El viaje :Venecia la ciudad del amor

Ya llevaban 5 días en el lugar más romántico y turístico de Italia, la ciudad del amor. Gran parte de sus turistas eran parejas muy felizmente enamoradas. La ciudad estaba plagada de ellas, en cada rincón se desbordaba amor y ternura. Los paseos en canoa al atardecer por la ciudad construida encima del agua eran espectaculares, un momento mágico para aquellas parejas cursis.

Cristian estaba tan agobiado por el comportamiento de Mariam. A pesar de estar tan cerca y a la vez tan lejos, estaban en un lugar hermoso y romántico, pero ella le había aplicado la ley del hielo. A él le parecía tan infantil de su parte.

Él le había pedido disculpas de diferentes maneras, pero ella no accedía. Él se sentía inquieto con su actitud, no soportaba verla tan hermosa con sus vestidos elegantes y empresariales durante el día, y en la noche, sexy y ardiente con sus pijamas. Era irresistible para él, quería correr todo el tiempo tras ella y suplicarle, pero él también tenía su orgullo y dignidad. Le daba su espacio, no quería estar arrastrándose como un perrito faldero todo el tiempo.

En la noche, decidió salir a divertirse y despejar la mente con unos tragos. Cerca del hotel había un bar muy bonito y elegante. Estaba en la barra tomando solo cuando dos rubias flacas y elegantes se le acercaron, llamando su atención. Eran extranjeras atrevidas y lanzadas. Iván directo al grano, le ofrecieron unos tragos y él a ellas, por educación. En unos minutos, ya estaban los tres solos en una mesa, entre risas y tragos, ellas iban agarrando más confianza.

Mientras tanto, Mariam, muerta del aburrimiento, se alistó y bajó a recepción. Quería beber hasta perder la conciencia y no recordar ni su nombre. Preguntó a la recepcionista si había un bar cerca del hotel y si le podían llamar un taxi.

Un hombre más joven que Cristian, que estaba cerca, escuchó a Mariam hablar de un bar y se ofreció a llevarla. Él también iría por unos tragos. Mariam dudó unos minutos.

- Tranquila señorita, también me hospedo en este lugar -dijo el joven, mirándola con una sonrisa amable.

"Si, pero eres un desconocido", dijo Maríam mirándolo seriamente.

"Bien, entiendo tu desconfianza. Te aseguro que no soy un psicópata o asesino en serie. Me llamo Roy", dijo estirándole la mano.

"Maríam, mucho gusto. Está bien, acepto ya que te presentaste", dijo Maríam dándole la mano y sonriendo.

Roy ya tenía un taxi esperándolo, no tardaron más de 15 minutos en llegar. Maríam y Roy entraron al lugar como dos buenos amigos, como si se conocieran desde hace mucho tiempo. No estaba tan lleno, así que no más se acercaron a la barra a pedir sus bebidas. Maríam se dio cuenta de la presencia de Cristian. Estaba en una mesa del fondo con dos rubias.

Ella no le dio mucha importancia, no volvió a mirar hacia allá. Tomó su bebida y se dirigió a una mesa con su nuevo amigo Roy. Entre charla, risas, mojitos y margaritas, Roy le contaba de su vida y anécdotas chistosas que le habían sucedido. Ella se le había olvidado la presencia de Cristian y que estaba coqueteando con dos rubias.

Cristian se levantó al baño y pasó por el lado de ellos, haciendo que ella lo notara, porque desde que se habían sentado en la mesa, él se había dado cuenta de la presencia de Maríam. No sabía si era coincidencia o si ella lo estaba siguiendo.

Cristian moría de rabia y celos. Maríam estaba hermosa con un vestido azul corto y escotado que hacía juego con sus ojos, el cabello suelto y maquillada muy hermosa. Reía y tomaba con un extraño. Cristian no pudo soportar más, de regreso del baño se sentó en la mesa con ellos, al lado de Maríam, y llamó a un mesero, algo serio y territorial, mientras Roy estaba callado y tranquilo. La pobre chica estaba incómoda y muy enojada, que se puso roja de la ira.

"¡Si señor, ¿qué desea?!", preguntó el mesero.

"¿Nos puede traer una botella del mejor trago de este lugar?", dijo Cristian mirando a Roy retóricamente y a Maríam con una sonrisa pícara.

"Sí, señor, enseguida", respondió el mesero retirándose.

"Maríam, no me presentas a tu amigo", dijo Cristian seriamente mirándola fijamente.

"No, ¿por qué no mejor regresas a tu mesa con tus nuevas amigas? Veo que te esperan", dijo ella, mirándolo y retándolo con su mirada mientras tomaba su mojito de un sorbo.

