Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
⚠️⚠️ Si no les gusta las historias de Poliamor puede buscar otras y les ahorro sus comentarios ❤️
NovelToon tiene autorización de Milagros Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No se abandona a un amigo
••
Ema llegó rápidamente a la formación; Lucas y los demás la miraron preocupados.
–¿Estás bien? —preguntó Lucas.
–Sí… Perfecta —dijo seria.
Lucas no se la creyó; la tomó del brazo. Adrián la observaba fijamente y soltó un gruñido bajo. Su madre, que acababa de llegar, lo escuchó y siguió su mirada, levantando una ceja.
–¿Te dije algo que te molestó…? —preguntó Lucas confundido.
–No, solo es un asunto mio… Pero no tiene nada que ver con esto —suspiró calmando su tono.
–Te conozco demasiado bien… ¿Qué me estás ocultando? —se acercó hasta casi tocar su rostro.
Adrián gruñó con más intensidad al verlos tan cerca; Aron ya se hacía presente en sus ojos.
–Adrian… ¿Esa es la chica? —dijo su madre mirándolo firme.
–No sé de qué hablas, madre… —aclaró la garganta mirando a otro lado, pero enseguida volvió su vista hacia Ema.
–Es ella, lo sé —le señaló el rostro con el dedo—. Mientes, hijo… Y muy mal —sonrió al fijarse en Ema.
–Vaya… Vaya… La alfa Ema —murmuró con una sonrisa ladina.
–Madre… No hagas nada —la miró de soslayo.
–Nunca haría nada que no quisieras, mío —sonrió.
...
La primera prueba dio inicio con la competencia de tiro al blanco.
Adrián permanecía en silencio observando a Ema; de vez en cuando intentaba fortalecer el vínculo para que ella lo mirara, pero solo recibía una mirada fugaz de parte suya.
«Sí que es fuerte. Si fuera otra, ya estaría desmayada»
–Sí… Será interesante verla competir —comentó su madre.
Ema estaba furiosa. Su grupo comenzó la prueba, formando equipo con Paolo.
Los arcos estaban a gran distancia y cada paso debía ser sigiloso, ya que cualquier pisada podía activar una trampa. Debían llegar a la meta juntos para clasificar, evitando recibir disparos de las máquinas automáticas que tenían que neutralizar antes de que estas les alcanzaran.
Sonó la bocina y Ema partió junto a Paolo. Caminaron a paso lento hasta que se oyó un grito fuerte: un joven de otro grupo había pisado dos trampas a la vez y quedó fuera de la competencia.
Ema olfateaba el terreno mientras hacía señas a Paolo para que siguiera sus pasos; juntos disparaban a los blancos móviles.
«Bell, reacciona, no me dejas concentrarme»
Bell lloraba en su interior y esa angustia ya la molestaba.
Paolo continuó avanzando sigilosamente, guiando a Ema en ese tramo. Estaban cerca de la mitad del recorrido, sin haber activado ninguna trampa. Adrián seguía sus movimientos atentamente cuando se escuchó otro grito.
–¡Arturo! —escuchó Ema, mirando a Paolo con preocupación.
Continuaron disparando y enfocándose en el objetivo; estaban a punto de llegar cuando Ema advirtió una trampa en el suelo.
–¡Paolo! —gritó, pero era demasiado tarde: él dio un grito de dolor y quedó inmóvil. Ema se colocó frente a él para protegerlo.
«Bell, levanta tu puto culo y ayúdame. Si no lo haces, olvídate de tu estúpido vínculo»
Ema estaba furiosa. Arrastró a Paolo asegurándose de que no se mordiera la lengua.
–Sí…gue… —dijo temblando.
–¡Cállate, Paolo! No pienso dejarte aquí; estamos cerca —dejó sus armas para intentar levantarle con toda su fuerza.
El público se puso en pie al presenciar la escena; todos los demás competidores habían abandonado a sus compañeros, pero Ema logró levantar a Paolo como si fuera un saco de patatas.
«Bell, carajo, es nuestro amigo»
«No me grites, Ema. Espero que no rechaces el vínculo… O olvídate de mí»
«Al carajo, ¡inténtalo!»
Ema cargó a Paolo a cuestas; sus ojos se habían tornado de un rojo intenso.
Adrián levantó la ceja sorprendido y, sin darse cuenta, también se puso en pie como todo el mundo para ver aquella escena. Ema era de estatura pequeña y Paolo era gigante, cubriéndola por completo y haciéndola parecer aún más diminuta.
Silvia lloraba al ver el esfuerzo de Ema; sus compañeros gritaban a pulmón abierto para apoyarla. Lucas la alentaba desde las gradas: la emoción era tan intensa como nunca antes.
