...SANDRA:...
La lluvia nos alcanzó tan rápido que no hubo oportunidad, el General Itans intentó apurar el paso pero la carreta se estremeció tan fuerte que solté un grito, se inclino a un lado y casi me caigo, quedé de cabeza con la mitad del cuerpo fuera de la carreta, a punto de golpear mi cráneo contra la tierra pantanosa.
El General Itans tiró de mi brazo de nuevo y detuvo al caballo a tiempo.
— ¿ Está bien? — Preguntó, estaba lloviendo tan fuerte que sus ojos estaban casi cerrados.
Asentí y bajamos de la carreta. Tomé la cesta dónde llevaba el pago de la mercancía y el General Itans fue a ver que había sucedido. Cuando tuve la cesta en la mano lo seguí.
— ¿ Qué sucedió? — Pregunté casi gritando ante el sonido de la lluvia, el agua estaba empezando a hacer su efecto, mi cuerpo ya estaba temblando y me pesaba la ropa.
El General Itans se había agachado junto a la rueda, se había roto en dos pedazos. Oh, esto no podía ser cierto, ¡ Qué mala suerte!
— ¡ La rueda se rompió! — Dijo él mientras se levantaba.
— ¿ Qué hacemos ahora ? Aún queda mucho camino y oscurece pronto — Dije asustada, él se estrujó la ceja mientras intentaba pensar en algo.
— Usemos el caballo — Sugirió y se acercó, desató el caballo de la carreta pero en ese momento un relámpago iluminó el camino y el trueno estremeció la tierra, haciendo que el caballo se pusiera nervioso y empezó a relinchar, a moverse bruscamente, el General y yo retrocedimos cuando se paró en dos patas y salió galopando hacia los árboles.
Esto era el colmo.
— No puede ser — Jadeé cansada.
— ¡ Maldición ! — Gruñó el General Itans después de dar una patada al aire, no lo había visto tan enojado.
Enterró las manos en su cabello mojado y caminó de un lado al otro.
— La carreta no se usaba desde hace un año, es vieja — Traté de aligerar la situación.
— Su padre debió verificar que estuviera en condiciones, ahora estamos varados aquí — Se detuvo y elevó su cabeza al cielo, la lluvia se hizo más fuerte como si no fuera suficiente con la rueda rota y el caballo asustado.
— ¿ Qué sugiere que hagamos ? — Pregunté y me observó como si lo hubiera insultado.
— No lo sé, no conozco mi entorno, no sé dónde rayos estamos o si éste camino es frecuentado por otras personas, la soledad del viaje me sugiere que no y que seguramente se hará de noche y estaremos aquí todavía — Extendió sus brazos.
¿ Por qué estaba tan molesto? Observé mi alrededor y recordé dónde estaba, afortunadamente conocía un lugar para pasar la noche.
— No podemos quedarnos aquí, suele haber ladrones cuando es de noche, no es seguro y usted no trajo su espada — Dije caminando, arrastrando mi falda con dificultad, esto era lo malo de usar vestido, se me llenó el ruedo de barro mientras caminaba fuera del camino — Ni modo, tendremos que dejar la carreta, así mi padre comprará una que no esté llena de termitas.
Traté de aligerar la situación con eso, se me deshizo el moño y me cayó el cabello por la espalda del peso del agua.
El General Itans me siguió pero la falda se me enredó con un arbusto, tiré enojada. Él se acercó y la quitó, agachándose. Estaba tan empapado, la camisa se le adhirió a la piel de esa forma, sus tetillas estaban tensas por el frío y sus músculos de nuevo quedaron al descubierto.
Me observó después de apartarse.
— ¿ Ahora qué falta Señorita Sandra? — Preguntó y fruncí el ceño — ¿ Siempre debo salvarla de algo ?
— No... Puedo defenderme.
Seguí caminando enojada, tampoco me gustaba ser la niña indefensa, me mantuve alerta para no caerme y darle la razón.
