silencio

Nos Queríamos En Silencio

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor de la infancia
Popularitas:499
Nilai: 5
nombre de autor: samuel luna

Es una historia sobre la amistad, los sentimientos callados y el miedo a cambiar lo que ya se tiene por decir la verdad.

NovelToon tiene autorización de samuel luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3: lo que no dije

El viernes decidí que iba a dejar de pensar en Daniel.

Fue una decisión absurda, porque no se puede ordenar al corazón que deje de hacer algo como si fuera una tarea pendiente.

Aun así, lo intenté.

Me levanté temprano, organicé mis apuntes, respondí los mensajes pendientes y hasta acepté la invitación de Laura para almorzar.

Laura era mi amiga desde el primer semestre. Tenía la habilidad de notar cualquier cambio en mi ánimo antes de que yo pudiera esconderlo.

Por eso evité mirarla demasiado durante el almuerzo.

—Estás extraña —dijo, pinchando una papa con el tenedor.

—Estoy cansada.

—No.

—Sí.

—No.

—Qué conversación tan productiva.

Laura dejó el tenedor sobre el plato.

—¿Daniel dijo algo?

No respondí.

Ella suspiró.

—Eso significa que sí dijo algo.

—No dijo nada importante.

—La gente no pone esa cara cuando no ocurre nada importante.

—¿Qué cara tengo?

—La de alguien que está intentando no pensar en una persona mientras piensa exclusivamente en esa persona.

Bebí un poco de gaseosa para ganar tiempo.

—Me dijo que le gusta alguien.

Laura se quedó quieta.

—¿Y eso te molesta?

—No.

—Te pregunté si te molesta, no si está permitido que te moleste.

—No debería molestarme.

—Eso tampoco fue lo que pregunté.

Miré hacia las mesas cercanas. Un grupo de estudiantes se reía junto a la ventana. Alguien dejó caer una bandeja. En la cocina sonó una alarma breve.

Todo parecía normal, menos yo.

—No sé quién es —dije.

—¿Y por qué tienes que saberlo?

—Porque somos amigos.

—Ser su amiga no te da derecho a conocer todos sus secretos.

—Lo sé.

—Pero quieres conocerlos.

—Sí.

Laura estudió mi rostro.

—¿Quieres saber quién es porque te preocupa que sea alguien que no te conviene o porque te preocupa que sea alguien que sí te conviene?

La pregunta me golpeó con tanta precisión que no pude contestar.

Laura sonrió, pero no de manera cruel.

—Ah.

—No digas “ah”.

—No voy a decir nada.

—Ya lo dijiste con la cara.

—Aprendí de ti.

Intenté cambiar de tema, pero no funcionó. Laura sabía cuándo no debía insistir y cuándo insistir era la única forma de ayudar. Finalmente, aceptó hablar de otra cosa durante unos minutos, aunque yo notaba que seguía observándome.

Cuando salimos de la cafetería, vimos a Daniel al otro lado del patio. Estaba con dos compañeros de su carrera y una chica a la que yo no había visto antes.

Ella llevaba el cabello oscuro, recogido en una coleta, y sostenía varios planos enrollados bajo el brazo. Daniel parecía estar explicándole algo. La chica se rió y le tocó el hombro.

El gesto fue breve.

A mí me pareció eterno.

—¿Es ella? —preguntó Laura.

—No sé.

—Pero crees que sí.

—No sé.

Daniel levantó la cabeza y me vio. Su expresión cambió de inmediato. Sonrió y se despidió de sus compañeros antes de caminar hacia nosotras.

—Hola —dijo.

—Hola.

Intenté sonar tranquila. Mi voz salió más seca de lo que quería.

Daniel frunció ligeramente el ceño.

—¿Todo bien?

—Sí.

—¿Segura?

—Sí.

Laura intervino antes de que él pudiera seguir preguntando.

—Yo me voy a clase.

—Pero dijiste que…

—Se me olvidó algo.

Me lanzó una mirada que significaba “luego hablamos” y se alejó.

Daniel la observó.

—¿Qué le pasa?

—Nada.

—¿Y a ti?

—Nada.

—Hoy has dicho “nada” dos veces.

—Entonces debe ser verdad.

Daniel no sonrió. Se quedó mirándome con atención.

—La conocí en una reunión del departamento —dijo de pronto.

—¿A quién?

—A la chica que viste conmigo.

Odié que la hubiera mencionado. Odié que supiera exactamente lo que estaba pensando.

—No te pregunté quién era.

—Pero querías saberlo.

—No.

—Sí.

—Daniel, no todo gira alrededor de mí.

—No dije eso.

—Lo estás diciendo ahora.

Él suspiró.

—Se llama Elena.

El nombre se instaló en mi cabeza con una facilidad desagradable.

