El amor que nunca olvidó
Un encuentro en la infancia bastó para que Elara Bauman se convirtiera en el recuerdo que Alessandro Vescari jamás pudo abandonar, año tras año la observo de lejos.
Pero años después, el destino vuelve a ponerla en su camino. Él es un hombre poderoso, acostumbrado a conseguir todo lo que desea; ella, una joven independiente que no está dispuesta a dejarse dominar por nadie.
Alessandro está decidido a conquistarla, pero detrás de su mirada intensa y su necesidad de tenerla cerca se esconde un pasado que nunca logró superar. Elara desafiará sus límites, pondrá a prueba su paciencia y despertará sentimientos que él creía imposibles de controlar.
Entre secretos, tensión, celos y una atracción difícil de ignorar, ambos descubrirán que reencontrarse no significa tener una segunda oportunidad garantizada.
Él llevaba años esperándola. Ella jamás imaginó ser el centro de su mundo. Pero ¿podrá el hombre que siempre quiso tenerlo todo aprender a amar sin poseer, y la mujer que teme perder su libertad atreverse a entregarle el corazón.
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Una escapatoria
Elara permaneció frente al retrato sin saber qué pensar, qué decir o de qué forma actuar.
Ahora todo parecía tener un significado diferente.
El regalo que había recibido a los quince años. Las veces que había sentido una mirada sobre ella sin saber de quién provenía. El retrato que tenía frente a sus ojos, muchas cosas que había tratado de ignorar o no tomarles sentido, pero ahora es diferente.
Todo conducía al mismo hombre.
Alessandro.
—¿Por qué nunca te acercaste? —preguntó finalmente.
Alessandro tardó en responder.
—Porque no quería alterar tu vida.
Elara lo miró con incredulidad.
—Pero me buscabas.
—Sí.
—Me observabas.
Él no lo negó.
—Sí.
Aquella sinceridad comenzó a inquietarla más que cualquier mentira.
—Eso no es normal, Alessandro.
Él guardó silencio.
Por primera vez, Elara sintió que necesitaba tomar distancia para pensar con claridad.
Sin embargo, antes de marcharse de la habitación, recordó algo.
—¿Tus padres sabían de mí?
Alessandro la observó durante unos segundos.
—Sí.
Aquella respuesta la sorprendió.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace años.
Sus padres habían conocido aquella historia mucho antes de que Elara apareciera nuevamente en la vida de su hijo. Sabían que, desde aquel primer encuentro de su infancia, Alessandro había conservado un recuerdo que nunca consiguió abandonar. Habían visto cómo preguntaba por ella, cómo la buscaba discretamente y cómo, con los años, aquel recuerdo seguía presente.
Por eso, cuando finalmente la conocieron, la recibieron con una calidez que a Elara le había parecido extraña desde el principio.
No era casualidad.
Ellos ya sabían quién era.
Y, después de tantos años viendo a su único hijo aferrado a un recuerdo, querían verlo feliz.
Pero aquella revelación no hizo que Elara se sintiera especial.
La hizo sentir observada.
Como si todos hubieran conocido una historia en la que ella nunca había aceptado participar.
Durante los días siguientes comenzó a mantenerse distante.
Alessandro lo notó.
Ella necesitaba espacio.
Necesitaba pensar si realmente quería permanecer cerca de un hombre que llevaba años siguiéndole la pista desde lejos y que había conservado su imagen como si el tiempo no hubiera pasado.
Entonces recordó una oportunidad que había dejado pendiente.
Meses atrás había solicitado información sobre un intercambio académico en el extranjero. Sus calificaciones eran excelentes y había sido seleccionada para continuar con el proceso.
En aquel momento no había querido tomar una decisión.
Ahora volvió a abrir la solicitud.
Leyó las condiciones.
Un año fuera del país.
Doce meses lejos de todo aquello.
Lejos de Alessandro.
Por primera vez desde que había encontrado el retrato, sintió que tenía una salida.
Todavía no había aceptado.
Pero comenzó a considerarlo seriamente.
Y mientras Elara empezaba a imaginar una vida lejos de él, Alessandro comenzó a darse cuenta de que algo estaba cambiando.
Ella ya no lo miraba de la misma manera.
Ya no respondía inmediatamente a sus mensajes.
Ya no buscaba su compañía.
Y él todavía no sabía que, detrás de aquella distancia, Elara estaba considerando marcharse durante un año.
Todavía no sabía que podía perderla.
Pero pronto lo descubriría.