— ¿ A dónde vamos ? — Preguntó desconfiado y me detuve debajo de un árbol — ¿ Sabe a dónde va ?
— Si lo sé — Le dí una mirada firme — Hay un pequeño almacén de eno por aquí, cerca de unos molinos de viento, unos diez minutos y llegaremos — Señalé al frente.
— ¿ Podemos entrar en un lugar sin permiso del dueño ?
Asentí con la cabeza — Nos iremos temprano en la mañana, nadie se dará cuenta.
Me observó como si fuera dicho algo como " Mataremos al dueño "
— Esto no me gusta — Dijo intranquilo.
— ¿ Qué no le gusta ? — Pregunté, la brisa trajo más agua, pero ya no podíamos estar más empapados, me estaban empezando a temblar los dientes en cambio el general aún no mostraba ningún atisbo de frío, esto seguramente iba hacer que tuviera otra fiebre.
Pensé en una manta y una fogata.
— Jamás me había quedado varado a la intemperie — Se apoyó del árbol.
— Lo dice como si estuviéramos en medio de la nada — Me reí y frunció el ceño.
— Estamos en medio de la nada.
— No, conozco esto... Así que no se preocupe, no tema — Me burlé.
— No tengo miedo, usted se toma todo con ligereza — Me observó fulminante y avanzó de nuevo, caminé junto a él.
— No lo tomo todo con ligereza... Solo intento aligerar la situación — Dije y pisé un charco, me contuve de maldecir cuando mi vestido terminó de ensuciarse.
— Aligerar la situación ¿ cómo cuando me tomó la mano e inventó que era su prometido solo para callarle la boca a esa vendedora ? — Estaba enojado todavía y me detuve, también lo hizo — ¿ O también cuándo me tomó del brazo con mucha confianza frente a su hermana y el rey ?
— ¿ Por qué le molestó tanto ? — Gruñí también enojada.
— Todavía lo pregunta — Resopla frustrado — Liliam y el Rey Evans deben estar creyendo en estos momentos que yo la estoy cortejando.
— Solo intentaba ayudarlo ante el Rey Evans, él creyó que usted no está cumpliendo con su trabajo y quise aclarar que no era así...
— No era necesario que me tomara del brazo — Me interrumpió y me observó con severidad — Estoy aquí únicamente por mi misión... Y el Rey Evans seguramente me castigará por estar supuestamente distraído con usted... — Me pareció solo una excusa la razón de su molestia — Y su hermana se hará ilusiones con algo que no está sucediendo entre usted y yo... — Enfatizó en lo último — ¿ Por qué actuó así ? Tan despreocupada...
— ¿ Por qué le molesta lo que hago ? — Elevé mi barbilla a pesar de estar temblando como un gato callejero bajo la lluvia.
Apretó su mandíbula — Debería preocuparse de su pretendiente, darle abrazos en lugar de hacerme incomodar con sus actos inmaduro.
No podía creer lo que estaba escuchando, así que era por eso que estaba tan enojado, estaba celoso, sentí mi estómago punzar.
— No... No es problema suyo lo que haga o tenga que hacer con mi pretendiente — Dije altanera y frunció el ceño de nuevo.
— ¿ Por qué no lo mencionó a él cuando esa vendedora le preguntó qué si estaba comprometida ? ¿ Por qué inventó que era yo ? — Exigió, no era lugar para discutir, me estaba muriendo del frío, no contesté e hice ademán de caminar pero me tomó del brazo, nuestros ojos se encontraron — ¿ Qué le ocurre conmigo ?
Mi corazón empezó a repicar, me debatí entre decirle la verdad pero antes de pensarlo lo musité en voz alta.
— Mentí... Si me gusta y mucho — Dije y se tensó, sus ojos brillaron.
— No es correcto que una señorita como usted me diga esto — Murmuró.
