Escucho que tocan la puerta de la habitación. Me siento en la cama y veo que Héctor entra. Sus ojos se enfocan en mis ojos, lleva una sonrisa en el rostro y camina con en pecho desnudo hasta detenerse a un lado de mi cama. Se sienta.
—¡Buenos días! —Me animo a saludarlo
—¡Buenos días! ¿Cómo te sientes?
—Ya estoy mejor. El paracetamol me ayudo bastante.
Pero parece no creer en mis palabras. Se acerca a mí, sube su mano a mi frente y comprueba mi temperatura corporal.
—¡Ya estás bien! Eso me alegra.
Sonrio, su calor me inunda y me sorprende mucho su gesto. Desde anoche en la cena, se mostró muy a gusto conmigo y parecía que su amabilidad podría tener otras intenciones.
—¿Tú descansaste bien?
—Sí. Aunque vine un par de veces en la madrugada para comprobar como estabas.
—¿Me estabas cuidando?
—¡Por supuesto! Te dije que soy tu ángel de la guarda.
Su mano se aleja de mi rostro. Sus palabras me causan mucha gracia.
—¡Qué bobo! Muchas gracias por estar al pendiente de mi salud.
Asiente.
—Mi abuela acaba de invitar a tu familia a comer. Están preparando el botín de carne que conseguiste ayer.
—Bueno, eso significa que puedo seguir acostado.
—Son las once la mañana, claro que puedes seguir acostado hasta el medio día.
Dejo escapar un suspiro. Mi celular vibra con un mensaje. Es Lea, mi hermana mayor.
¿Cómo estás? ¡Te extraño! Te mando una postal desde Cancún, el mar es precioso. Espero que algún día puedas pisar este suelo que estoy pisando.
Lea ha compartido una imagen.
—Parece que mi hermana se la está pasando superbién en su luna de miel —digo con sinceridad—. ¡Que envidia!
—¿Tienes envidia de su luna de miel?
—No, no me refería a eso.
—Porque para tener una luna de miel, primero debes casarte. Si estas consiente de ello, ¿no?
—Sí, si soy consiente de eso.
—¿Ya te quieres casar?
—¡No! ¡Para nada! Aún no estoy en edad —le hago saber—. Dije que me da envidia mi hermana porque está en Cancún y el mar se ve muy padre.
Se me queda mirando con curiosidad.
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste al mar?
—Hace como cinco años. ¡Ya tiene un buen! ¿Y tú?
—Hace tres meses. A lo mejor y algún día podamos ir al mar.
—Si estaría chido.
Y en un movimiento rápido, su mano vuelve a subir a mi rostro, a mi mejilla derecha. Su pulgar acaricia mi piel y cuando llega a la comisura de mi boca, siento nervios en lo profundo de mi alma. ¿Por qué? ¿Qué pretende Héctor?
—Desde que te vi, no sé, pero me gustan tus labios. Los tienes bien bonitos —dice él.
Trago saliva inconscientemente y mi corazón se acelera de una forma muy extraña.
—Es que me gusta comer mucha miel, yo creo que por eso están brillantes.
—¿Te gusta lo dulce?
—Sí, me encanta la miel. Papá tiene algunas colmenas y es fácil para nosotros poder obtener dulzura sin mucho esfuerzo.
Sus ojos se enfocaron en mí, en mis pupilas y en acariciar mi labio inferior.
—¿Y cómo puedo obtener esa dulzura?
—Si quieres puedo darte un frasco de miel, así tú...
—Shssst. No me refería a la dulzura de la miel.
—¿Y entonces?
—Me refería a la dulzura de tus labios.
—¿Mis labios?
—Se me antojaron tus labios.
Mi corazón se aceleró muchísimo y sentía que la temperatura de mi cuerpo aumentaba rápidamente. ¿Qué estaba pasando entre nosotros? ¿Por qué Héctor estaba siendo demasiado atrevido conmigo?
—¡Qué bromista eres! Te regalaré miel para que no tengas que probar mis labios.
—¿No te gustaría que yo pudiera probar tus labios? —Sus cejas se mueven coquetamente y empiezo a entender lo que él está tratando de pedirme.
—Pues la verdad es que aún no estoy listo para que alguien pueda probar mis labios. Aún no he dado mi primer beso y no me parece justo que alguien como tú quiera algo así de mí.
Se sorprende con mis palabras.
—¿Alguien como yo?
—Sí, apenas nos conocimos.
—¿Y eso que tiene?
—Bueno, que aquí no estás en la ciudad. Aquí no nos besuqueamos con todo el mundo solo porque se tiene un antojo. Mis padres nos han dicho que eso de los besos y el romance no debe verse como un juego de simple antojo. Así que por eso, no puedo dejarte hacer algo como lo que dices. ¡Qué atrevido! La neta.
Ahora eran sus labios los que se curvaban en una sonrisa amplia. Su mano dejó de acariciar mis labios.
—Bueno, te doy gracias por decirme esto, pero quiero que sepas que no solo se trata de un simple antojo.
—¿A no?
—No. Mira, dame tu mano.
Su mano toma mi mano y la lleva hasta su pecho. ¡Allí retumba! Su corazón parece brincar muchísimo y siento su piel muy suave. Es una textura de vellos y calor humano, piel dura.
—Tu corazón está muy acelerado.
—Tú me aceleras el corazón.
—¡¿Yo?!
—Sí. Tú causas ese efecto en mí y si te soy sincero, no entiendo por qué, pero desde la primera vez que te vi, sentí algo por ti.
Escuchar sus palabras y ver la ternura en su mirada, de pronto todo esto me parecía demasiado increíble como para que fuera real. Aparto mi mano de su pecho.
—Tú estás diciendo que yo...
—¡Me gustas!
Me quedo pasmado, como si el tiempo se hubiese congelado y yo no supiera que hacer ante sus palabras.
—Eso está canijo.
—¿Canijo?
—Sí, lo que dices está canijo.
—Pero ¿por qué está canijo? No tiene nada de malo que yo guste de ti. ¡Me pareces un muchacho tierno!
—Sí, pero ya estás viejo.
—¿Viejo?
—Sí. Ya has vivido más cosas que yo y creo que por eso es que no tienes miedo de ser tan atrevido conmigo.
Se sonríe de mis palabras, parece divertido con mi explicación.
—No hay razón para que tenga miedo de ser atrevido contigo. ¡Me gustas! Y no te miento, ya tocaste mi pecho y te diste cuenta de que aceleras mi pulso.
—Yo...
—Es momento de que vaya a alistarme —dice y comienza a alejarse, se pone de pie—. Tú también deberías alistarte. ¿Sabes montar a caballo?
—Bueno, no.
—¡Perfecto! Después de la comida, montaremos a caballo. ¿Te parece bien?
—Sí, está bien.
Sonríe con mucha emoción. Comienza a caminar para salir de la habitación. Me bajo de la cama, me dispongo a tender las cobijas y entonces, con un movimiento superatrevido, me gira y me hace caer sobre el colchón. Se sube en mí y acerca su rostro a mi rostro. Su respiración se funde con la mía. ¿Qué hará conmigo?
—Tendré que aguantarme estas ganas de probar tus labios. ¡Me gustas mucho! —Sus palabras derriten a mi corazón y mis nervios se coronan en mi alma.
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Comments
Bella Maldonado Beltran
espero que hector no lo utilice y lo haga sufrir es muy inocente y no tiene maldad en su corazón.
2024-05-18
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