Ernesto nos dejó justo en una de las entradas principales del hospital. La gente entraba y salía. Caminaba y se iba. ¡Interesante! Nunca había ido a un hospital. Esta sería la primera vez.
—Bien, creo que es momento de entrar —me sentía un poco nerviosa.
El hospital era un edificio alto y nunca antes había estado de pie frente a un lugar como este.
—Tú guíame. Sigo dependiendo de ti.
Tome su mano y entrelace nuestros dedos. Comenzamos a caminar hasta atravesar las puertas de cristal. En la recepción principal había mucha gente y hasta una cafetería de Starbucks.
—¿Sabes dónde quedan las escaleras? —Pregunté al no saber cómo subir al décimo piso.
—¿Escaleras? —Nicolás se sacó de onda.
—Sí. ¿Cómo vamos a subir al piso diez? No logro ver las escaleras.
El sonido de su risa me hizo sentir como una boba.
—No necesitamos usar las escaleras. Iremos por el elevador.
¿Elevador?
—¿Y qué es eso?
—Nuestro método para subir al piso diez.
—Nunca me he subido a uno de esos.
Dirigí mi atención a ver su rostro, sus gafas negras le daban más porte y elegancia. ¡Pero su sonrisa era la cereza de este pastel!
—Bueno, siempre hay una primera vez para todo. ¡Hoy te subirás a un elevador!
—Supongo —sonreí.
Estar tomados de la mano era una sensación a la que ya me había acostumbrado bastante.
—Llévanos a donde veas que hay gente esperando tras unas puertas metálicas.
En ese momento, mi mente estaba enfocada en un antojo de la cafetería. ¡Tenía antojo de una de esas bebidas espumosas! Tuve que obligarme a concentrarme y a buscar lo que él me pidió.
—¡Se ven buenos los cafés de esa cafetería! —Pronuncie.
—¿Quieres que compre uno?
—No. Solo decía, hay mucha gente.
Mentí. Con muchas ganas, si se me había antojado uno de esos cafés.
—¿Se te antojó?
—Eso no importa ahora. Buscare el elevador.
Vi que las puertas metálicas se abrían, la gente salía y entraba. Empezamos a avanzar, no nos dio tiempo llegar. Las puertas se cerraron y arriba del marco metálico, unos números en color rojo comenzaron a cambiar.
—¿Ya llegamos al elevador?
—Sí. Creo que ahora estamos esperando a que las puertas se abran de nuevo. ¿Qué se supone que debo hacer para llegar al piso diez?
—Cuando entremos, vas a buscar el tablero numérico y entonces presionas el uno y el cero. No es tan difícil.
Las puertas se abrieron después de varios segundos, gente salió y tuvimos que entrar. ¡Curioso que solo nosotros dos estuviéramos por subir!
Hice lo que él me dijo. Teclee el número diez y las puertas no tardaron en cerrarse. Sentí un jalón tremendo que sacudió mis intestinos y no pude evitar abrazar a Nicolás por aquella sensación nueva.
—¿Se te espantaron las tripas?
—Sí.
—No te preocupes. Todo está bien.
Me aferré a él. Apreté su mano. Sentí que usaba su otro brazo para pegarme a su cuerpo y hundí mi rostro en su pecho. ¡Olía a perfume de hombre! ¡Olía muy rico!
Segundos más tarde, volví a sentir una sensación ligera en los intestinos. Escuché que las puertas se abrían. ¿Habíamos llegado ya? Me dispuse a retomar mi postura de guía, pero, cuando quise alejarme de él, su abrazo me lo impidió. Su calor me apretó más a su cuerpo.
¿Por qué me abrazaba más fuerte que antes? ¡Me sentía tranquila entre sus brazos!
...🌺🌺🌺...
El médico revisó a Nicolás. Uso diferentes tipos de luz para analizar sus pupilas y hasta le hizo un examen visual con ayuda de una máquina de optometría.
Después tomamos asiento frente al escritorio y el doctor analizaba algunos datos en unos documentos sobre su escritorio.
