Cristian entró en aquel cuarto frío y al ver a su esposa conectada a todos esos aparatos y en el estado en el que se encontraba, su nudo en la garganta se hizo más grande, tanto que le era difícil respirar o hablar. Las lágrimas amenazaban con salir, respiró y tomó fuerzas, no quería verse débil en ese momento en el que sería él quien le diera seguridad y valor a su esposa. Se acercó y le dio un tierno y largo beso en la frente, tomándola de la mano.
- Tranquila, cariño, ya estoy aquí contigo. Como mis votos matrimoniales, estaré contigo en las buenas y en las malas -dijo Cristian, con lágrimas en los ojos.
- Lo... Se... Te amo... Tos... Tos... Soy la mujer más feliz de haberte conocido... Cuida de nuestro hijo -hablaba Elizabeth con dificultad.
- Tranquila, no te alteres, cariño. Saldrás de esta. Respira -dijo Cristian, con el nudo en la garganta e impotencia de no poder hacer nada. Se hacía el fuerte por ella.
- Cristian, prométeme que, sin importar qué, serás feliz y seguirás tu vida -le dijo Elizabeth, agarrándole la mano y mirándolo fijamente.
- Cariño, ¿pero qué dices? Soy el hombre más feliz por tenerte a ti y a nuestro hijo -respondió sorprendido Cristian.
- Prométemelo... Prométeme que te darás otra oportunidad -dijo Elizabeth, respirando con dificultad.
- Te lo prometo, te lo prometo, pero por favor, tranquila, respira, ya no hables, no te esfuerces -Cristian se lo prometió para que se calmara y se quedara tranquila.
- ¿Y Mariam? Quiero verla, dile que pase -dijo Elizabeth, tomada de la mano de Cristian.
- Bien, ya la llamo, no te alteres mucho, quédate tranquila -dijo Cristian, dándole un beso en la frente.
- ¿Puedes... Besar mis... Labios? -preguntó Elizabeth, mirándolo con ternura.
Cristian, extrañado por su petición, lo hizo. Dejó un tierno y cálido beso en sus labios y luego salió en busca de Mariam, quien estaba a la espera de su turno para poder verla. Se levantó de la silla muy deprisa y entró a la habitación. Al ver a Elizabeth, no pudo evitar llorar. Se acercó, la besó en la frente y le dio un pequeño y delicado abrazo.
- Ya estoy aquí, Eli. Perdóname por dejarte sola. Fue porque insististe tanto en que fuera a acompañarlo y que tú estarías bien, y mira, no me volveré a separar de ti ni un minuto. Mariam, tratando de contener las lágrimas para no alterarse.
"Mariam, tranquila. No es tu culpa. Solo escúchame. Mi deseo de cumpleaños, prométemelo una vez más", Elizabeth agarrándola de la mano y mirándola a los ojos con una lágrima que le bajaba por su pálido y desgastado rostro con dificultad.
"Te lo prometo. Cuidaré de tu hijo como si fuera el mío y de él. Te amo, eres como la hermana que nunca tuve", Mariam no pudo contener más las lágrimas que comenzaron a brotar cada vez más y más con intensidad.
"Mariam... tos... tos. Hermanita, gracias. Yo te amo. Te elegí a ti...", Elizabeth dibujó una sonrisa en su rostro, cerrando sus ojos dio su último suspiro.
"Descansa tranquila, Eli. Conocerte fue lo mejor que me ha pasado", Mariam soltando el llanto y sacando todo el dolor que sentía, salió devastada de la habitación.
Casi no se podía sostener ni respirar. Cuando Cristian la vio salir en ese estado, ya sabía lo que sucedía. No pudo contener las lágrimas y su dolor pegó un grito desgarrador.
Mientras Leo trataba de calmarlos, enfermeras y el doctor notaban la hora del deceso.
La desconectaron y la prepararon para llevarla a la morgue.
Ya sabían la causa de la muerte. No podían hacer reanimación. Su cuerpo no daba para más. Sufría de una enfermedad terminal y estaba muy avanzada. El cáncer había hecho metástasis y afectaba parte de los órganos más de su cuerpo
.
"Vamos a casa, señor. Aquí ya no hay nada que hacer. A la señora no la entregan en la tarde, por ahí a las 5 pm, para la velación", Leo tranquilizaba a Cristian.
"Leo tiene razón. Aquí ya no hay nada más que hacer. Vamos a casa a cambiarnos y descansar un poco para ir a la funeraria", Mariam se levantó de la silla y secó sus lágrimas.
"Leo, encárgate de los preparativos de la funeraria y del entierro. Yo no tengo cabeza para eso. Avisarle a los amigos más cercanos de mi esposa", Cristian secándose las lágrimas y con su chaqueta en mano y despeinado, salió como zombi del hospital.
Leo, vamos a casa a llevarlo y que descanse, y yo te acompaño a preparar todo para la velación y el entierro. Mariam, cogida del brazo de Leo, salió del hospital.
Los tres regresaron a casa en silencio, cansados, devastados. Cada uno unido en su tristeza y pensamientos. Cuando llegaron a la mansión, Cristian subió a ver a su hijo, Leo dio la noticia a los empleados y Mariam fue a tomar una ducha y cambiarse para volver a salir con Leo.
