CAPÍTULO 3: NUEVO DESTINO
Pasaron 7 años desde que vivo en este Psiquiátrico, se convirtió de algún modo en mi hogar. Tengo acceso a la biblioteca, me leí todos los libros, de ciencias, matemáticas, historia, pero sobre todo me llama la atención aquellos que enseñan de la anatomía humana. El director me lo permite, sobre todo en la noche, que me cuesta dormir. Tengo compañía especial, no les hago caso, a mí no me molestan.
Según sé, se trata del espíritu de una joven que quedo mal de la cabeza cuando su novio la dejo plantada en el altar, un mal de amores por decirlo de algún modo. Se internó aquí, pero al tiempo falleció de tristeza y desde ese día su espíritu deambula vestida de novia, esperando por ese novio que nunca llego.
- Darla... Que suerte que te encuentro. Interrumpe mis pensamientos el director.- Debo hablar contigo de algo. Me dice.
Por lo que dejo de leer el libro que tenía entre mis manos y lo miro fijo, noto incomodidad en su expresión corporal, ya no me resulta raro, todos los que tratan conmigo tienen esa forma de comportarse.
- Como te decía. (Camina de un lado a otro, se friega las manos y después se sienta adelante mío)... Estamos pasando por una situación difícil... Como sabes... Solo sobrevivimos con lo que nos dan los que pagan las cuotas... Por tener a su familiar aquí... Y nos ha resultado difícil... Poder cubrir todos los Costos... Nos veríamos forzados a cerrar. Concluye.
- Pero... ¿Dónde voy a vivir?... Este lugar ha sido mi hogar... Si quiere... Podemos cobrar las curaciones que haga. Le respondo afligida.
- Pues... Exactamente de eso te quería hablar... Se ha presentado una oportunidad única... Que nos permitiría seguir funcionando... Nadie perdería su trabajo... Ni un hogar... Como tú lo consideras.
- ¿En qué consistiría?. Le pregunto impaciente al notar que da mucha vuelta.
- Un señor... Que está muy bien posicionado... Ha ofrecido una considerable suma... Pero la condición seria... Que tú vayas a vivir con él... Te tomaría bajo su tutela.
- ¿Con qué intenciones quiere llevarme? Pregunto intrigada.
- Según tengo entendido... Tiene un hijo... Que ha sufrido una enfermedad extraña... Toda su vida... Han probado todos los medios... Para aliviar su dolencia... Pero no han conseguido, curarlo... Solo le inyectan un suero que hace poco efecto... No le dura mucho. Me informa.
-Sabe que no puedo curar... Solo alivio el dolor. Le recuerdo.
- Hay otro tema... Al señor... Se le ha muerto un hijo menor... Y cree que aún anda rondando por la casa… Se enteró de tu singular habilidad, por eso su interés... Piénsalo... Vas a tener una mejor vida que acá... Un nuevo destino... Y además de aliviar los dolores que padecen... Lo ayudas a comunicarse con su hijo. Me comenta.
- Por mucho tiempo se mostró reacio a mi singular habilidad, como la describe... Que fue lo que me trajo aquí... Y ahora depende de ella para salvar el psiquiátrico... Lo voy a hacer... No por usted... Si no por los que trabajan aquí... Y viven aquí... Olvidados por sus familiares... Aunque eso signifique... Que me vende. Le respondo. Veo que suspira, como aliviado, se incorpora y me deja en la biblioteca a que siga mi lectura.
Pasaron dos días, desde que tuve esa conversación con el director, hasta que una noche apareció un hombre vestido de negro, su aspecto irradiaba una energía sombría, era alto, atractivo, de ojos claros, cabellos blancos, su tés pálida, delgado y musculatura notoria, al traer una remera al cuerpo.
Al aproximarse pude sentir su inmensa pena. El personal al verlo se mostraron nerviosos. A mí no me dio gran impresión. Cruzo una palabra con el director y veo que señala en mi dirección, yo estaba sentada cerca de la ventana leyendo un libro. Me mira con sus ojos sin expresión alguna, y se acerca donde me encuentro.
-Me han dicho que puedes aliviar el dolor corporal... Vengo en persona a comprobar la veracidad de lo que afirman (y porque me dio curiosidad conocer quien tiene habilidades especiales, piensa)... Si logras aliviar una dolencia mía, que traigo hace tiempo (Tengo mis dudas, al respecto)... Aportaré para salvar este psiquiátrico y todos conservarán sus empleos... Y me acompañarás (Porque me lo solicito mi padre, no sé que se trae entre manos, es rara esta chica, sin gracia, reflexiona)... De lo contrario... Mandaré a cerrar todo... Por hacerme perder el tiempo. Concluyo en un tono incrédulo.
Observe a los cuatro hombres que lo acompañaban, tenían un aspecto intimidante. Permanecí en silencio, no respondí inmediatamente. Me incorporé para acercarme y sus hombres cortaron mi paso.
- Dejen que se acerqué... Les ordeno.
