Capítulo 13
Jacob no podía dejar de pensar en el momento tan excitante que vivió en la habitación con su ahora esposa. Alejandra era una mujer común pero conservadora; no como las demás a las que estaba acostumbrado a llevar a la cama. No entendía porque se sentía tan atraído, Alejandra lograba sacr lo peor de él. Se excitaba solo de pensar en poder hacerla suya, pero a la fuerza no. Jacob había quedado en que no tendría intimidad. Había sido un idiota al haber puesto esa condición ya estaba arrepentido era demasiado tarde, se sentía atormentando. Quería realmente descubrir que ella era Virgen era tan enfermizo su deseo. Salió del despacho para ir a buscar a su incondicional para que le quitara las ganas. Como todo hombre con dinero tiene una mujer para apagar su fuego.
Alejandra estaba en la habitación aún con Stanford eligiendo el vestido que usaría para el cumpleaños de su suegro. Le asustaba no complacer ese día a Jacob y que ambos fueran delatados por sus mentiras. Una hora más tarde Stanford se retiró.
Alejandra bajó a la sala se dirigió al piano y comenzó a practicar, ya que no había ido al conservatorio tenía que ensayar. Siempre el piano había sido su escape le quitaba la tristeza; llenaba su corazón de paz. Enedina se sorprendió al escuchar el piano, su curiosidad no resistió saber si era Alejandra quien tocaba esa hermosa melodía. Enedina se acercó ella la observaba con tanta ternura que hasta sintió compasión de verla encerrada como un ave sin libertad. Alejandra se dio cuenta de la presencia de Enedina, cambio de melodía para deleitarla. Cuando termino Enedina le aplaudió.
—Gracias, Enedina. Eres muy amable.— dijo Alejandra
—Toca hermoso Señora, tiene mucho tocando el piano?.— preguntó Enedina
—Toda mi vida; estudio en el conservatorio pronto daré clases ahí. El día que no llegue a dormir fue porque celebre con mi mejor amiga mi nueva oportunidad laboral.—respondió Alejandra
—Muchas felicidades Señora. Le va a ir muy bien, con su permiso me retiro.— dijo Enedina
Enedina no podía creer que ella fuera tan sencilla, dulce, preparada y sobre todo que quisiera trabajar. Cada vez se sentía más atrapada en la enigmática esposa de Jacob. Sentía lástima por ella; desde que llego al departamento con Jacob no la había visto comer por lo tanto decidió hacerle algo especial mientras Alejandra seguía ensayando. Enedina se inspiraba con tan hermosas melodías.
Después de un rato Enedina se acercó a Alejandra para decirle que le había preparado algo especial. Alejandra recordó que no había probado bocado y aceptó.
—Enedina, cena conmigo. No me gusta cenar sola.—dijo Alejandra
—Señora no está bien visto que la servidumbre cene con los señores.—respondió Enedina
—Vas a despreciarme. Anda cenemos juntas por favor; Prometo no decir nada, es más comamos en la cocina prefiero, ya que el comedor es enorme nos vamos a sentir solas.—dijo Alejandra
—Esta bien señora, pero enfrente del señor Souberville. No debe tener este comportamiento; no quiero que tenga problemas con él. Me lo puede prometer?.— preguntó Enedina
—Es una promesa.—respondió Alejandra
Ambas cenaron, Alejandra le contó sobre su vida. La muerte de su padre, el odio de su madre hacia ella, la reciente muerte de su abuela. Alejandra no pudo contener sus lágrimas. Enedina la escuchaba y la consolaba. No preguntó nada sobre el matrimonio tan repentino tampoco por su clase social. Enedina solo veía a una chica con mucho talento, Sencilla, pero temerosa del mundo. Era imposible no pensar si su niño Jacob la obligó a casarse con él, si ese era realmente el motivo era para hacer enojar a sus padres; la única víctima seria Alejandra. Enedina derramó lágrimas sólo de pensarlo. Alejandra la miro y solo la abrazó.
En plena madrugada despertó Alejandra y se percató de que no estaba Jacob. Sentía alivio, pero también pensaba que habría pasado para que no llegara. Se le ocurrió la brillante idea de tratar de huir no quería permanecer en ese juego macabro. Se puso ropa cómoda y salió de la habitación como un gato sigilosamente tratando de no hacer ruido, antes de llegar al elevador Enedina la interceptó.
—Señora no puede irse.— dijo Enedina
—Por favor Enedina ayúdame a huir, no puedo esperar a que mi esposo regrese y me forcé a ser suya.— dijo Alejandra
—Que dice no puedo creerlo a tratado de forzarte?.—preguntó Enedina.
—Si, en la mañana casi me arrebata mi virginidad. Tu me salvaste.—respondio Alejandra
Enedina no sabía que hacer, definitivamente le ayudaría.
—Alejandra no puedes irte solo así; espera iré a mi recámara y traeré mis ahorros por si necesitas algo.—dijo Enedina
—No puedo aceptarlo además son tu ahorros. Yo buscaré la manera.— dijo Alejandra
—Me sentiré más tranquila que te lleves algo de dinero.—dijo Enedina
Enedina fue a su recámara, le preparó una pequeña mochila y le dijo que se irían por la puerta que da a la escalera de emergencia para que la seguridad no la detuviera y la alarma no se activara.
Ambas mujeres iban asustadas, logró sacarla con éxito hasta la calle; Enedina la acompañó a buscar un taxi. Caminaron demasiadas calles. Pero encontraron un taxi, Enedina la abrazó. Se despidió de ella.
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Updated 91 Episodes
Comments
Melisuga
*ha tratado
2024-12-08
0
Cinzia Cantú
Uiiii creo que se armó. El señor va a explorar de la btonca
2024-10-15
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Elena Garcia
Considero un error de Enedina..... vamos a ver qué pasa.
2024-10-07
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