— ¿ Por qué no ? Pienso que una mujer está en igualdad de condiciones que un hombre y que puede confesar lo que siente como lo hace un hombre... Pensé que era de mente abierta pero ya veo que es igual de tradicional que todos los hombres machistas de éste reino...
Me zafe de su agarre pero me tomó de nuevo.
— No soy machista, no se trata de eso, soy respetuoso...
— Descuide, no lo obligaré a corresponder a mis sentimientos, solo quería estar en paz conmigo misma y así me siento mejor, mi carga se aligeró... Debemos darnos prisa...
Me soltó, desconcertado y le dí la espalda pero sentía el ardor en mis ojos de las lágrimas queriendo salir pero no las derramé.
No hubo más plática, los molinos aparecieron en nuestro camino, las elices se movían lentamente contra la lluvia, caminé entre ellos hacia el pequeño almacén de madera y deslicé la puerta a un lado. Adentro estaba más oscuro pero una ventana en el techo permitía un poco de luz, había pilas de fajas de eno y olor a pasto seco.
Entré el General Itans me siguió mientras observaba todo a su alrededor, cerré la puerta y dejé la cesta en el suelo para exprimir el agua de mi cabello. No podíamos encender una fogata, todo terminaría quemado y tampoco teníamos como hacerlo.
Me senté en una faja de eno y me abracé, empecé a temblar con más fuerza.
— La posada no tenía más servicio que una habitación de eno — Bromeé para aligerar la tensión.
El General Itans se quedó un momento observando a todas partes y luego se sentó en otra faja cerca de mí.
— Es mejor que quedarse toda la noche bajo la lluvia — Susurró y frotó sus brazos, también estaba temblando de frío, mi nariz estaba empezando a moquear y estornude — Señorita Sandra tengo una idea, si nos quitamos la ropa podremos agarrar calor... Está demasiado mojada, el frío irá incrementándose.
— Entiendo — Dije pero no quería quitarme el vestido, no me coloqué corsé y mucho menos un camisón.
Empezó a quitarse las bocas mientras respiraba agitado por el frío, después fué por los calcetines. Se levantó y me tensé cuando deslizó sus pantalones, la forma en que cayó con un sonido húmedo.
Afortunadamente llevaba calzones, se quitó la camisa y dejó toda su ropa extendida sobre las fajas de eno apiladas. Estaba de espaldas así que pude ver su trasero, firme y sus piernas musculosas y bronceadas.
Se giró y desvié mi mirada.
— Tal vez así se seque un poco.
Me levanté y le di la espalda, mis manos temblaban, no podía alcanzar los botones en mi espalda.
— Maldición — Susurré.
— Yo le ayudo — Se ofreció él y me sentí tan nerviosa cuando se acercó, lo sentí muy cerca en mi espalda, aparté mi cabello y lo coloqué sobre mi hombro.
Sentí sus dedos en la tela para desabotonar mi vestido, lentamente hasta que sentí el frío rozarme y erizar mi piel. El vestido cayó pesado al suelo y él se apartó de mí.
Saqué mis pies del aro húmedo de tela y lo recogí. También lo extendí sobre la pila, tenía las enaguas húmedas pero no tanto para incomodar, ya era suficiente con tener que estar con el torso desnudo, el destino siempre me ponía en situaciones avergonzantes cuando estaba cerca del general.
Traté de no quedar a la vista, nos sentamos de nuevo y comimos los frutos secos que quedaron en el fondo de la cesta. Quería una cena caliente y mi cama caliente, pero estaba sentada en el rústico eno y con frío, seguía temblando, abrazándome y cubriendo mis senos pero el General Itans no tenía su mirada en mí.
La lluvia se estaba calmando pero el frío no, el lugar cada vez se oscurecía más.
El General Itans se levantó de nuevo y caminó hacia un montón de eno suelto.
— Deberíamos tratar de dormir — Dijo y me negué.
— El eno da comezón.
— Es mejor que dormir en el suelo.
