Los días en Villaselva seguían su curso, y Elio se sumergió nuevamente en su rutina de panadería con un nuevo enfoque y una comprensión más profunda del equilibrio del Bosque Místico. Aunque su mente a menudo vagaba hacia las maravillas del bosque, estaba decidido a respetar su magia y aprender de sus lecciones.
Una mañana, mientras amasaba la masa en su panadería, una sombra se cernió sobre él. Luna había entrado con una sonrisa traviesa en el rostro.
"¡Elio, querido amigo! Tengo una noticia emocionante para ti", anunció Luna con su característica dramatización.
Elio se limpió las manos y se giró hacia Luna con curiosidad. "Dime, Luna, ¿qué nueva historia has traído hoy?"
Luna agitó una hoja de papel con entusiasmo. "Estoy organizando un concurso de comedia en la plaza del pueblo. Un concurso para encontrar al maestro de los chistes y las risas más contagiosas de Villaselva. ¿Te unirás?"
Elio levantó una ceja, intrigado. "Un concurso de comedia, ¿dices? Suena divertido, pero también un poco aterrador."
Luna le dio una palmada en el hombro. "¡Exactamente! Pero sé que tienes un talento natural para hacer reír a la gente. Sería una oportunidad perfecta para mostrar tus habilidades cómicas."
Elio se rió y asintió. "De acuerdo, Luna, lo intentaré. Pero solo si prometes ser la jueza más imparcial y justa."
Luna puso una mano en el corazón con dramatismo. "Prometo ser la jueza más imparcial, justa y comediana que jamás hayas conocido."
El día del concurso llegó rápidamente, y la plaza del pueblo se llenó de aldeanos ansiosos por disfrutar de una tarde llena de risas. Luna, vestida con un atuendo colorido y una corona de flores en la cabeza, se colocó en el centro del escenario improvisado.
"¡Aldeanos de Villaselva, bienvenidos al Concurso de Comedia!" anunció Luna con entusiasmo. "Nuestro objetivo es alegrar los corazones y llenar el aire con risas contagiosas. Y para eso, necesitamos a nuestros valientes concursantes."
Elio observó a su alrededor mientras otros aldeanos se unían al concurso, cada uno listo para compartir sus propias ocurrencias cómicas. Había chistes de gallinas cruzando la carretera, historias extravagantes sobre magos torpes y hasta una interpretación musical cómica de un cuento popular.
Finalmente, llegó el turno de Elio. Subió al escenario con una mezcla de emoción y nerviosismo. Luna le sonrió con confianza y le dio una señal para que comenzara.
Elio tomó un profundo aliento y miró a la multitud. "¡Hola, aldeanos de Villaselva! Estoy aquí para compartir un chiste que he preparado especialmente para ustedes."
La multitud se rió en anticipación mientras Elio comenzaba su chiste. Su voz se llenó de entusiasmo y energía, y su entrega experta arrancó risas desde el primer momento. A medida que avanzaba, las risas se volvieron más fuertes y contagiosas.
Las personas en la multitud se inclinaban hacia adelante, sus caras iluminadas por sonrisas. Elio siguió con una serie de juegos de palabras y ocurrencias, cada una más cómica que la anterior. La plaza se llenó de risas alegres mientras Elio desataba su talento para hacer reír a la gente.
Finalmente, Elio llegó al remate de su chiste, que provocó una explosión de risas y aplausos. Luna aplaudió con entusiasmo y subió al escenario para abrazar a Elio.
"¡Elio, eso fue increíble!" exclamó Luna. "Has demostrado que eres verdaderamente el maestro de las risas. ¡Tienes el don de contagiar la alegría!"
Elio sonrió, agradecido por el apoyo y la respuesta positiva de la multitud. Se sentía realizado al ver a las personas riendo y disfrutando del momento.
Después de que todos los concursantes hubieran actuado, Luna se puso seria y miró a la multitud. "Ha llegado el momento de tomar una decisión. Después de mucha reflexión y risas, he decidido que el título de Maestro de las Risas va para... ¡Elio!"
La multitud estalló en aplausos y vítores mientras Luna colocaba una corona de flores en la cabeza de Elio. Elio se sentía honrado y agradecido por el reconocimiento, pero también sabía que la verdadera recompensa estaba en ver a la gente feliz y unida por las risas.
Después del concurso, mientras el sol se ponía en el horizonte, Elio reflexionó sobre el día. Había demostrado su talento para hacer reír a los demás, pero también había aprendido que la comedia y la diversión tenían un poder especial para unir a las personas y crear un sentido de comunidad. Con una sensación de satisfacción en el corazón, regresó a su panadería, listo para enfrentar los días que vendrían con un nuevo aprecio por la importancia de la risa y la alegría en la vida de todos.
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