Boda

Karem ingreso a la habitación donde el novio esperaría hasta que iniciará la ceremonia.

Miró a su alrededor y vio la bandeja con comida y bebidas que Mariana había pedido especial para su novio. Dejó la nota que había escrito y acomodo las bebidas.

Busco los controles del aire acondicionado y modifico la temperatura.

Mariana frunció el ceño al ver a su madre y a su cuñada Olivia tan serias, sabía que su padre se encontraba junto a los consejeros. Se casaba en dos horas y la casa era un caos.

— No debes preocuparte por nada dijo Amira.- Los invitados ya están aquí al igual que el novio y su familia todo saldrá perfecto.

Nasser frunció el ceño y estrujo la nota, obviamente no podía juzgar el carácter de Mariana por las acciones de sus hermanos, pero lo cierto es que los cuatro hermanos de su futura esposa eran un desastre. Tenía calor y se sirvió una copa.

Su hermano se acercó.— Aún estas a tiempo, si tienes alguna duda.

— Por supuesto que no, solo que detesto todo lo que empaña este día exclamó Nasser.

Nasser termino su copa y minutos después se tambaleó, sentía una presión en la cabeza.

–¿ Estás bien?, pregunto su hermano.

— Sí solo me duele la cabeza ya se me pasara serán muchos cambios.

Mariana mando a llamar a Karem. El joven guardia se quedó impactado al verla, desde la primera vez que la había visto lo había impresionado. Mariana no debía casarse, pero él imbécil de Nasser Al-Sabah no desistía.

— Hay demasiada agitación ¿ qué está pasando?, pregunto Mariana.

Karem levantó el rostro y la miró.— Su hermana la princesa Rosse, salió en los periódicos de toda Europa.

—¿Le ha pasado algo?, pregunto ella.

— No, fue fotografíada en una fiesta rodeada de hombres exclamó Karem.

Mariana se llevó la mano a la boca estaba impactada, Rosse no podía ser tan cabeza fresca.

— Supongo que el pueblo está indignado exclamó Mariana

— Eso es poco decir la autoridad de su padre está siendo cuestionada, para colmo como sabe a su hermano lo fotografiaron hace unos días con varias mujeres, hay rumores sobre los excesos del futuro rey. Se supone que Su Alteza no debe saberlo.

— Retírate y no te preocupes no diré nada Karem, gracias por tu fidelidad.

— Estoy aquí para servirle, siempre podrá contar con mi fidelidad exclamó Karem...

Mariana llevaba un vestido de seda blando, adornado con delicados bordados de hilos dorados que representaban flores y aves en pleno vuelo. La falda, amplia y vaporosa, se movía con gracia a cada paso que daba, mientras que las mangas largas caían suavemente hasta sus muñecas, rematadas con finas puntillas de encaje. Un cinturón de pedrería ceñía su cintura, realzando su figura esbelta. Su cabello, recogido en un elegante moño, estaba adornado con pequeñas perlas que brillaban debajo del delicado velo, a la luz de las antorchas del gran salón del palacio. Los invitados no podían apartar la vista de la princesa, cuya presencia iluminaba la estancia con una mezcla de nobleza y dulzura.

Luego de la ceremonia, Mariana y Nasser se encontraban sentados, ella lo miró se veía guapísimo aunque estaba muy tenso al igual que su familia. Su padre se puso de pie y dio un discurso, el hecho de que la familia de Rashad estuviera ahí era un gran apoyo para él, al igual que los líderes de la región.

— Debemos saludar a los invitados dijo Mariana. Nasser asintió y se puso de pie la ayudó retirando la silla y la tomó de la mano para ir acercándose a las diferentes mesas.

—Buenas noches, Excelencia gracias por acompañarnos exclamó Mariana

— Felicidades, para nosotros es un honor acompañarlos hoy, tenemos una gran amistad con tu familia exclamaron Karim Bakhur.

Caminaron a la siguiente mesa.– Tío, me alegra tanto verlo dijo Mariana abrazándolo.

— Se han muy felices dijo Walid abrazando a su sobrina...

La tradición marcaba que los novios debían pasar la noche en el palacio, pero Mariana y Nasser habían decidido pasar la noche en su casa y al dia siguiente viajarian a su luna de miel, a la isla donde fueron sus padres y hermanos.

Karem llego a la mansión mientras se llevaba a cabo el banquete nupcial. El ingreso a la casa debía asegurarse de que todo lo referente a la seguridad estaba perfecto, luego de la noche de bodas los recién casados irían a la isla de la familia.

Karem dio las instrucciones, todo estaba listo las empleadas terminaban de preparar la habitación cuando el ingreso, ellas se sorprendieron al ver al jefe de la custodia.

