El zumbido constante de los equipos médicos en la unidad de cuidados intensivos del sanatorio de Zúrich se había convertido en el único compás que medía el paso de los días. Ana Belén llevaba semanas viviendo en una vigilia perpetua, aferrada a la mano inerte de Jeremías, con los ojos fijos en el monitor que dictaba sus constantes vitales. Su mundo se había contraído hasta las dimensiones de aquella habitación aséptica, blindada contra el frío alpino y contra los problemas del mundo exterior. Sin embargo, la implacable realidad de los imperios corporativos y los negocios multimillonarios no entendía de comas ni de dolores del alma.
A miles de kilómetros de distancia, al otro lado del océano, en la bulliciosa ciudad donde residían habitualmente y donde se levantaban las oficinas centrales del corporativo, Federico se encontraba operando desde el centro de mando principal. Las pantallas de los monitores financieros parpadeaban con gráficos en rojo y verde, reflejando la incertidumbre de los mercados ante la repentina ausencia del patriarca.
Eran pasada la medianoche en Europa cuando el tono vibrante y seco del teléfono móvil de Ana Belén rompió el silencio sepulcral de la estancia clínica. Ana Belén se sobresaltó, retirando con suavidad la mano de la de Jeremías para que el movimiento no alterara la vía intravenosa. Al mirar la pantalla y ver el nombre de Federico parpadeando en la interfaz, sintió una opresión inmediata en el pecho. Las llamadas a altas horas de la madrugada rara vez traían buenas noticias.
—¿Federico? ¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo en la mansión? —preguntó de inmediato, con la voz ronca por el cansancio y el llanto acumulado.
—Tranquila Ana, respira, aquí está todo bajo control —respondió la voz sobria y firme del mano derecha del magnate desde el otro continente, ubicado en la imponente torre corporativa de su país de residencia—. Te llamo por un asunto de extrema urgencia corporativa que no puede esperar ni un solo día más. Necesitamos que firmes u…
SABOR A FUEGO Y SOMBRA
EL PESO DE LA CORONA EN AUSENCIA DEL REY
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