—Muy bien Nicolás. Parece que la pre-cirugía te ha ayudado muchísimo. Hay avance en tus ojos
—¡Que bueno! Sería una lástima que no estuviera funcionando el tratamiento. Me he perdido de muchas cosas a causa de que estoy ciego.
Asintió el doctor.
—La verdad si sería una lástima, pero me siento orgulloso porque el tratamiento que te recomendé funciona en ti. ¿Cómo te has sentido en estos días? —Preguntó el médico.
—Es muy agotador no poder ver y valerme por mí mismo —le respondió Nicolás —. Me gustaría poder disfrutar de mi vida como antes.
—Bueno, pero todo parece estar bien. Se nota que tu cuidadora te trata muy bien.
El médico dirigió su mirada a mí.
—Es muy buena conmigo —añadió Nicolás.
—Pues hago lo que puedo —admití.
—La verdad pensé que era tu novia. Los vi entrar tomados de la mano y como que irradian un romance muy lindo —sentí que el doctor se estaba pasando de confianza.
Me ruborice de forma inevitable. ¡Qué broma! Jamás pensé que eso podría pensar la gente al vernos tomados de la mano.
—Bueno, si Janet fuera mi novia yo sería muy afortunado. ¡Es muy buena en muchos sentidos! —Nicolás estaba siendo sincero.
¿Así? Me sorprendió escuchar esas palabras de Nicolás. ¿De verdad yo era buena?
—Bueno, eso lo pueden decidir más tarde —interrumpió el doctor—. Justo ahora quiero darte buenas noticias.
—¿De qué se trata? —Nicolás pareció interesado.
—Te he programado para cirugía. El veintisiete de este mes.
—¿El veintisiete? —Sonó un poco dudoso.
—Sí. Ese día te operaré los ojos y prometo que ya no necesitarás usar lentes y hasta vas a dejar de depender de tu cuidadora. Bueno, en realidad esto lo podrás hacer después de recuperarte. Yo calculo unas dos semanas o tres después de la operación. A lo mejor y en una semana ya estas repuesto. ¿Cómo ves?
Sonó un poco chistosa su pregunta del doctor, era evidente que Nicolás veía todo borroso.
—Pues veo borroso —respondió Nico.
—Perdona. Me refería a tu opinión. ¿qué te parece lo de la cirugía el veintisiete?
—Bueno, creo que está bien. Confío en usted.
El hombre asintió.
—Mientras esperamos que llegue la fecha, te he preparado otra sorpresa.
Me causó interés esto último. Él abrió un cajón de su escritorio y sacó un estuche de color negro. Se dirigió a mí y no me dio miedo tomar el objeto. Abrí el estuche y al instante, la luz hizo brillar las micas del armazón. ¡Orales! Eran unos lentes nuevos.
—Haz que se los pruebe, por favor —me pidió el doctor.
Asentí. Me puse de pie, tomé los anteojos y los abrí. Acerqué mis manos a su rostro, retire las gafas oscuras y las reemplace por los anteojos nuevos. ¡Nicolás se veía súper bien!
Supe al instante que él podía ver con nitidez. Rápidamente hizo contacto visual conmigo, se puso de pie y la cercanía que teníamos en este momento, esta vez significaba algo más que todas nuestras anteriores cercanías. ¿Qué era lo diferente?
—¡Eres muy bonita! —Pronunció él.
Sus palabras causaron chispas en mí.
—¿Tú…?
—¡Funcionó! —Interrumpió el médico—. Te hice este prototipo para definir la graduación de tus nuevas pupilas. ¿Te sientes mareado? ¿Ves bien? ¿Hay algún detalle?
—¡Veo más que bien! Ya extrañaba poder observar con nitidez.
—Muy bien, entonces…
—Lo veré el veintisiete —interrumpió Nicolás.
Su rapidez fue sorprendente, me tomó de la mano y no me dio tiempo de despedirme del médico. ¡Salimos de su consultorio!
Estábamos corriendo y yo no entendía por qué. ¿Nicolás se sentía contento? ¿De verdad podía ver con esos anteojos? ¿Por qué se nos estaba acelerando el corazón?