— ¿ Hay alguien más en esta habitación ?, pregunto él.

— No, ya hemos terminado.

— Entonces bajen, terminaré de revisar que el resto del piso esté vacío. —Las empleadas asintieron y pasaron a su lado.

Karem camino por la habitación, metió la mano en su bolsillo y miró la mesa con las diferentes bebidas y frutos..

Mariana y Nasser avanzaban por el pasillo de mármol iluminado por tenues lámparas doradas. La boda había sido fastuosa, un derroche de tradición y lujo digno de su linaje. Ahora, en la intimidad de su nuevo hogar, la tensión entre ellos era inevitable.

Nasser, con el porte firme de un hombre acostumbrado a tener el control, tomó la mano de su esposa y la guió hasta la habitación principal. Mariana, con su vestido nupcial aún impecable, sentía el peso de la noche sobre sus hombros. Cada paso resonaba en la mansión silenciosa, amplificando los latidos de su corazón.

La puerta se cerró tras ellos con un leve chasquido. Un aroma a ámbar y sándalo impregnaba el ambiente. Mariana giró el rostro para observar a su esposo, aquel hombre con el que estaba unida por amor aún así se sentía nerviosa y no la ayudaba ver a Nasser tan tenso.

Nasser se acercó despacio, sus ojos oscuros reflejando una emoción indescifrable. Levantó una mano y, con una delicadeza inesperada, acarició el velo de Mariana hasta dejarlo caer. Sus dedos recorrieron su mandíbula con una suavidad que contrastaba con su apariencia imponente.

—Eres hermosa —murmuró, pero su voz tenía un matiz diferente, algo más allá de la admiración. ¿Era duda?.

Mariana alzó el mentón, sus ojos brillantes con un desafío sutil.

—¿Eso es lo único que quieres decirme esta noche, Nasser?

El hombre entrecerró los ojos y dejó escapar un suspiro. Se apartó unos pasos y se quedó en silencio. Algo lo atormentaba, algo que no había dicho. Y Mariana lo sabía, lo había notado durante la ceremonia.

—Dímelo ahora —insistió ella, su voz más firme.

Nasser la miró, como si en ese instante la viera de verdad por primera vez.

—Mariana…

El aire se tornó denso. La noche de bodas no sería como ella la había imaginado.

Mariana estaba nerviosa. No pudo evitar el leve temblor en sus manos cuando Nasser pronunció esas palabras. Había algo en su tono, en la manera en que la miraba, que la inquietaba.

Él se acercó con una calma calculada y, en un intento por disipar la tensión, inclinó el rostro y rozó sus labios con los de ella. Fue un beso delicado, casi un susurro, pero lo sintió hasta lo más profundo. Mariana cerró los ojos un instante, dejando que esa calidez la envolviera, pero la incertidumbre persistía.

Cuando se separaron, Nasser comenzó a despojarse de su traje militar. Sus movimientos eran pausados, como si cada prenda que se quitaba lo despojara también de la autoridad con la que se conducía ante los demás. Primero los botones del saco, luego la faja que ceñía su cintura, hasta que quedó con una sencilla camisa blanca que contrastaba con su piel morena.

Mariana lo observaba en silencio. Su esposo, ahora se mostraba ante ella de una manera más íntima, más vulnerable. Pero había algo en sus ojos que no lograba descifrar.

Sin decir una palabra, Nasser caminó hasta una mesa baja de madera tallada y sirvió una copa de agua para su esposa. Luego, tomó una jarra de cobre y vertió para sí mismo una bebida de un color ámbar profundo, un licor tradicional de su tierra.

—Bebe —dijo con suavidad, ofreciéndole la copa a Mariana.

Ella la aceptó, pero sus dedos apenas rodearon el cristal. Sus ojos seguían fijos en él.

—¿Me dirás ahora qué es lo que te preocupa?

Nasser bebió un sorbo de su propia copa y dejó escapar un suspiro. Luego, la miró con intensidad.

—Lo haré… Nasser se froto la cien había estado todo el día con un terrible dolor de cabeza y por momentos sentía como mareado.

El silencio que se instaló entre ellos fue abrumador.

Nasser dejó su copa sobre la mesa y observó a Mariana en silencio. La tenue luz de la habitación realzaba la suavidad de su rostro, pero también hacía evidente la tensión en su mirada. Él miró a su esposa y vio miedo en sus ojos.

—¿Por qué tienes miedo? —preguntó con voz profunda, pausada.

Mariana sintió que el aire se le atascaba en la garganta. Apretó la copa entre sus dedos, pero no bebió.

