CAPÍTULO 4

Una vez el carruaje se detuvo en uno de los palacios veraniegos del rey Guillermo, dos hombres descendieron de este. A medida que avanzaban, se podían notar en sus ropajes que pertenecían a otra cultura.

No obstante, uno de ellos era el que resultaba del otro. Mientras que el más alto y musculoso poseía una túnica, el más gordito y de piel blanca tenía una ropa que cubría su cuerpo completo.

Las doncellas y sirvientas, que estaban detrás de la reina Irene esperando la llegada oficial del sultán, se emocionaron al ver al hombre más musculoso de los dos.

Siendo que aquella visita diplomática, firmada después del cese a fuego entre ambos reinos, era para que el sultán consiguiera una esposa y así tener una alianza, hasta la más plebeya de todas tenía la ilusión de ser la elegida.

—¡Sus majestades!—dijeron ambos extranjeros al unísono—¡Muchas gracias por recibirnos en sus tierras!

—¡Es un gusto saludarle, sultán Murad!—respondió el esposo de Irene—estamos encantados con su presencia.

Apenas el hombre gordito y el rey Guillermo estrecharon sus manos, todas las mujeres quedaron desilusionadas enseguida. Jamás pensaron que un gobernante, que debía ser un hombre apuesto y con cuerpo musculoso como lo era el rey Guillermo, fuera tan horrible como aquel hombre.

Irene suspiró para sus adentros, había notado el desaire que sus criadas habían hecho al sultán. No solo como reina sabía que el gobernante de otro reino era merecedor de respeto, sino que siendo hija de un hombre con un físico igual al del sultán, le molestaba cuando la gente juzgaba de manera tan superficial.

Jurando castigarlas una vez estuvieran a solas, sonrió mientras seguía a su esposo y a los dos extranjeros al palacio donde se quedarían aquella noche, en lo que al día siguiente ellos mismos custodiaran la llegada del sultán a la capital real.

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Luego de varias horas en que el equipo médico de la mansión ducal revisaran a las cuatro hijas mayores, estos solo reportaron anomalías físicas en Anastasia como Beatrice. La abuela Baba, quien era la que más tenía confianza con la familia, aceptó ser ella quien le comunicara todo a los duques y a Scott.

—¿A qué se refieren con "anomalías físicas"?—cuestionó dudosa Serena.

—Lastimosamente, Anastasia ya no es virgen—fue directa la anciana—y, aparte de las marcas en sus cuellos, ambas solo tienen agotamiento, como si hubieran estado bailando toda la noche y no hubieran dormido nada.

Todos en el despacho de la duquesa quedaron fríos, incluyendo Scott, quien sentía una opresión en su corazón al escuchar como Anastasia había perdido su virginidad.

No obstante, ya todos habían confirmado lo que más temían: aunque no tuvieran pruebas que lo demostraran, la maldición que una vez había puesto Selena, la desgraciada prima de la madre de las doce princesas, antes de morir, se estaba cumpliendo.

A la noche del siguiente día, a los minutos de que Anastasia fuera llevada al mundo de los demonios, fue el turno de Beatrice de ser raptada nuevamente.

La segunda princesa, quien sabía que era esperada por su pareja destinada, se fue embelesada ante tal poderosa maldición. Siguiendo a una segunda mariposa, volvió a ingresar al portal abierto dentro del closet.

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Varias horas después, cuando al fin llegó el amanecer y una fría mañana se alzaba sin piedad, Scott, quien se había escondido en la habitación tanto de Beatrice como Anastasia, observó sorprendido como las puertas del closet se abrían y las dos hermanas mayores salían. Claramente, se podía notar que estaban sonámbulas, aun al acostarse en sus respectivas camas.

Cuando Scott emergió de detrás de las cortinas, ojeroso observó un rastro de pisadas con sangre provenientes del closet. Al abrirlo, se dio cuenta de que no había nada, solo era un armario vacío, puesto que las pertenencias de ambas seguían en su habitación anterior.

Suspirando con cansancio, se dio cuenta de que las pisadas eran tanto de Anastasia como Beatrice, las cuales tenían los pies mucho más heridos y maltratados que el día anterior. Frunciendo el ceño, como si estuvieran bailando con zapatillas de cristal.

observó que en los pies de ambas había pequeños cristales incrustados. De ese modo, se acercó a la puerta para poder hablar con su ahora aprendiz.

—¡Jeremy Jr.!—llamó tocando a la puerta—quita el seguro.

El joven mayordomo, en compañía de un compañero, se acercaron con rapidez y abrieron la puerta, para encontrarse cara a cara con el hombre. Este le ordenó al compañero de Jeremy traer su maletín con su equipo médico y a Jeremy el verificar el estado de las otras dos princesas.

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Caminado unos cinco minutos hasta llegar a la habitación de las otras princesas, notó una escena aterradora en el pasillo: todos los trabajadores que estaban haciendo guardia, incluyendo algunas doncellas, estaban muertos en el piso con sus cuellos limpiamente cortados desde ambos extremos.

Temiendo que algo malo hubiera podido pasar con ella, abrió corriendo la puerta para cerrarla de inmediato, ocasionando que la cuarta princesa, quien miraba asustada la ventana, saltara del susto.

—¿Princesa Diana?—preguntó pálido.

—Je...Jere...my—respondió temblando del miedo—Cosett...no está.

El joven mayordomo corrió hasta la ventana, observando como una escalera hecha de sábanas bajaba hasta el jardín, Observando también que la cama de la tercera princesa estaba vacía, le pidió a Diana no salir de la habitación hasta que él le diera señal.

Caminando con dolor al ver a varios de sus compañeros muertos, avisó de lo ocurrido tocando una de las alarmas, para luego volver al lado de la cuarta princesa. Fue cuestión de segundos para que todos, incluyendo los duques, se levantaran y se enfrentarán a aquella escena digna de una historia de terror.

Luego de colocar a salvo a la cuarta princesa, un equipo de búsqueda comenzó a investigar la desaparición de Cosett, liderados por el duque. En la casa, la duquesa, luego de enterarse de lo ocurrido, no pudo aguantar la crisis de pánico y cayó desmayada.

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El resto del día fue mal en peor, ni Beatrice, ni su hermana mayor Anastasia, Entre el bullicio de los empleados asesinados, la desaparición de su tercera hermana y el escándalo mientras sacaban el closet de la habitación de ellas, el ruido era insoportable.

—¿Será que Cosett al fin estará con su destinado?—le preguntó Beatrice.

—Espero que sí—respondió Anastasia—somos tan felices con los nuestros, estoy segura de que ella también lo estará.

Ambas princesas, con sus ojos oscuros, desprovistos de brillo, miraban al techo desde sus respectivas camas. No sentían dolor, no sentían tristeza ni miedo alguno. La dicha era muy grande y no creían que aquellos hombres le hicieran daño.

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Comments

Rebecca H

Rebecca H

que pesadilla

2024-09-24

0

mi vida y razón ser

mi vida y razón ser

claro están hechizadas cada más intrigada de como le ayudará el duque

2024-09-15

0

Dulce Cira

Dulce Cira

Gracias gracias Mí Querida Autora 🫣 por traer de nuevo está historia me complace mucho volver a leer estos capítulos ya así vuelvo a estar al corriente de lo sucedido y volver a tomar el ritmo 😊... Aquí voy por más de tus líneas ❤️🌹/Smile/

2024-08-11

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