—¿A dónde vamos? —Quise averiguar.
—Quiero llevarte abajo.
¿Abajo?
—¿Quieres ir al baño?
—No. Ya verás a donde quiero ir.
Y aunque en ese sitio se podía ver gran parte de la ciudad, no pude disfrutar de aquella vista.
Entramos al ascensor, esta vez él tenía el control sobre todo y yo estaba siendo arrastrada por su deseo. ¿Por qué parecía tener tanta prisa de repente? No tardamos en llegar a la planta baja.
Las puertas se abrieron, salimos caminando a toda velocidad.
—¡Tranquilo! Siento que me arrancas el brazo —dije para ver si se tranquilizaba un poco.
—¡Lo siento! Ya casi llegamos.
Atravesamos la recepción principal con dirección a la cafetería. ¿Tanta prisa por esto?
—Me puedes esperar aquí. Ocuparemos esta mesa.
—Bueno.
Nicolás se fue en dirección al mostrador. ¿Qué tanta prisa por comprar un café? Bueno, al menos espero que me compre uno. ¡Si se me antojaba probar uno de estos!
Pasaron al menos diez minutos cuando vi su sonrisa enfocarse en mi dirección. Sostenía dos vasos y con anteojos él lucía muy guapo. ¡Estilo intelectual!
—Espero que te guste.
—¡Gracias!
Asintió. ¿Qué le había pasado al Nicolás engreído? ¿Dónde estaba el Nicolás que fumaba para sacar su estrés? ¡Aquí él era una persona distinta! Los anteojos lo convirtieron en otro hombre.
—Al contrario. ¡Yo siempre estaré en deuda contigo! Gracias por cuidar de mí.
Sonreí, quise que él se diera cuenta de los detalles de mi boca al sonreír.
Acerqué el popote a mi boca y chupé. El sabor de la bebida era delicioso. ¡Riquísimo diría yo! Volví a beber más, sentí que él me estaba admirando. ¿Le gustaba verme? ¿Habré llenado las expectativas de lo que él solía imaginar de mí?
—¡Está muy bueno!
—¿Si te gusta?
Verlo a los ojos y saber que ahora era capaz de identificar mi rostro, me causaba mucha curiosidad.
—Sí.
—Por eso tenía prisa en bajar. Quería verte disfrutando de un antojo tuyo. ¡Verte me hace feliz!
¿Yo lo hacía feliz con mi presencia?
—Ah. ¡Que sorpresa que lo digas!
—Había olvidado que en realidad eres más bella en persona que en mi imaginación.
—¿Cómo? ¿Ya me habías visto antes? —Me saque mucho de onda.
Asintió.
—¿Te acuerdas de mí? —Su pregunta me puso a pensar—. No me refiero a que recientemente llegaste a mi casa, años atrás, ya nos habíamos visto. ¿Te acuerdas?
Preferí chupar más bebida. ¡No tenía idea de él!
—Pues la verdad no me acuerdo de ti. Yo creo que…
—¡Te haré recordar!
Se levantó a toda velocidad de su asiento, ni siquiera tomó su bebida y comenzó a caminar apresuradamente hacia la salida. Cuando llego a la puerta de cristal y se dio cuenta de que yo todavía estaba sentada, me hizo una seña para que lo siguiera. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso sus lentes nuevos le dieron superpoderes?
Tome ambos vasos de bebida y camine rápido para poder alcanzarlo.
—¿A dónde vamos? —No dude en preguntar.
—Te haré recordar quien soy.
—Pero…
—Antes te llevaré a comer. Ernesto nos está esperando.
La camioneta estaba estacionada justo enfrente, era cierto que Ernesto nos esperaba.
¡Los lentes le habían dado súper poderes! No me quedaba duda de ello.
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Comments
Bella Maldonado Beltran
no me equivoque en mi comentario anterior sí es nicolas el de los claveles
2024-03-16
1
Mari Delgado Flores
Nicolás demuestra lo que Janet le inspira
2024-02-27
4