-¿Dónde le duele? Le pregunté y me observo con frialdad.
- Eso lo debes saber... Me dice con una voz grave. Lo miro inexpresiva y le aclaro.
- No soy adivinadora (¿Qué no sabe la diferencia?, pienso). Suspiro pesadamente, no tengo paciencia con los vivos y lo miro seria.
- El hombro izquierdo. Afirma después de una pausa. Me lo aproximo tocando su hombro con mi mano derecha, pero no siento nada. Por lo que lo miro fijo y le susurro cerca de su oído.
-No podre aliviarlo, si no me dice la verdad y con la mirada me marca su pierna derecha. Por lo que le indicó que se siente y apoyo mi mano en su cuarto derecho. Puedo sentir que sé tensióno, pero hago caso unísono a su incomodidad, puedo sentir su mirada fija en mí, pero me concentró y cierro los ojos, puedo sentir que se calienta mi mano y una energía comienza a subir por mi brazo extendiéndose por mi cuerpo, cada parte de mi cuerpo se pone rígido y de golpe siento una punzada fuerte en mi cuarto derecho que me hace arrodillar, el dolor es intenso. "¿Cómo puede soportarlo? Me preguntaba. Y tomo aire, respirando pausadamente, concentrándome y repitiendo en mi mente" Expulso todo lo malo de mí, que no vuelva" "Expulso todo dolor, que no vuelva". Y retiro mi mano de su cuarto. La enfermera se me aproxima preocupada y me toma de los brazos ayudándome a incorporar. Lo miro fijo y le digo.
-Le han clavado un cuchillo en su muslo... Porque así lo sentí. Abrió los ojos de par en par y fijo su mirada en los míos. Por lo que proseguí- Para su otro problema (del dolor de huesos)... Debo recuperar fuerzas(Conste que no lo hago por gusto)... Pero si no deja de beber tanto... De la cirrosis no podre salvarlo (mentira, pero no voy a fundir mi hígado por un engreído)... Morirá en tres meses (La verdad será en un año, pero mejor que se cuide desde ya).
- Por favor niña, no le digas eso. Me dice la enfermera nerviosa. Pero veo que él hace una mueca, como una leve sonrisa. Y se incorpora.
-Vendrás conmigo. Me ordeno y le hizo señas a uno de sus hombres, para que entregué un maletín al director del psiquiátrico.
CAPÍTULO 4: UN NUEVO HOGAR
Miro temerosa a la enfermera y al director, en verdad estaba pasando. Y me los abrazo.
- Ve niña... Vas a estar mejor que aquí, me dice la enfermera. - Recuerda lo que te enseñe. Me susurra al oído.
- No es necesario que lleves nada... Tendrás lo que necesites. Me dice el hombre al que alivie su dolor. Y lo sigo en silencio con un enorme pesar en el pecho, pero por alguna extraña razón sentía que así debía pasar.
Al salir una limusina negra nos esperaba afuera y como tres vehículos más de los de seguridad. Al llegar a la limusina me freno de golpe.
-¿No piensa subir? Me dice intranquilo.
-Tiene... Tiene... Un guardia ensangrentado. Y le marcó el asiento de adelante.
- Suba atrás... No le hará nada... Me responde serio con una mirada que no puedo descifrar. (Murió la semana pasada en un ataque, entonces es cierto que los ve, reflexiona). Cuando ingreso en la limusina veo a un hombre mayor, muy bien vestido de traje, se acomoda el saco y se endereza en el asiento mirándome fijo. Al rato el joven al que cure se nos une.
- Aquí está... (Le dice)... Es cierto. Y el hombre mayor asiente. Después se dirige a mí.
-¿Puede describirlo?... Al de seguridad que viste en el asiento de adelante.
- Sí... Tiene un traje negro... Y su camisa está manchada de sangre... Tiene un tatuaje de una cobra, en el cuello... Es... Rubio... Ojos verdes... Y me mira fijo... Me da escalofríos. El otro hombre mayor por fin se dirige a mí.
- Había escuchado de tus habilidades... No lo creía... Hasta ahora... Vas a tener un hogar... Y solo con nosotros ejercerás tus habilidades. Me asegura.
- Por mi parte seguiré tu consejo (Pero el whisky lo seguiré tomando). Me dice el Joven, parece sonar relajado, pero su tono aún provoca escalofríos.
El resto del viaje no hablaron, fue largo el camino recorrido. Salimos de la ciudad, ingresamos en un camino bordeado de árboles altos y unos faroles comenzaron a encenderse al costado iluminando el camino. Llegamos a una mansión imponente, ocupaba como el tamaño de una manzana completa. No tenía vecinos. Estaba llena de guardias de seguridad. Para mi todo eso era impresionante.
En la entrada nos recibió un hombre serio con un traje tipo pingüino, saludo de manera formal y dijo.
- Bienvenidos, señores... Me miro frío, inexpresivo... Bienvenida, señorita. Dijo al final.
