El invierno había cubierto el Bosque Místico con una manta de nieve brillante. Los árboles parecían guardianes de un mundo mágico, y el aire estaba lleno de un silencio sereno. Elio caminaba por los senderos, su aliento visible en el aire frío. Su pluma dorada brillaba en su pecho, un símbolo constante de su conexión con el bosque y su papel como Amigo del Bosque.
A medida que avanzaba, Elio reflexionaba sobre su viaje y las lecciones que había aprendido en el Bosque Místico. Había encontrado mucho más de lo que había buscado originalmente: aventura, emoción y risas. Había encontrado un propósito más profundo y había despertado su magia interior, aprendiendo a equilibrar la diversión con la responsabilidad.
Un suave tintineo llenó el aire, y Elio se dio cuenta de que estaba cerca de la cascada mágica, donde había comenzado su viaje. Se acercó con reverencia, admirando la belleza de las aguas que caían en cascada y el arco iris que bailaba a su alrededor.
De repente, una figura conocida apareció entre las hojas doradas que rodeaban la cascada. Era Serafín, con sus alas doradas brillando en el resplandor del sol de invierno.
"Elio, Amigo del Bosque, es un placer verte una vez más", saludó Serafín con calidez.
Elio sonrió y se inclinó ante su amigo alado. "Serafín, siempre es un honor estar en el Bosque Místico. Ha sido un viaje increíble y transformador."
Serafín asintió. "El viaje de descubrimiento y crecimiento es una parte esencial de la vida. Me alegra que hayas encontrado tu camino aquí en el Bosque Místico."
Elio miró a su alrededor, pensativo. "He aprendido mucho sobre la importancia del equilibrio, la alegría y la magia interior. Y también he aprendido que cada uno de nosotros tiene un papel en el mundo, una forma de hacerlo mejor."
Serafín asintió nuevamente. "Tu papel como Amigo del Bosque ha dejado una huella profunda en este lugar. Tu deseo de compartir alegría y risas ha creado un legado de luz que trasciende el tiempo."
Elio miró su pluma dorada con cariño. "Esta pluma siempre me recordará esa conexión y ese compromiso."
Serafín sonrió. "Y ahora, Elio, te traigo una última sorpresa. El Bosque Místico ha decidido otorgarte un regalo final como muestra de su gratitud y aprecio."
Con un gesto elegante, Serafín extendió una mano hacia la cascada. El agua brilló con una luz dorada, y de repente, un pequeño objeto flotó en el aire y aterrizó en la mano de Elio.
Elio miró el objeto en sus manos y se dio cuenta de que era un reloj de arena con una arena dorada y brillante que caía a través de él. Cada grano de arena parecía estar lleno de destellos mágicos.
"Serafín, ¿qué es esto?" preguntó Elio, admirando el reloj de arena.
Serafín sonrió. "Este es el Reloj de la Alegría. Cada grano de arena representa un momento de alegría y risa que has compartido en el Bosque Místico. Cada vez que lo mires, recordarás la importancia de la alegría en la vida y el legado que has dejado aquí."
Los ojos de Elio se llenaron de emoción mientras sostenía el Reloj de la Alegría en sus manos. "Es un regalo hermoso y significativo. Lo guardaré cerca de mi corazón como un recordatorio constante."
Serafín asintió, satisfecho. "Ahora, Elio, es hora de que sigas adelante en tu viaje. Pero recuerda siempre que el Bosque Místico estará aquí, y que siempre serás un amigo y defensor de su magia."
Elio asintió con gratitud. "Nunca olvidaré todo lo que he aprendido y experimentado aquí. Siempre llevaré conmigo el espíritu del Bosque Místico y la magia de la alegría."
Serafín extendió sus alas y se elevó en el aire. "Hasta la próxima, Amigo del Bosque. Que tus días estén llenos de alegría y que siempre encuentres equilibrio en tus aventuras."
Elio miró al cielo mientras Serafín desaparecía entre las hojas doradas. Sintió una sensación de paz y determinación en su corazón. Sabía que su viaje en el Bosque Místico había llegado a su fin, pero también sabía que el legado de alegría y magia que había creado viviría en cada sonrisa, en cada carcajada y en cada corazón que había tocado.
Con el Reloj de la Alegría en sus manos y la pluma dorada brillando en su pecho, Elio se dio la vuelta y comenzó su camino de regreso a Villaselva. Mientras caminaba, miró el bosque una última vez, agradecido por todo lo que había recibido y ansioso por lo que el futuro tenía reservado.
Y así, el Bosque Místico continuó su ciclo de estaciones, y la magia de la alegría y el equilibrio se extendió más allá de sus fronteras, llevando consigo el legado de un simple panadero convertido en Amigo del Bosque.
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