"Qué maleducada eres, me presento yo mismo. Mucho gusto, Cristian", dijo él, mirando a Roy y estrechándole la mano. "Sobre mis amigas, tranquila, no me importa que esperen", agregó Cristian, mirando con el ceño fruncido a Mariam.

Roy, que estaba callado analizando la tensión que había entre esos dos, ya sospechaba que eran o habían sido pareja o pasaba algo entre ellos.

"Bien, Mariam, fue un gusto conocerte. Me retiro. Obviamente, ustedes tienen muchas cosas que hablar y arreglar sus asuntos", dijo Roy levantándose de la mesa educadamente.

"Espera, no te vayas. Este sujeto y yo no tenemos nada de qué hablar ni nada que arreglar", respondió Mariam mirándolo y bebiendo un sorbo de su trago.

"No quiero incomodar ni intervenir en discusión de pareja", dijo Roy, tranquilo, mientras le guiñaba un ojo a Mariam.

"Vaya, me caíste súper bien. Fue un gusto conocerte. Tú sí que reconoces la tensión en el ambiente entre la señorita aquí presente y yo", dijo Cristian mirándolo y sonriendo.

Roy estaba a punto de marcharse cuando llegó el mesero con la botella. Cristian lo invitó a quedarse y tomarse unas copas con él, alcanzándole una copa.

"No quiero incomodar. Ustedes necesitan privacidad", rechazó Roy la invitación y la copa.

"Tranquilo, Roy. No incómodas para nada. Quédate, créeme, es interesante compartir unas copas con este sujeto", dijo Mariam mirando a Roy relajada con una sonrisa, luego miró a Cristian y le mostró una sonrisa fingida.

No veía por qué amargarse la noche. Quería beber y disfrutar, y la presencia de Cristian no sería un obstáculo. Respirando hondo y contando hasta 100, se relajó. Los tres comenzaron a beber, Roy y Cristian hablaban y se conocían mientras Mariam mandaba mensajes en su celular y miraba sus redes sociales. Cuando de pronto recibió una llamada, así que se levantó y fue a contestar.

Era Leo, algo alterado. Elizabeth había tenido una recaída. Tenía mucha tos, escupía sangre y se había desmayado, y la tuvieron que llevar de urgencia al hospital. Era grave. Ya le habían hecho dos transfusiones de sangre, y no eran buenas noticias.

Mariam le dijo a Leo que regresarían lo más pronto posible y colgó, pero el nudo en su garganta y las ganas de llorar no las pudo aguantar más. Bañada en lágrimas, se acercó a la mesa donde estaba Cristian y Roy.

- Nos tenemos que ir ya... ¡Muévete! - Mariam, despidiéndose de Roy, salió del bar como alma que lleva el diablo, deteniendo un taxi.

- ¡Espera, hermosa! ¿Qué pasa? ¡Por el amor de Dios! Ya deja de ser tan infantil y háblame - Cristian, confundido, corriendo tras ella.

- Es Elizabeth, tenemos que regresar a casa hoy mismo - Mariam, subiéndose al taxi.

Cristian, asustado, sorprendido y confundido, se montó al taxi tras ella. Y revisó su celular, tenía nueve llamadas perdidas de Leo. Le devolvió la llamada y recibió la misma noticia que Mariam. En silencio, llegaron al hotel, subieron a la habitación. En menos de media hora, ya tenían todo listo, tomaron el equipaje y salieron de prisa del hotel. Ya Cristian tenía todo listo, un auto que los esperaba para llevarlos al aeropuerto y había programado un vuelo privado.

A las 9:00 pm, ya estaban montados en el jet privado. Durante todo el vuelo de regreso, no se dijeron ni una sola palabra. Mariam, preocupada por Elizabeth, no paraba de llorar. Tenía un mal presentimiento. Llamó a Ximena y a Carlos para avisarles que aún seguían en el Medio Oriente.

Cristian también estaba preocupado por su esposa y la mamá de su hijo. Estaba devastado, pero no lo dejaba ver. Se hacía el fuerte. A las 8 am del siguiente día, no más tocaron tierra, ya estaba un auto esperándolos. Pasaron directo al hospital donde Elizabeth estaba entre la vida y la muerte.

El primero en entrar a verla fue Cristian. Lo dejaron entrar sin problema, era su esposo y porque Elizabeth no dejaba de preguntar por él, al igual que por Mariam.

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Comments

Nelly Seila Gonzalez

Nelly Seila Gonzalez

hay pobre Elisabeth no tenía que morir no es justo pero ahora Miram se quedara a cargo de su bebé y su esposo porque ella se lo prometió a Elisabeth y las promesas se cumplen

2023-10-23

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