Al ingresar sentí una energía particular, esa que tantas veces viví. Se podía respirar el aire frío, que nos rodeaba, pero no veía a ningún espíritu. "No voy a aburrirme aquí", pensé.
- Que la lleven a su habitación, escuche que indico, el hombre mayor. -Y la pongan presentable.
(Si me bañe, pensé), pero mi ropa vieja, no era muy atractiva a los ojos de nadie. Una sirvienta me tomo del brazo y me encamino escaleras arriba, ingresamos en una enorme habitación y me dijo.
- Esta será tu habitación... La del señor está a lado... Pidió exclusivamente que estén interconectadas... Ahí tienes el baño y en la cómoda ropa para que elijas... No tardes... Al señor le gusta cenar a horario... Me avisa y se retira.
Recorrí la habitación, mire los grandes ventanales, que daban a una terraza, pero estaba cerrada. De golpe veo que afuera se prepara como para llover, por lo que dejo las cortinas cerradas. Me siento en la cama, se siente suave, me tiro recostándome y de pronto me vienen sensaciones, como una enorme aflicción, con ganas de ocultarme y abro los ojos fijando la mirada en un armario, me dirijo a él y lo abro, hay vestidos colgados y zapatos, muy coloridos para mi gusto, los corro a un costado e ingreso. Algo parece guiarme a abrir una pequeña puerta oculta, lo hago y me encuentro con un pequeño niño, es un espíritu, puedo ver a través de él.
"¿Qué haces aquí?" Le pregunto.
"Ya no quiero tomar esa medicina... Sabe horrible".
"Si no la quieres... No la tomes". Le digo. Y se desvanece.
Suspiro con pesar, cuantas veces viví esto, cuando era pequeña me costaba diferenciar lo que era real y lo que eran apariciones.
Ingreso al baño, es enorme. Tiene como una pileta en el centro, y la parte de la ducha es transparente. Me quedo mirando cada detalle.
"¿Qué miras?". Escucho un susurro.
"Nunca vi un baño así"."¿Quién pone una pileta en el baño?".
"No es una pileta... Es una bañera, te metes a bañar ahí, lo llenas de espuma si quieres". Me susurra.
"Lo voy a probar". Le respondo. Y miro hacia la voz y es de un joven espíritu, se lo ve muy delgado, con una remera blanca y unos pantalones grises. "¿Quién eres?". Le pregunto y se desvanece. En eso ingresa la señora vestida de sirvienta que antes me llevo ahí.
- ¿Aún no estás?... Se va a enojar el señor... Te ayudo.
- No sé que llave abrir (Señalo indicando a la ducha). (Le miento).
- Aquí tienes un control... Con este botón el vidrio se oscurece, así no te ven al bañarte, y con este haces que caiga la ducha. Me enseña.
- No uso nada de tecnología... Por alguna razón... Estallan al entrar en contacto conmigo. Le informo.
- Bueno... Entonces da vuelta esta llave y baja esa palanca que es del agua caliente... Me indica al final. Y se retira.
Me quito el yin y mi remera. Ingreso a la ducha y hago lo que me indico. El agua se siente tan bien. Me termino de bañar en dos minutos. Era el tiempo que aprendí, a hacerlo en el psiquiátrico. Ahí nos median el tiempo para todo. No teníamos baño privado, como aquí, siempre había alguien vigilando. Salgo envolviéndome una toalla. Y voy a la cómoda a ver que ropa podía usar.
"Te bañas rápido". Siento el susurro nuevamente.
"Sí... No hay nada de mi agrado". Le respondo.
"Fíjate en el último cajón". Me indica.
Lo abro y encuentro una remera gris y yin negro.
"Peor es nada". Y los tomo.
" Eh notado que no te incomoda mi presencia". Me dice.
"Conviví con los de tu clase toda mi vida". "Y tu energía es tranquila". "No eres de los malos".
"Eres una médium". Me dice.
"Según parece". Le respondo al joven espectro.
-¡PORQUE TARDAS!... ODIO LA IMPUNTUALIDAD... HAY REGLAS EN ESTA CASA Y LAS DEBES SEGUIR. Ingresa el joven a quien cure, ofuscando.
- Enseguida bajo... No encontraba que ponerme. Le respondo de manera tranquila.
-¿CON QUIÉN HABLABAS? ¿TIENES CELULAR?. Pregunta molesto.
- No utilizo nada de tecnología... Explotan si los toco. Le informo.
-PERO ESCUCHE CLARAMENTE QUE HABLABAS CON ALGUIEN.
- Pienso en voz alta... Vamos. Le digo.
Se quedo mirando la habitacion antes de salir y cerrar.
(Se que la oi hablar y no era precisamente como si pensara).
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Comments
Martha Cárdenas
está muy emocionante gracias
2024-11-24
1
Adoración del Carmen Martinez sonni
muy muy interesante,,me gusta 👌
2024-06-15
3
Sonia Iborra Camallonga
Muy interesante, diferente
2024-01-24
6