¿Qué debo hacer?

Luego de caminar bastante y alejarme de aquel lugar me detengo, vuelvo a mirar mis documentos, es hora de aprender quién soy, de lo contrario podría tener algunos problemas, desde hoy soy Aixa Brown, vaya a saber a quién se le pudo haber ocurrido semejante locura, siento como una lágrima recorre mi rostro y no logro contenerla, cierro lentamente los ojos y recuerdo a mi madre llamarme Kim; cuando ingresé al colegio pupilo me preguntaron por mi nombre, a lo cual respondí que me llamaba Kim y desde ese momento todos me han llamado de esa manera.

Han pasado muchos años ya, apenas y con mucho esfuerzo recuerdo los rostros de mis padres, quizas era aun pequeña para poder grabarlos para siempre en mi mente, muchos recuerdos se han ido perdiendo con el tiempo, pero si hay algo de lo que estoy completamente segura es que estos documentos no tienen nada que ver conmigo.

Continuo caminando, pocas cuadras después me detengo en la plaza, busco un banco y tomo asiento, necesito descansar y pensar cómo continuar, comienzo a buscar dentro del sobre que contenía los documentos a ver qué más hay, encuentro una tarjeta, se que debo buscar un cajero, anteriormente ya me han enseñado cómo utilizarla.

Mientras observo los niños jugar, no puedo evitar recordar el día que llegué a esta ciudad, fue un vuelo muy largo,  no quería dormirme pero mis ojos estaban cansados de tanto llorar, sentía que pesaban demasiado, miraba al hombre que venía junto a mí, y aunque he tratado de escarbar muchas veces en mi memoria, no recuerdo haberlo visto antes de aquel día,  era un hombre muy joven, pero completamente desconocido para mí. Sus palabras suenan en mi mente desde aquel día. 

-Kimy, sé que un día me buscarás, y te explicaré todo… pero ahora es lo único que puedo hacer, no se me ocurre otra solución para que estés a salvo- En aquel momento no comprendía nada de lo que ocurría y mucho menos imaginaba el destino que me esperaba.

Traía entre mis pequeños brazos un peluche que me habían regalado mis padres, no podía dejar de llorar en todo momento, lo abrace muy fuerte hasta que me venció el sueño y dormí el resto del viaje; al descender del avión nos esperaba un coche que nos llevó directamente al colegio, iba mirando por la ventanilla para memorizar aquellos lugares, quizas por mi pequeña mente cruzaba la idea de escapar de aquellos desconocidos.

Al llegar al colegio aquel hombre habló con la Señora Leonor, se encerraron en su despacho, le entrego documentos y firmó varios papeles, luego me dejó allí, llorando y pataleando entre sus brazos. Durante muchos años estos recuerdos se borraron de mi mente, por más que me esforzaba no lograba recordar, con el paso de los años poco a poco algunos recuerdos han ido regresando, no son recuerdos completos, son como pantallazos, incluso a veces pienso que a algunos los he creado para tapar huecos en mi memoria.

Recuerdo haber sido una pequeña muy feliz que vivía en Rusia, mis padres eran bastante jóvenes, al recordar sus rostros deduzco que no tenían más de treinta años, también recuerdo a otras personas y a niños, pero no puedo ver sus rostros. Aquel día todo era risas y alegría,  me llevaron a un parque de diversiones, cuando cierro los ojos puedo ver todas aquellas atracciones, la gente pasar de un lado a otro, niños riendo y gritando, el aroma a dulces… parecía ser el mejor día, hasta que un hombre se acercó a mí padre quien me tomó rápidamente en brazos y le hizo seña a mi madre para irnos.

Ella, era un sueño, recuerdo su rostro angelical; se veía preciosa con su vestido blanco y su cabello suelto, posaba su mano sobre su vientre, pero al ver a mi padre su mirada cambió y se dirigió apresuradamente al coche. Me encontraba en el asiento de atrás, mi padre conducía el coche a gran velocidad mientras hablaba por telefono con alguien.

Mi madre se veía asustada, su rostro se estaba muy pálido, pero ella solo intentaba calmarme, fue cuando otro coche se detuvo frente al nuestro y mi padre perdió el control, el coche giró y giró parecía que nunca se detendría, aquel momento duró pocos segundos y a la vez fue eterno, yo estaba en el asiento trasero en la silla de niño con la seguridad correspondiente, quizás por eso sufrí muy pocos golpes. 

Escucho a mi madre quejarse por el dolor, en ese mismo momento veo a un hombre colocarse frente al coche con un arma en mano y disparar, al cerrar los ojos un disparo tras otro resuenan en mi mente, a pesar de estar aturdida ya no escucho quejas, ya no hay dolor; algunos coches se detienen en el lugar y algunas personas nos socorren, cuando alguien intenta sacarme del coche yo solo luchaba por continuar cerca de ellos, recuerdo conocer la voz de quien me sacó del coche y me abrace muy fuerte a su cuello, mis padres ya no respondieron a mi llamado, ya no atendían mi llanto, solo logré ver sangre, sangre en todas partes.

Solo lloraba, no podía hacer otra cosa que no fuera llamar a mis padres, la ambulancia rapidamente nos llevaron al hospital, a mi padre lo cubrieron completamente pero recuerdo que estaban haciendo algo con mi madre, ella no estaba en una bolsa como él, pasé horas allí sin dejar de llamarlos, luego aquel hombre fue a buscarme, presentó documentos se hizo responsable de mí, rapidamente subimos a su coche y  fuimos a casa,  tomó algunas cosas apresuradamente, las metió en esta valija y minutos después nos encontrábamos en un avión rumbo a Estados Unidos, lugar  donde pasé los últimos trece años. 

Me incorporo nuevamente, no hay mucho tiempo que perder, la noche no puede encontrarme en una plaza y sin saber si quiera qué es lo que haré, me pongo de pie y comienzo a buscar un cajero, la mejor opción que tengo en este momento es ver que contiene la tarjeta, en realidad lo lógico es que contenga dinero por lo que en realidad debo ver con cuánto dinero cuento para luego decidir qué camino seguir.

Recorro las calles y pronto me encuentro frente a uno, me han enseñado varias cosas que me ayudarían al salir del colegio, planeé tanto tiempo lo que haría una vez que estuviera fuera y ahora que he salido me siento tan indefensa, no tengo a nadie, no sé en quién puedo confiar, en quién no, no tengo claro quién soy ¿Qué debo hacer?

Introduzco la tarjeta, dígito la clave que se encontraba con ella y he memorizado, al ver lo que refleja la pantalla debo apoyarme en algo, suspiro con un poco de alivio, es muchísimo dinero, realmente mucho... Debo pensar bien qué haré, podría tranquilamente quedarme aquí, vivir una vida tranquila,  invertirlo, vivir mi nueva vida como Aixa... Volver a Rusia en busca de respuestas, se me cruzan tantas ideas y también un poco de miedo a tomar el camino equivocado, a ponerme en peligro, retiro parte del dinero que me servirá para encontrar un lugar dónde pasar la noche mientras tomo una decisión. 

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