Ha transcurrido una semana y Sumire aún no sabe la identidad de la nueva sirvienta; el Barón Renger mantenía ocupada a Sumire con sus clases de etiqueta, mientras que la sirvienta solo se la pasa en su habitación o en la oficina del Barón, por lo que Sumire no lograba encontrarse con ella. Sumire sentía demasiada curiosidad por saber quién era esa sirvienta, pero sin importar a quién le preguntará nadie le decía absolutamente nada sobre ella; esto era así debido a que fueron órdenes del Barón Renger pues sabía la inmensa curiosidad que tenía su hija.
Tras haberse cumplido los ocho días de que la extraña Sirvienta había llegado a la mansión, sumire tuvo su clase de pintura durante la mañana
Bastian: has mejorado mucho en el uso correcto de los tonos oscuros. pero en esta pintura te fuiste lejos del diseño original, es extraño que te suceda algo asi Sumire.
Sumire estaba inmersa en sus pensamientos por lo que no sabía lo que estaba pintando
Bastian: Sumire, ¿estás prestando atención?
Sumire: Lo siento tío Bastian, ¡oh! ¡cielos! no me había fijado que mi pintura había cambiado de diseño
Bastian: Tienes la mente bastante distraída. Escuche que tienes muchas clases últimamente, tal vez por eso hoy no puedes concentrarte. Será mejor que dejemos nuestra clase hasta aquí.
Sumire: Lo siento tío Bastian
Bastian: Descuida, aprovecharé esta oportunidad para hablar con tu padre; tú descansa de mis clases a partir de hoy. De hecho ya no tengo nada que enseñarte, a partir de aquí todo será tu propio talento.
Bastian se despide de Sumire con una sonrisa y la deja en su habitación inmersa en sus pensamientos.
Sumire se acuesta en su cama, poniendo la cabeza sobre su almohada y tras colocar una carita de puchero dice:
Sumire: No puedo creer que nadie me diga nada cerca de esta sirvienta; además es muy evidente de que mi padre está haciendo todo esto para que yo no me encuentre con ella. (suspiro) ni siquiera he podido ir a comprar mis nuevas joyas.
De repente, como si alguien le fuese susurrado al oído a Sumire ocurrió una idea
Sumire: Marta está ocupada y el tío Bastian está conversando con padre. Este es el momento perfecto para ir a encontrarme con la sirvienta
Sumire sale corriendo directamente hacia su closet y tras revisar en el fondo de él, saca una caja que contenía un vestuario que le había prestado una sirvienta de su edad. Este vestido era de plebeya y Sumire solía utilizarlo cuando baja por él árbol de cerezo para escaparse a la ciudad.
Tras revisar como le quedaba su atuendo, mirándose al espejo, Sumire coloca su mano izquierda en su mejilla derecha y luego de poner una mirada de de estarse saliendo con la suya dice lo siguiente
Sumire: Hoy Será el día en que conozca a esa Sirvienta.
seguidamente ella pone sus manos sobre su cintura y se ríe a carcajadas como si fuese una villana
Sigilosamente, Sumire sale de su habitación y se dirige al cuarto de huéspedes donde se aloja la sirvienta. durante el camino cuando se consigue a un sirviente se esconde detrás de una maceta o simplemente de un pilar, pero cuando no puede esconderse finge ser una sirvienta y tras saludar a los demás sirvientes continúa con su travesía. Antes de llegar al cuarto de huéspedes Sumire se tuvo que esconder detrás de la cortina que estaba cerca de la habitación de los sirvientes, pues unas sirvientas estaban diciendo algo que parecía ser interesante:
Sirvienta 1: les diré algo chicas, yo creo que esa sirvienta es la amante del Barón. No hace ninguna labor se la pasa todo el día en su habitación, también tenemos que acomodar sus desastres y llevarle su comida
Sirvienta 2: no solo eso, yo tengo que dedicarme a prepararle el mejor baño. Tengo que incluirle pétalos de rosas y asegurarme que tenga un buen jabón y agua caliente
Sirviente 3: ni lo menciones. Le pregunté al Barón si podía decirle que me ayudara en la cocina, pero me regañó y me dijo que no podíamos ordenarle nada, que debíamos dejarle tranquila
Sirvienta 1: lo más extraño es que nadie puede entrar cuando ella esté en su habitación, pero el Barón suele ir antes de irse a dormir.
Sirvienta 2: ¿en serio? ¿Quién te dijo que el Barón hizo algo así?
Sirvienta 1: ¡Yo misma lo vi! una noche estaba cansada y quería tomar agua y vi como el Barón entraba muy tarde a su habitación
Sirvienta 3: ¡Por todos los cielos!, eso quiere decir que en verdad es su amante. Pobre de la señorita tendrá una nueva madrastra
Al escuchar esta conversación, Sumire sale corriendo mientras le salen las lágrimas; solo puede pensar en ir hasta la oficina de su padre para poder enfrentarlo y ver si lo que dicen es verdad. mientras Sumire corría su corazón le dolía como si la hubieran traicionado, pero antes de llegar a la oficina esta se encuentra con Bastian por lo que su exaltación disminuye lo suficiente
Bastian: ¿sucede algo Sumire? ¿Te encuentras bien?
