Los días pasan, Kat ha estado ocupada organizando la cena en donde conocerá al mejor amigo de su esposo y esta tarde tienen la cita con la ginecóloga.
En la sala de espera del consultorio hay varias mujeres embarazadas esperando su turno. Katehrine observa con ternura sus vientres abultados y sin notarlo pone la mano sobre el suyo.
Emiliano se da cuenta de que su esposa mira con ternura y con anhelo a las mujeres que están a su alrededor. Por unos instantes recuerda a Julia y al bebé que esperaban y nunca llegó al mundo. Se obliga a dejar esos tristes recuerdos en el pasado. Con Kat ha comenzado una nueva historia y está vez será diferente, en algunos años buscarán a su primer bebé y la vida será maravillosa para ambos.
- Te prometo que también tendremos nuestros propios bebés- susurra en su oído mientras posa su mano sobre la de Kat que descansa en su vientre.
- Me estaba imaginando como se siente tener una vida creciendo dentro de ti.
- Debe de ser maravilloso.
- ¿Has pensado cuántos hijos quieres?
- Me parece que dos está bien, ¿y tú?
- También quiero dos, un niño y una niña.
- ¿En ese orden?
- Sí, me gustaría que el primero fuese niño. Así cuando crezca cuidara a su pequeña hermanita.
- Tienes razón.
Una asistente anuncia a la próxima paciente.
- Señora Ferré, puede pasar.
Ambos ingresan al consultorio.
- Buenas tardes, señores Ferré. Tomen asiento por favor.
- Buenas tardes, doctora- responden ambos.
- Díganmenme, ¿en qué puedo ayudarlos?
- Somos recién casados y venimos a que nos recomiende un método anticonceptivo.
- Muy bien, le haré algunas preguntas señora para abrir su expediente y después analizaremos las opciones.
Después de responder las preguntas básicas, la doctora les explica los pros y contras de los diferentes métodos anticonceptivos y les da la opción de escoger el que mejor se adapte a sis necesidades.
- Creo que elijo la píldora. ¿Estás de acuerdo, amor?
- Lo que tú decidas, para mí está bien.
- Será la píldora, doctora.
- Muy bien, te daré la prescripción y las indicaciones para comenzar a tomarla. Cualquier cosa, no duden en llamarme.
- Gracias, doctora.
Salimos del consultorio directo a la farmacia y de ahí a casa. Emiliano va muy pensativo, llegamos y sigue en silencio.
- ¿Estás molesto, amor? ¿Algo que hice te disgustó?
- No, princesa. No eres tú.
- ¿Qué es entonces?
- Pensar en tener hijos, me hizo recordar a mi madre. Bueno, ni siquiera creo que merezca ese título.
- Debió de ser muy difícil crecer sin ella.
- Lo fue, nunca he logrado entender que lleva a una mujer a abandonar a sus hijos. Mi padre la amaba y nunca superó su abandono.
- Lo siento mucho, mi amor- lo abrazo en un intento de reconfortarlo- yo jamás voy a dejarte.
- Lo sé, princesa. Estoy bien, no te preocupes.
- Quiero que podamos hablar de lo que nos preocupa o agobia. Somos una pareja y debemos aprender a comunicarnos.
- Estoy acostumbrado a lidiar con todo solo y a esconder mis sentimientos para no mostrarme débil ante nadie.
- No eres débil y conmigo puedes mostrar abiertamente tus sentimientos, no voy a juzgarte.
- Prometo que intentaré ser más abierto contigo, será un proceso que llevará tiempo.
- Lo entiendo y seré paciente. Vamos a comer algo.
Preparo dos emparedados y sirvo dos vasos con jugo de naranja.
- Sé que prometí aprender a cocinar y lo voy a hacer.
- No me importa si no sabes cocinar, solo quiero tenerte a mi lado para siempre.
- Así será, mi amor.
Me levanto para sentarme en su regazo y nos besamos lentamente. Esta noche hacemos el amor y se siente una entrega total de ambos, no hay una pasión desenfrenada, más bien es amor en toda la extensión de la palabra.
Por la mañana después de salir de la ducha me percato que mi periodo ha llegado. Es el momento de comenzar con los anticonceptivos.
La semana se termina y hoy sábado viene Felipe a cenar con nosotros, hemos comprado el vino tinto favorito de Emiliano y voy a preparar algunas tapas como aperitivo, el plato fuerte consiste en un buen corte de carne acompañado de puré de papa y algunos espárragos.
Estoy en la cocina siguiendo un tutorial y solo espero que no se me queme nada.
- Wow, aquí huele delicioso- expresa Emiliano al entrar en la cocina.
- Espero que sepa tan bien como huele- respondo.
- Tú hueles delicioso y sabes muy bien- susurra en mi oído, sus palabras y sentir su aliento en mi cuello me hace estremecer.
- ¡Emiiano! No digas esas cosas.
- Porque no, es la verdad. Me encanta tu aroma y tu sabor- restriega su nariz por mi cuello y sus manos tocan mis senos por encima del delantal.
- Detente- le pido apenas en un susurro.
