Capítulo 41: Guerra declarada
La intercepción ocurrió en Paseo de la Reforma, a la altura del Ángel de la Independencia, a las siete de la mañana de un lunes que la Ciudad de México recordaría no por lo que pasó en la calle sino por lo que empezó en las oficinas.
Dos camionetas del Grupo Arellano le cerraron el paso al Porsche de Nico Castellanos. No con violencia — con la precisión quirúrgica de un movimiento ensayado: una Suburban se colocó delante, otra detrás, y el Porsche quedó atrapado entre dos muros de acero blindado como una moneda entre dos dedos. Nico no se inmutó. Apagó el motor. Bajó la ventanilla. Y esperó.
Sebastián bajó de la Suburban delantera. Traía el traje gris oscuro que usaba cuando iba a destruir algo — Mariana lo llamaba "el traje de guerra" en privado, y nunca se equivocaba—. Caminó hasta la ventanilla del Porsche con los pasos de un hombre que mide cada centímetro del asfalto como si le perteneciera. Se detuvo. Se agachó. Puso las manos en el marco de la ventanilla y miró a Nico con la intensidad de un láser quirúrgico.
—Castellanos —dijo—. Vamos a tener una conversación.
—Arellano. —Nico sonrió. La sonrisa de un hombre que sabe que está en desventaja numérica pero no en desventaja moral—. Bonita forma de invitar a un café. ¿Siempre mandas dos camionetas?
—Aléjate de ella.
—Ya tuvimos esta conversación. En una calle con jacarandás, si no me falla la memoria.
—Esa fue una advertencia. Esta es la última.
—¿Y si no me alejo?
Sebastián se enderezó. Se metió las manos en los bolsillos del pantalón — un gesto que en cualquier otro hombre habría parecido casual pero que en Sebastián era una forma de contener las manos, de evitar que hicieran lo que querían hacer, que era agarrar a Nico del cuello y arrastrarlo fuera del coche.
—Si no te alejas —dijo con la voz que usaba cuando firmaba contratos que destruían empresas: tranquila, baja, con la cadencia de alguien que no necesita gritar porque el poder grita por él—, descubres lo que pasa cuando un A…
Que la manden a pudrirse
Capítulo 41
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Comments
Amparo Casas Gonzalez
La única que puede decidir es Valentina, ella es una mujer adulta y cómo tal tiene derecho opinar. Se trata de su vida no es un juguete al que puedan manosear como si no sintiera nada.
2026-08-17
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eliana canache
y dolorosamente en esas guerras la única q termina de rodillas es la pobre chica 😔😔😔😔
2026-08-17
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Leticia Vargas
creo que será sebastian quien termina arrodillado
2026-08-06
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