Sumire: estoy bien tío Bastian -dice Sumire mientras seca sus lágrimas- no te preocupes
Bastian: pero estás llorando
Sumire: solo se me metió algo en el ojo. ¿ya terminaste de hablar con mi padre?
Bastian: sí, ya le dije que has terminado tus clases de pintura. También aproveché de decirle que durante un tiempo no podré estar pues me iré a un viaje
Sumire: ¿por cuánto tiempo te irás?
Bastian: no será por mucho tiempo y además aunque no sea tu maestro vendré a visitarte. Quiero ver cómo esta nueva artista hace sus pasos en el mundo artístico.
Sumire: gracias tío Bastian
Bastian: entra, tu padre está esperando verte.
Tras estar frente a la puerta de la oficina Sumire inhalar profundamente y luego exhalar para así poder calmar su corazón, luego toca la puerta dos veces para poder entrar
Sumire: hola padre, ¿puedo pasar?
Joseph Renger: ¡por supuesto que sí mi pequeña conejita! ¡Pasa! ¿Ha sucedido algo?
Sumire: es que las flores del jardín están muy hermosas, me gustaría verlas contigo, pero parece que estás ocupado
Joseph Renger: Claro que no, no estoy ocupado. vamos a caminar, hace mucho tiempo que no hemos salido juntos lamento haberte descuidado tanto
El Barón y Sumire pasean por el jardín, pero no se dicen nada. Sumire siente una decepción en Su corazón y ni siquiera puede mirar el rostro de su padre; ante todo esto el Barón se preocupa por lo que le pregunta a Sumire
Joseph Renger: ¿te ha pasado algo mi pequeña conejita?
Sumire: padre ¿por qué tratas también a esa sirvienta?
Joseph Renger: es porque aún es muy joven
Sumire: pero tengo sirvientas que son más jóvenes que ella y no les has cuidado tanto como cuidas a esta
Joseph Renger: es que el Marqués Brichallard me pidió que la cuidara muchísimo
Sumire: si es así permite que sea mi sirvienta, me aseguraré de que nada le pase
Joseph Renger: eso no es posible Sumire, te dije que yo cuidaría el personal
Joseph Renger: pero padre le estás dando muchos privilegios lo tratas como que si fuese una noble
Joseph Renger: solo estoy devolviéndole el favor al Marqués Brichallard, después de un tiempo ella volverá no tienes por qué preocuparte por cosas sin sentido
Sumire: ¡Pero Padre!
Joseph Renger: sin peros Señorita. Es tarde, ve a comer a tu habitación, tu profesor de diseño llegará pronto
El Barón se dirige de vuelta a su oficina, pero mientras se va Sumire siente una rabia en su corazón, todo porque su padre no hace más que mentirle y evitar todo tema sobre la sirvienta.
Sumire continua con sus clases del día, y finge ante Marta que todo está bien, pero a lo que todos se han ido a dormir Sumire se levanta y se cambia de atuendo; esta vez usa ropa de niño para poder bajar por el árbol de cerezos sin ninguna dificultad. Una vez abajo, Sumire se esconde por los arbustos para evitar a los guardias y desde afuera se asoma en la habitación de huéspedes la cual continuaba con la luz encendida. Silenciosamente, Sumire se asoma por una pequeña ranura de la ventana; lo que vio Sumire hizo que se le rompiera el corazón, pues era cierto que su padre estaba visitando a esta sirvienta. Por un momento Sumire quiso entrar y confrontar a su padre, pero él se fue de la habitación cuando ella se disponía a entrar; solo quedaba la sirvienta en esta habitación, así que Sumire decidió ver un poco más para ver qué hacía a continuación esta jovencita que ahora se estaba robando su lugar.
La sirvienta se quita La ropa de espaldas a Sumire, pues aún no se había percatado que estaba siendo observada. La sirvienta se quita su cofia para luego quitarse su delantal; los botones de su vestido estaban en su pecho por lo que no necesitaba de ayuda para retirarlos, se quita sus guantes y luego sus zapatos para solo quitarse por último su ropa interior (esta le cubría desde sus hombros hasta sus rodillas). Sumire hiba a desviar su mirada pero algo a ella le dio mucha curiosidad, sus hombros eran anchos y su espalda bien definida como si hubiera hecho ejercicio frecuentemente, sus glúteos eran de buen tamaño y no presentaban ninguna flacidez, sus piernas eran musculosas como si hubiera corrido grandes distancias durante muchos años y sus brazos tenían unos músculos que parecían haber sido definidos por el manejo de la espada. Ante todo esto Sumire entendido que está Sirvienta no era una mujer, pero su curiosidad era tanta que decidió esperar un poco más para confirmar por completo que su sospecha era verdad, más sin querer hizo un ruido que alerto a la persona de la habitación, haciendo que rápidamente se diera la vuelta y sacará la espada que estaba oculta debajo de su almohada y tras abrir la ventana grito diciendo
-¡Sal ahora! ¡no dejaré que te escapes!
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