—No tengo miedo —murmuró, pero su tono la delató.

Nasser avanzó un paso más, reduciendo la distancia entre ellos. Sus ojos oscuros la escrutaban con intensidad, como si pudieran atravesar las barreras que ella intentaba construir.

—Sí lo tienes —insistió, con una certeza que la desarmó—. Lo veo en tus manos, en tu respiración… en la forma en que me miras.

Mariana bajó la mirada, sintiendo que su corazón latía con demasiada fuerza. ¿Por qué tenía miedo? ¿Era por la incertidumbre de esa noche? ¿Por lo que estaba a punto de pasar? ¿O era por la extraña sensación que no la abandonaba?

Nasser exhaló y entonces hizo algo inesperado. Se arrodilló frente a ella, apoyando una mano en la orilla del diván donde ella estaba sentada. La imagen de un hombre tan poderoso inclinándose así la dejó sin palabras.

—No quiero que me temas, Mariana —dijo con sinceridad—. No quiero ser un desconocido para ti.

Ella levantó la vista, encontrando los ojos de su esposo más cerca que nunca. En ellos había algo más que autoridad. Había vulnerabilidad. Había algo que parecía una súplica.

—Si tienes miedo… dime por qué. Es que...

El silencio entre ellos se volvió insoportable. Mariana apenas podía sostener la mirada de Nasser. Su pregunta la tomó por sorpresa, pero más que eso, la hirió.

—¿Es que has estado con otro hombre? —repitió él, su voz ahora más grave, cargada de algo que no alcanzaba a definir.

Mariana sintió un escalofrío recorrer su espalda. Apretó la copa entre sus dedos y la dejó sobre la mesa sin probarla.

—¿De verdad piensas eso de mí? —su voz tembló, pero no por miedo, sino por indignación.

Nasser no respondió de inmediato. Se puso de pie, alejándose unos pasos como si tratara de encontrar claridad en su propia mente. Sus manos se cerraron en puños y luego se relajaron.

—No es lo que pienso —dijo finalmente, girando para enfrentarla de nuevo—. Es lo que necesito saber.

—¿Por qué? —Mariana se levantó también, enfrentándolo con el orgullo propio de su sangre noble—. ¿Acaso cambiaría algo?

Nasser entrecerró los ojos, evaluando sus palabras.

—Sí —admitió sin rodeos—. Cambiaría todo.

El corazón de Mariana se detuvo por un segundo.

—No he estado con nadie más, Nasser —dijo con firmeza—. Mi honor es tan intachable como el tuyo.

Él la observó en busca de la verdad en sus ojos, y lo que vio allí pareció calmarlo, aunque no del todo.

— ¿Por qué haces esta pregunta en nuestra noche de bodas? ¿Qué es lo que debo saber?

Nasser pasó una mano por su rostro, como si la batalla interna en su mente estuviera consumiéndolo. Luego, con un tono más bajo, más sombrío, finalmente dijo:

—¿Cómo esperas que no tenga dudas?.

— Es por lo que paso con mi hermana —su voz tembló, pero no de miedo, sino de rabia contenida—. Mírame, Nasser.

Nasser apretó la mandíbula, pero no dijo nada.

— Supongo es comprensible. ¿ Como puedo olvidarme de tus hermanas? —continuó Nasser, con una amarga sonrisa—. La falta de moral que tienen es increíble, pero claro, eso no parece importar. ¿Acaso su comportamiento no mancha el honor de tu familia?.

Los ojos de Mariana se nublaron. Nasser había tocado un punto sensible. El comportamiento de Rosse era reprochable y por comentarios que corrieron en el palacio era de público conocimiento que Constanza no era virgen cuando se caso.

—No compares —dijo con voz baja, pero firme—. Ellas son…

—¿Ellas son qué? —la interrumpió Nasser, cruzándose de brazos—. ¿Intocables? ¿Libres de hacer lo que quieran mientras los demas debo demostrar que somos dignos?

Nasser dio un paso hacia ella, su mirada ardiendo con emociones encontradas.

—Este no es el momento para hablar de mis hermanas exclamó Mariana.

—No, claro que no , Nasser soltó una risa sin alegría—. Porque hablar de la hipocresía de tu familia no conviene.

Mariana inspiró hondo, intentando contenerse.

—No te casaste con mis hermanas. Te casaste conmigo —dijo finalmente.—Empieza a tratarme como tu esposa, no como una sospechosa —Mariana lo enfrentó con una mirada firme—.