–¡Vamos, Emaaa! —gritó Lucas.
Ema sonrió satisfecha, esquivó las trampas restantes y disparó como si ni siquiera llevara a alguien encima. Cuando estuvo a punto de llegar, se dio cuenta de que se había quedado sin flechas. Todos gritaron al verla tan cerca de la meta.
«Ema, el cuchillo!»
Ema agarró el cuchillo de Paolo y lo lanzó con fuerza desde el arco justo cuando sonó la bocina que daba por finalizada la prueba.
Después de un breve silencio, la gente gritó de emoción y comenzó a aplaudir con fervor. Adrián sonrió complacido; incluso él se había visto envuelto por la escena. Lucas y los chicos corrieron a ayudarla a bajar a Paolo.
–Eres una mujer terca —balbuceó Paolo mientras recibía ayuda del médico.
Ema sonrió, aún agitada; ni ella misma sabía haber sido tan fuerte. Sus compañeros gritaban de alegría en su apoyo.
Lucas le dio algo dulce y agua:
–Felicidades, Ema. Parece que impresionaste a todos… Y al Rey más que nadie —comentó Lucas.
Ema miró a Adrián, quien le sonrió levemente, levantó su copa en señal de saludo y ella respondió con su vaso de agua.
«Nuestra alfa es fuerte… Será una guerrera y reina increíbles»
–Tienes toda la razón, amigo —murmuró Adrián.
Lucas notó sus miradas y ese saludo; se colocó frente a Ema, haciendo que Adrián frunciera el ceño.
–Dime que no es lo que pienso… —dijo mirándola firme.
–¿Por qué no preguntas claramente lo que quieres saber, alfita? —replicó Ema.
–El Rey… Es el… —levantó la ceja insistiendo.
–Sí… —dijo tomando un sorbo de agua.
–¡Carajo, Ema! —exclamó—. Sabes lo que significa, ¿verdad? ¿No lo vas a recha…?
–¡Lucas, cállate! —lo tironeó del brazo—. Ahora no puedo hacerlo —dijo frustrada.
–¿En serio lo ibas a hacer? —abrió los ojos sin creer—. Es un Rey, loca. Eso podría matarte; es un licántropo puro, Ema —la regañó preocupado.
Adrián observaba cómo discutían y apretó los dientes al ver su cercanía.
–Ay… Estás peor que una tía, Lucas. Ahora tendré que lidiar con él, lo que menos quería, pero le prometí a Bell —se sentó suspirando.
–Disculpa… Seguro estás enojada. No debí decirte qué hacer… Pero sabes que esto no es un juego y no queremos que te pase nada, Ema —se sentó a su lado y la empujó suavemente.
–Lo sé… Solo quiero terminar esto y luego veré qué pasa —suspiró, rodando los ojos al sentir el empujón y respondiendo con el mismo gesto, sonriendo.
–Así es… Concentrada. No pienses en él por ahora; tenemos una competencia que ganar, alfa —animó.
Ema asintió y fueron a ver a Paolo antes de conocer los resultados.
–¿Cómo estás? —preguntó Lucas.
–Como si tuviera hormigas por todo el cuerpo —rió—. Oye, loca… ¿Acaso no escuchaste que te dejara? ¿Cómo pudiste cargarme así?
–¡Ay, se dice gracias, idiota! Yo no dejo a un amigo atrás —sonrió. Paolo le desordenó el cabello, haciéndola reír.
Volvieron al campo para escuchar los resultados.
Adrián se dirigió a todos:
–Los grupos que pasan son…
–¿Creen que clasificaremos? —preguntó Paolo.
–Deben hacerlo; eso fue increíble. No pueden descalificarlos por eso —dijo Lucas.
–El grupo de la manada Prado Verde del alfa Lorenzo; el grupo Gama de la manada Prado Verde; el grupo Gama de la manada Sangre y Sombras; y el último grupo de la alfa Ema de la manada Colmillo y Sombras, por su increíble valentía al rescatar a su compañero —anunció Adrián.
Todos gritaron de alegría. Ema se quedó tiesa por un instante antes de unirse a la celebración de sus compañeros.
–¡Emmma, pasamos! —gritó Lucas levantándola en brazos.
Adrián sonrió ladino al ver cómo todos la rodeaban con cariño.
–¡Pasamos! —gritó Paolo, haciendo que la multitud hiciera aún más bulla.
Ema reía feliz; había pensado que su camino se acabaría ahí, pero ahora estaban en las preliminares y no pensaba perder, menos en ese momento.
••