SENTIR ANGUSTIA

Cuando abro los ojos, nada es nítido. Decidí sentarme, escucho varias voces y entonces, comienza a aclararse todo. ¡No puedo evitar bostezar! Me siento cansada.

—¿Dónde estoy? —Es lo primero que quiero saber.

—Estamos en la casa. ¿Como te sientes? —Reconozco la voz de Nicolás.

—Bien. ¿Qué hora es?

—Son las cinco de la tarde —dice una voz desconocida.

Dirijo mi atención a él y veo que es un hombre mayor. ¿Quién era? ¿Por qué tenía ese semblante?

—¿Y qué pasó conmigo? ¿Por qué estaba acostada en el sillón?

—Es que te desmayaste.

—¿Me desmaye?

—¡Lo siento señorita! Una imprudencia de mi nieto, pateo su pelota y le pego a usted en la cabeza.

¿Un balón me azoto la cabeza? ¿Un niño me había ocasionado este desmayo? ¡Qué cosas!

—¿Y dónde está su nieto?

—Sus padres ya se lo llevaron.

—¿Y usted?

—Solo quería asegurarme de que estuviera bien. Yo me haré cargo de los estudios médicos que necesite.

—¿Estudios médicos?

—Sí. Un médico te reviso y cómo te volviste a dormir, nos dijo que no era algo grave, pero nos sugirió que debíamos hacerte algunos estudios. —refirió Nicolás.

—¡Ah! Pues yo me siento bastante bien.

Me puse de pie, quise demostrar que no había problema conmigo.

—Qué bueno que así es. Señorita, permítame darle mi tarjeta. Si se siente mal, con gusto estoy dispuesto a pagar los gastos médicos que surjan —de un tarjetero metálico, saco una tarjeta negra y me la ofreció.

—¡Que amable! —Acepte la tarjeta.

Asintió e hicimos contacto visual. ¿Por qué parecía que este hombre me examinaba a detalle? ¿Yo tenía algo en la cara?

—¡Con toda confianza! No dude en llamarme —volvió a reafirmar el hombre.

Raymundo de la Vega Hernández, ese era su nombre, lo leí en la tarjeta.

—¡Muchas gracias! Yo estaré al pendiente de ella. ¡No se preocupe! —Le hizo saber Nicolás.

Entonces, Iker lo acompañó a la salida y de pronto, sentí algo raro en el corazón. La textura de la tarjeta me hizo pensar en la preocupación que ese hombre sentía por mí. ¿Por qué me miraba como si tratara de descifrar algo? ¿Cómo si verme fuera algo increíble?

—¿Te encuentras bien? —Preguntó Nicolás.

—Sí.

—Me asustaste mucho cuando no reaccionabas.

—¿Un médico me revisó?

—Así es. Pero dijo que hasta cierto punto era normal que quisieras descansar. Dijo que también se te notaba un poco de cansancio. Te dieron un paracetamol para el posible dolor.

—¿Me dieron una pastilla?

—Sí. Pero no te preocupes si no lo recuerdas. Es normal que tu mente no lo tenga presente.

—Bueno.

—¿Quieres cenar algo? Le pedí a Iker que comprara tacos.

...🌺🌺🌺...

Al día siguiente era la operación de sus ojos. ¡Nicolás no podría ver! Todo se volvería oscuro para él.

Por eso me pidió que llenara su tina, deseaba tomar un baño.

—¿No quieres acompañarme? —Preguntó con tono seductor.

¡Ahora sí! Yo ya era capaz de diferenciar los tonos de su voz. ¡Narcotraficante enamorado! Y su cuidadora también. ¡Ay que cursi soné!

—No. Esta vez no.

Sonreí.

—¿Amaneciste bien?

—Sí. Muy bien.

—¿Te duele la cabeza?

—No.

—¿Qué quieres desayunar?

—Siempre estás pendiente de lo que quiero. Eres muy atento a mí, pero esta vez tú debes elegir.

—¿Estas tratando de ser fría conmigo?

—No.

—¿Recordaste algo de lo que pasó ayer?

—No mucho.

—¿Encontraste el ramo de flores en tu habitación?

—Sí. ¡Muchas gracias! Los claveles siempre me han fascinado.

—Lo sé. ¡Tu abuelita me lo dijo!

Me sorprendió escucharlo decir algo así. ¿Conocía a mi querida viejita?

—¿Cuándo…? —Y entonces mi celular comenzó a timbrar por una llamada de Iker—. Es Iker, contestaré su llamada. A ver que necesita.

Asintió.

—Hola Iker —salude al teléfono.

—Janet. ¿Cómo estás?

—Bien. ¿Y tú?

—Todo en orden —se quedó callado—. Alguien vino a buscarte.

—¿Alguien me busca?

—Es tu hermano. Bueno, eso es lo que él dice y no entiendo cómo es que logro convencer a los de seguridad para que lo dejaran ingresar al fraccionamiento.

¡Mi hermano! ¿De verdad estaba aquí? Él siempre fue muy escurridizo.

—¿Gilberto?

—Así dice que se llama.

—Pues si es mi hermano.

—Necesita hablar contigo. Parece que es urgente. ¿Puedes bajar?

—Estoy con Nicolás, él está tomando un baño.

—Bueno. Pídele que te de permiso bajar.

Terminamos la llamada. Nicolás me miraba con mucha atención, sus pupilas parecían derretirse por mí y yo no entendía porque mi hermano estaba aquí. ¿Algo urgente que atender? Tenía muchos sentimientos encontrados en mi corazón.

—Necesito bajar. Te dejaré solo.

—¿Y por qué?

—Mi hermano ha venido a verme. ¡Pasó algo!

Y cuando bajé a la sala principal, pude verlo con un semblante contento. ¡Se emocionó de verme!

—¡Janet!

—¡Gil!

Nos abrazamos. Con mucha fuerza y cariño. Nos abrazamos porque teníamos varios meses sin vernos.

—¿Cómo estás? Te ves muy diferente —confesó él.

Me alegre mucho de tenerlo en frente.

—Tú te pusiste más robusto y alto. ¡También cambiaste un poco!

—El trabajo me ha cambiado.

—Nos cambió a los dos —dije—. ¿Qué te trae por aquí? No imaginé nunca que podrías venir a buscarme.

Bajo la mirada por algunos segundos y después de suspirar, lo dijo.

—Mi abuelita me mando a buscarte. ¡Se puso mal!

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