- Yo se que no quieres que me detenga.
- Quiero que te detengas- Intento que mis palabras suenen convincentes.
- ¿Segura?- cuestiona mientras sigue tocándome y yo contengo un gemido que amenaza con salir.
- No tarda en llegar Felipe y la cena aún no está lista. Además, tengo mi período- le digo en voz muy baja.
- Eso no es un impedimento y más tarde te lo voy a demostrar.
- Emiliano, por favor. Detente, ya. Me estás quitando toda la concentración.
- Está bien, te dejo seguir. ¿Hay algo en lo que pueda ayudar?
- Sí, por favor encárgate de poner la mesa.
- Lo que tú digas, princesa.
Por fin se va y puedo volver a lo que estaba haciendo. Este hombre tiene el poder de alterar mis sentidos en cuestión de segundos y con un simple toque.
Meto la carne al horno y mientras se termina de cocinar yo puedo darme una ducha y arreglarme. Emiliano está en su despacho y prefiero dejarlo tranquilo y que no quiera ducharse conmigo o algo más.
Elijo un pantalón y una blusa linda, zapatillas altas y mi pelo recogido en una coleta alta.
Emiliano entra en la habitación cuando estoy aplicando unas gotas de perfume.
- Luces hermosa, me voy a poner celoso.
- Sabes que solo tengo ojos para ti.
- Solo bromeo, me daré una ducha y bajaré ayudarte con lo que falta.
- Ok, amor. Voy a sacar la carne del horno. Te espero abajo.
La comida luce estupenda, espero que también sea deliciosa. Para ser la primera vez que cocino algo tan elaborado creo que lo he hecho muy bien.
Emiliano ya dejo la mesa puesta y solo falta esperar a que llegue Felipe. Estoy nerviosa, él conoció a Julia y quizá yo le parezca muy joven e inmadura para Emiliano.
Mi esposo baja y se ve guapísimo, usa un pantalón de vestir negro y una camisa azul, mocasines color negro y si cabello perfectamente peinado.
- Amor, que guapo- dejo un beso en sus labios.
- Debo de estar a la par de mi bella esposa.
Llaman a la puerta y vamos juntos a recibir a su amigo.
- Felipe, adelante amigo- se dan un abrazo fraternal- Te presento a mi esposa, Katherine.
- Mucho gusto, Katherine. He oído mucho de ti y debo agradecerte por devolver a mi amigo a la vida.
- El gusto es mío, Felipe. Que te puedo decir, amo a Emiliano con todo mi corazón.
- Se nota que están muy enamorados y estoy feliz por ustedes.
- Pasemos a comedor. Debo decirte que eres afortunado, mi esposa ha preparado la cena y ni a mí me ha preparado nada en el tiempo que levamos casados.
- No comiences a avergonzarme Emiliano.
- Princesa, solo digo la verdad.
- Pues yo feliz de ser el primero en probar tu comida.
Emiliano me ayuda a servir los aperitivos y Felipe abre y sirve el vino. Cuentan anécdotas de su etapa de universitarios y me doy cuenta de que eran bastante ocurrentes y divertidos.
- Ahora solo faltas tú en encontrar a la mujer de tu vida, amigo.
- No, sabes que soy feliz soltero. No estoy hecho para el matrimonio.
- Tal vez el amor te sorprenda, mírame a mí. Estaba negado a volver a amar y ahora tengo al amor de mi vida iunto a mí.
- Ay, amor. ¡Qué dulce!
- Sin duda estás perdidamente enamorado.
- Lo estoy y puedes culparme. Tengo a la mujer más hermosa del mundo.
- ¡Emiliano!
- Es la verdad y además me encanta ver como te sonrojas.
- Creo que yo me retiro, ustedes están en plena luna de miel y no quiero ser mal tercio. La cena estuvo deliciosa.
- Gracias por haber venido, Felipe. Fue un placer conocerte.
- El placer es mío, Kat. Ver a mi amigo feliz nuevamente gracias a ti es lo mejor.
Emiliano lo acompaña hasta la puerta y yo comienzo a recoger la mesa.
- Deja eso, amor. Nos encargamos por la mañana.
- No, prefiero dejar la cocina limpia.
- Ok, te ayudo.
Entre los dos terminamos de limpiar.
- ¿Contenta?
- Sí.
- Muy bien, ahora vamos a la cama. Tenemos una clase pendiente.
- ¿Qué clase?
- En un momento te lo recuerdo.
Sin previo aviso me levanta y coloca sobre su hombro para llevarme arriba.
- Emiliano, bájame. No soy un costal de papas.
- Deja de protestar- me da una palmada en el trasero y se sirnte mejor de lo que imaginé.
Me baja al llegar a la habitación y me besa con desesperación, quita prenda a prenda de mi cuerpo y yo hago lo mismo. Me enseña que con besos y caricias también puedo alcanzar el cielo.
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Comments
Marshaan Sanchez
leyendo no se por pensé que la madre de este nuevo personaje está relacionado emiliano y su madre hay gato en cerrado
2024-04-05
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