Elena.

—Es muy simpática —continuó—. Estudia diseño y está ayudando con una exposición.

—Qué bien.

—La conocí hace poco.

—Me alegra.

—No parece que te alegres.

—No parece que te interese mi opinión.

La frase salió antes de que pudiera detenerla.

Daniel dio un paso hacia mí.

—Claro que me interesa.

—No lo parece.

—Entonces dime qué te pasa.

No pude. Porque si lo hacía, toda la estructura que había construido durante años se derrumbaría en medio del patio. Le diría que no soportaba imaginarlo con alguien más, que cada conversación sobre Elena me hacía sentir reemplazable, que había guardado mis sentimientos tanto tiempo que ahora ya no sabía dónde terminaban ellos y dónde empezaba yo.

En lugar de eso, me crucé de brazos.

—¿Te gusta ella?

Daniel se quedó en silencio.

No necesitaba responder. La pausa fue suficiente.

—Creo que sí —dijo finalmente.

Sentí algo dentro de mí, algo pequeño y frágil, romperse con una calma aterradora.

—Entonces deberías decírselo.

—¿Eso piensas?

—Sí.

—¿Aunque pueda salir mal?

—Sí.

—¿Aunque después no quiera volver a hablarme?

—Si nunca se lo dices, vas a quedarte imaginando toda la vida qué habría pasado.

Daniel bajó la mirada.

—Tienes razón.

Lo dijo con tanta sencillez que me dolió más.

—Siempre la tengo.

—No siempre.

—Casi siempre.

Daniel sonrió apenas.

—¿Estás molesta conmigo?

—No.

—Otra vez “no”.

—¿Qué quieres que te diga?

—La verdad.

La palabra quedó entre nosotros.

La verdad.

Yo la llevaba en la garganta desde hacía años.

Podía decirla. Allí mismo. En aquel patio lleno de voces, cerca de los edificios donde habíamos compartido tantos días, bajo un cielo que empezaba a cubrirse de nubes.

Podía decir: Me gustas tú.

Pero Daniel me estaba mirando como si de verdad esperara que hablara. Y eso era lo peor. Si se lo decía, ya no podría fingir que nuestra amistad era suficiente. Si me rechazaba, perdería su cercanía. Si me correspondía, todo cambiaría de una forma que tampoco sabía manejar.

Así que elegí el miedo conocido.

—La verdad es que deberías invitarla a salir —dije.

Daniel parpadeó.

—¿Eso es lo que querías decir?

—Sí.

—Pensé que ibas a decir otra cosa.

—No.

—¿Seguro?

—Seguro.

Me sostuvo la mirada durante unos segundos. Parecía decepcionado, aunque no entendí por qué.

—Está bien —dijo—. Lo haré.

—Bien.

—Hoy.

—Mejor.

—¿Y si dice que no?

—Sobrevivirás.

—¿Y si dice que sí?

Intenté sonreír.

—Entonces me contarás cómo te fue.

Daniel asintió lentamente.

—Te lo contaré todo.

Después se alejó hacia su clase.

Yo me quedé en el mismo lugar, observando su espalda mientras desaparecía por la puerta del edificio. La gente pasaba a mi lado sin mirarme. Una corriente de viento levantó varios papeles del suelo.

Me agaché para recogerlos, aunque no eran míos.

Uno de ellos tenía dibujado un edificio a lápiz. La línea era imperfecta, pero hermosa. Pensé que quizá Elena le había pedido ayuda con el diseño. Pensé que tal vez Daniel la había mirado de la misma manera en que yo lo miraba a él cuando hablaba de sus sueños.

Entonces comprendí que no era suficiente con guardar silencio.

El silencio no detenía las cosas.

No impedía que Daniel se enamorara de otra persona. No protegía nuestra amistad. No conservaba intacto lo que sentía.

Solo me mantenía quieta mientras todo avanzaba sin mí.

Esa noche, Daniel me escribió.

Le voy a pedir salir.

Miré el mensaje durante varios minutos.

Después respondí:

Hazlo.

Aparecieron los tres puntos de escritura.

¿Estás segura?

Mis dedos temblaron sobre el teclado.

Lo que quería escribir era: No. No quiero que lo hagas. Quiero que me mires a mí. Quiero que entiendas que siempre has sido tú.

Pero envié otra cosa:

Sí. Estoy segura.

Daniel tardó en responder.

Gracias por apoyarme.

Cerré los ojos.

Luego escribí una frase que borré tres veces antes de atreverme a enviarla:

Siempre voy a apoyarte.

No me preguntó por qué tardé tanto en responder.

No me preguntó qué había borrado.

Y yo tampoco le dije que, mientras lo ayudaba a acercarse a otra persona, me estaba alejando de él en silencio.

1
Julián
excelente
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play