Se dejó caer en la pila de eno, se quedó boca arriba pero desde mi posición no pude ver su expresión, me quedé un momento sentada y luego me acerqué sin dejar de cubrir mi desnudes.
Me acosté, dejando un espacio entre él y yo, el eno no tardó en darme comezón pero no podía quejarme.
Me coloqué de lado en posición fetal pero mi cuerpo no dejaba de temblar.
— Hace mucho frío — Susurró y cerré mis ojos.
El eno crujió y sentí la piel de su pecho en mi espalda.
— ¿ Qué hace ? — Me sobresalté.
— Calor corporal — Dijo, su cuerpo temblaba contra el mío, junto sus piernas con las mías, estaba tan frío — Deberíamos abrazarnos... Así nuestros cuerpos se calentarán más rápido.
Me giré y rodeé su espalda, me pegué a su pecho, apoyé mi cabeza de su brazo y me rodeó en sus brazos, entrelazando nuestras piernas.
Cerré mis ojos, nuestras respiraciones cortadas se mezclaron, su corazón latía con fuerza, el roce de su piel con la mía no tardó en darme otro tipo de calor, creciendo entre mis piernas. Me mantuve quieta, fingiendo que no me estaba sucediendo algo, su respiración cálida rozó mi frente, me quedé respirando contra su cuello.
— Su padre debe estar preocupado, me dijo que la cuidara y mira como terminamos — Dijo, su voz retumbó en mi cuerpo entero.
— No fué su culpa, fué de la carreta, de la lluvia, del caballo — Dije y me reí ante tantos culpables.
— No quiero que vuelva a enfermarse — Susurró mientras su agarre se apretaba.
— ¿ Le preocupo? — Pregunté y eleve mi rostro, su mirada estaba puesta en mí.
Estábamos tan cerca, mi cuerpo se estaba despertando cada vez más rápido, me evaluó el rostro y observó mi boca y su brazo se movió, su mano se posó en mi mejilla y luego sostuvo mi mandíbula.
Sin previo aviso sus labios terminaron en los míos.
Me quedé quieta, sin saber cómo responder, cerré mis ojos. Empezó a mover su boca con suavidad y delicadeza, era tan cálida y carnosa, moví mis labios, siguiendo su movimiento y no tardé en acoplarme a ellos.
Succionó mi labio inferior y luego rozó sus dientes, gemí. El hormigueo apareció y enterré mis dedos en la piel de su espalda. El roce de su barba me hizo cosquillas y temblé, el calor apareció y el frío ya no era una molestia.
Me abrió la boca con la suya, su lengua rozó la mía, soltó un gruñido y mis labios se movieron desesperados, lo besé como si me faltara el aire y el fuera mi salvación.
Su boca parecía pertenecer en la mía, el beso era tan maravilloso e intenso que nos mantuvimos rozando nuestras bocas por tanto tiempo sin apartarnos.
Rompió el beso pero solo para regar besos por mi mandíbula y por mi cuello, gemí con fuerza cuando sus labios rozaron mi piel sensible, mi cuerpo se elevó.
Se colocó arriba de mí, y enterré mis manos en su cabello. No quería que parara, el peso de su cuerpo incrementó mi necesidad, presionó sus caderas contra las mías, su firmeza me estremeció mientras volvía a atrapar mi boca.
Pero se detuvo y se apartó.
Jadeé, no dijo nada, ni yo tampoco.
Nos quedamos observando el uno al otro. Sus ojos estaban brillantes con necesidad.
Se volvió a acostar y me dió la espalda, el frío volvió a rozarme de nuevo, me quedé desconcertada sin comprender su reacción.
Traté de volver a calmarme pero mi corazón seguía latiendo a prisa y la sensación en mi boca siguió plasmada.
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Comments
Liss Caro
me encantó que la ayudara a pesar de estar molesto ,es muy caballeroso 😍
2025-02-24
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Mel G.
Eso mi campeona, no muestres debilidad
2024-12-20
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Yesica López
Haaa a que emoción
2025-01-20
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