Bajo totalmente vestida de blanco, dio la orden de que todos vistieran de blanco para la velación. A las 10 am salió con Leo a encargarse de los preparativos: el cajón, la funeraria y el cuerpo de Elizabeth. A las 5 pm ya todo estaba listo, ya habían trasladado el cuerpo a la funeraria, lo habían maquillado y vestido como Mariam había pedido. A las 6 pm ya estaban llegando los amigos y familiares más cercanos de Cristian y Elizabeth. Mariam se mantenía tranquila, escondía su dolor, pero cuando llegó su mejor amiga Ximena y Carlos, el primo de Cristian, se derrumbó, lloraba como niña pequeña sin consuelo en sus brazos. Venían directo del aeropuerto, también habían viajado, no más se habían enterado de que Elizabeth estaba en el hospital. Cristian también acababa de llegar, todos lo abrazaban y le daban el pésame, pero debajo de sus lentes oscuros escondía su dolor. Su compostura se quebró cuando llegó donde el primo Oscar, con quien en sus brazos lloró como niño pequeño.
Todo el que llegaba le daba el pésame a Cristian y se sentaban a tomar café. Algunos se acercaban a ver el cajón donde reposaba el cuerpo de Elizabeth y lloraban, otros no sólo hablaban con los demás y saludaban unos a otros. Entraban y salían todos vestidos de negro, así duraron por cuatro horas. A las 10 pm ya todos los invitados se habían retirado. Sólo quedaban Ximena, Carlos, Leo, Cristian, Mariam y Nicol, quien estaba pegada a Cristian como chicle. Su secretaria no perdería oportunidad para atraparlo y ahora que había muerto su esposa y tenía el campo libre, o eso creía ella.
Mariam se acercó al ataúd de su amiga y no podía evitar llorar. Se despidió y salió. Tras ella, salió Ximena y Leo para ver que no le pasara nada, pero no más llegó a la puerta, se desgonzó al suelo.
"MARIAM... Amiga, ¿estás bien? ¿O nena, estás pálida? Vamos al hospital", dijo Ximena levantándola del suelo.
"No, solo quiero ir a casa a descansar", dijo Mariam levantándose con dificultad.
"Leo, llama a Carlos. Dile que traiga a Cristian que ya nos vamos. Dile que Mariam está mal. Amiga, ¿ya comiste algo?", preguntó Ximena ayudándole a caminar hasta el carro.
"No, no he tenido tiempo, tampoco ganas", respondió Mariam subiendo al auto ayudada de Ximena.
"Tendrás que comer algo no más lleguemos", dijo Ximena subiéndose adelante.
Leo y Carlos trajeron a Cristian. También se sentía débil y estaba inconsolable. Lo subieron al auto al lado de Mariam y al otro lado Carlos y Leo, quien era el que manejaba. Ya todos en el auto, se pusieron en marcha a la casa. Cuando llegaron, Sonia, quien los esperaba en casa y quien cuidaba al pequeño, pidió que le sirvieran la cena. Pero Cristian, en silencio, subió y se metió a su despacho. Los demás lo dejaron. Mariam sí le hizo caso a su amiga y fue a comer algo, así no pudiera por la tristeza y el dolor, pero tenía que estar bien para el entierro al otro día.
Ximena y Carlos cenaron con ella, pero estaban tan cansados que la dejaron sola y se fueron a descansar. Mariam se quedó un buen rato pensando en la mesa. Luego le pidió algo de comer a la cocinera y subió al despacho a llevarle a Cristian, quien estaba sentado en su escritorio descamisado y con una copa de whisky y la habitación destruida.
_"Cristian, tienes que comer algo", dijo Mariam acercándosele con la bandeja.
_"No quiero nada, llévate eso y déjame solo", respondió Cristian con los ojos hinchados de tanto llorar, mirándola feo.
"_Entiendo tu dolor, pero debes comer algo y me parece que tomar alcohol en este momento no es buena idea", dijo Mariam acercándosele más. Le dejó la bandeja cerca y le corrió la botella de whisky.
_"¡Qué no quiero nada! Sal de aquí, déjame solo", gritó Cristian furioso, botando la bandeja al suelo.
"Pero, ¿qué demonios te sucede? ¿Crees que a mí no me duele todo esto? No voy a aguantar tus estúpidas niñerías y faltas de respeto", dijo Mariam furiosa mientras lo miraba fijamente.
_"¡A propósito, niñerías es mi esposa y la mamá de mi hijo, la que acabo de perder! Y si hablamos de comportamientos infantiles, ¿por qué no miras los tuyos, Mariam? Déjame solo", respondió Cristian mientras se sentaba de nuevo.
_"Bueno, yo no estoy para esto. Buenas noches, señor Cristian", dijo Mariam mientras salía del despacho para ir a dormir o tratar.
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Comments
Nelly Seila Gonzalez
hay que entender a Cristian acaba de perder al amor de su vida a su esposa y madre de su hijo
2023-10-23
1
Yandisita Perea Maturana
esta historia aparte de demorada me parese nefasta yo no quería que elizabeth muriera que se recuperara del cáncer que estuviese con hijo pero ahora les dejó la autora el camino libre a los infieles para seguirse revolcando porque cuando eli estaba enferma mostrada en una cama el esposo sinvergüenza infiel no le importó engañarla con la mustia, a solapada de mariam esa es otra hipócrita falsa le dan la mano la ayudan y agradece acostándose con el marido de eli que ese par no sean felices no se lo merecen.
2023-04-22
0
Ingrid Dancourt Celis
Bonita historia, pero deseo la segunda parte
2023-04-20
1