Nasser dio un paso más, acortando la distancia entre ellos. Sus manos, firmes pero cuidadosas, se posaron en los hombros de Mariana, deslizando lentamente los broches que sujetaban su vestido. – Esto es lo que se dice de mi esposa exclamó Nasser entregándole el papel arrugado. Mi familia lo leyó, por eso mi madre estaba disgustada.

Mariana sintió su respiración volverse errática. No sabía si era por la cercanía de su esposo o por la mezcla de emociones que la sacudían: rabia, incertidumbre… y algo más profundo, más peligroso.

—¿Qué estás haciendo? —su voz sonó más suave de lo que pretendía.

—Lo que debo hacer —susurró Nasser, sin apartar la mirada de la suya.

El vestido comenzó a deslizarse por su cuerpo, la fina tela de seda resbalando con un murmullo apenas perceptible. Mariana sintió la piel erizarse, pero no apartó la mirada de su esposo. Si quería verla vulnerable, si quería demostrar su autoridad sobre ella.

— No puedo exclamó Mariana.

Nasser se detuvo un segundo. Sus dedos aún descansaban en la tela de su vestido, pero su expresión cambió. La dureza en su rostro pareció suavizarse por un instante, como si las palabras de Mariana lo hubieran tocado de una manera inesperada.

Nasser exhaló despacio, sus manos aún sobre ella. Luego, inclinó el rostro hasta que su aliento rozó la piel de su cuello.

— No puedo repitió Mariana...

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Comments

mariela

mariela

Karem fue el que dejó la nota porque está enamorado de Mariana y por eso saboteó todo y la guinda del pastel la puso su hermana Rosse poniendo en entre dicho la honorabilidad de su familia y más de Mariana por eso la familia Al-Saadi está disgustada y creo que por eso la devuelven.

2025-02-24

16

PATUBELA

PATUBELA

Karem qué hiciste? qué dice la nota? estás loco en serio, si la amas ¿por qué arruinarle la vida y hacerla pasar por una vergüenza innecesaria qué además no se merece.No se vale!!

2025-02-24

13

PATUBELA

PATUBELA

pero parece que la nobleza y dulzura de nuestra chica no es suficiente para cubrir las embarradas monumentales de sus hermanos, ella termina siendo la gran damnificada

2025-02-24

11

Total
Capítulos
1 La Princesa y El Rey de Wall Street
2 Enseñanzas del desierto
3 La niña de sus ojos
4 La doctora Hazbun
5 ¿Destino ?
6 No lo quiso el destino
7 <<El corazón no entiende de sensatez >>
8 Ángel
9 La paciencia reúne las piedras dispersas
10 ¿ Nace un amor?
11 Dudas
12 Boda
13 Furia
14 La furia de un Hazbun.
15 Deshonra
16 Tormenta en el palacio.
17 Lecho de Muerte.
18 Nadie me amara como tu
19 Castigo
20 La Princesa Rechazada
21 Ultimátum
22 La furia de Khalil
23 El ultimátum para Ásher
24 La indicada.
25 Negócios
26 Las dudas de un padre
27 Juego sucio
28 Control
29 La disciplina del desierto
30 Trampa al tramposo
31 El fiel Karem.
32 Engaño
33 Inevitable
34 Contra las cuerdas
35 Venenosos.
36 Musulmana
37 Reclamo
38 Seducción
39 El amor menos pensado.
40 Dos días
41 Mujeres
42 Matrimonio Real
43 Bandidos
44 Noche de bodas de terror
45 La amante
46 Tiempo
47 Amor
48 Educando al mujeriego
49 Familia Real
50 Miedo
51 Un Beaumont jugando
52 Trampa
53 Disciplina
54 Hechizo.
55 Las estrategias de un esposo
56 Respeto
57 Obsesión
58 Celos
59 Atrapado
60 Fugitiva
61 Las dudas de Ásher
62 Complejo.
63 Revelaciones
64 Fechorías
65 Madre
66 Verdades a medias.
67 El deber de una madre
68 ¿ El final de una dinastía ?
69 Instinto de madre
70 Decisiones
71 Esposa
72 Deseo
73 Dulce sueños
74 Que necesitas
75 Fallas
76 Asher descubre la verdad
77 Revelaciones II
78 Esperanza
79 Había una vez...
80 Los sueños de Asher
81 Agonía
82 Familia
83 La Otra
84 Inocencia
85 Ella
86 La Reina de Asher
87 Posesivo
88 Planes
89 Tentaciones
90 Obsesión real.
91 Acusaciones
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La Princesa y El Rey de Wall Street
2
Enseñanzas del desierto
3
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¿Destino ?
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La paciencia reúne las piedras dispersas
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Engaño
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Contra las cuerdas
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