El cuerpo de mamá yace al final de las escaleras.
No se mueve.
No hay gemidos.
Ni siquiera un susurro.
Solo el sonido de la respiración entrecortada de papá mientras sus dedos torpes marcan el número de emergencias.
El aire pesa.
No hay vuelta atrás.
El reloj de la sala sigue su marcha, indiferente. Tic, tac, tic, tac...
Un escalofrío recorre mi espalda. No es miedo. Es… anticipación.
Todo es un caos, y yo solo le ruego a Dios, o al diablo, que no le permitan regresar. Que se la lleven al otro mundo.
Mis ojos se llenan de lágrimas. Mi cuerpo tiembla.
Un perfume que reconozco y amo inunda mis fosas nasales. Siento aquellos brazos fuertes, los mismos que siempre he añorado, envolviéndome por la cintura.
—Nena, ven… No debes ver esto —murmura Gerónimo, alejándome del lugar y llevándome a mi habitación.
No pronuncio una palabra.
Me mantengo en silencio.
Mis manos tiemblan.
Mi cuerpo entero se estremece.
Pero no es por los motivos que él imagina.
—Brenda… Quédate aquí —intenta tranquilizarme—. Voy a ver en qué puedo ayudar.
—No… por favor, no me dejes —sollozo, aferrándome a su cuerpo.
Y entonces, para mi desgracia, entra la bruja. Mostrando un acongojamiento hipócrita.
—Gero, amor, ve y acompaña a Arnold. Yo me quedo con Brenda.
Quiero negarme, pero eso podría delatarme.
—Yo quiero ir con papá —digo con la voz temblorosa, llena de pánico.
No por lo que ellos creen.
Quiero ir y asegurarme de que no despierte.
Ambos asienten.
Marla me recorre con la mirada de arriba abajo, despectiva.
—Lo mejor es que te cambies de ropa. En los hospitales hace bastante frío.
Asiento, aunque por dentro estoy que ardo de furia.
"Esa anciana… ¿Quién se cree para decirme cómo vestir?"
***
En el hospital. El pasillo apesta a desinfectante y tragedia.
El aire pesa, como si el dolor de todos los que han lloriqueado aquí se aferrara a las paredes.
Papá está en el sofá, con la cabeza agachada y las manos cubriéndose el rostro. Su pecho sube y baja, como si le costara respirar.
Gerónimo lo observa con pesar.
—Amor, déjame averiguar qué tan complicadas están las cosas —le dice a la bruja.
Ella asiente y le da un pequeño beso.
Mi pecho se aprieta. Mis ojos se cristalizan.
Me duele.
Me duele tanto que ella lo toque.
No debería tocarlo.
No debería siquiera mirarlo.
Marla es un estorbo. Un error que tarde o temprano eliminaré
Él es mío, aunque aún no lo sepa.
Quiero ir con Gerónimo, pero Marla me detiene.
—Espera, nena…
—Arnold… amigo —lo llama Gerónimo.
Papá levanta la vista, pero parece que le pesa hasta el alma.
Su rostro está hinchado, surcado por lágrimas que no dejan de caer.
Sus labios tiemblan, y cuando al fin habla, su voz es apenas un susurro roto.
No hay necesidad de más palabras.
Siento cómo la bruja se estremece y comienza a sollozar.
—Gero… San se me fue. Dime, ¿que voy a hacer ahora?
Me quedo inmóvil en mi lugar.
Mi hombre se acerca y abraza a mi padre.
—Lo siento… Sabes que cuentas conmigo para lo que necesites —la voz de Gerónimo suena rota.
—Gra, Gracias… —tartamudea papá.
La bruja no para de sollozar.
Yo, aunque permanezco quieta, sonrío internamente.
"Dios me ama." Un problema menos.
Marla me abraza, pretendiendo consolarme.
Siento cómo mi estómago se revuelve, pero ella no nota mi incomodidad.
—Lo siento, pequeña —dice con ese tono lastimero que detesto.
Me obligo a derramar un par de lágrimas.
Debo parecer afectada.
Dejo que mi cuerpo tiemble. Justo lo necesario. Ni demasiado. Ni muy poco.
Y cuando cierro los ojos… ahí está.
La sonrisa que nadie puede ver.
Papá se acerca y me envuelve en un abrazo fuerte.
Sus sollozos se mezclan con sus palabras.
—Mi princesa… Sé que este momento es muy duro para ti. La vida nos arrancó en un pestañeo… a tu madre. Aún me cuesta creerlo.
Llora mientras besa mi cabello.
Lloro contra su pecho.
Me aferro a él con fuerza, como si el dolor fuera insoportable.
Pero… lo que realmente me duele es verlo a él tan vulnerable.
Mamá se lo buscó.
Ella es la única culpable de no estar aquí.
La vida es así. Algunos ganamos, otros pierden.
Mamá Solo tenía que mantenerse callada… pero prefirió a la bruja antes que a mí, que era su sangre.
Lo siento por papá, pero la vida es así: solo el más fuerte sobrevive.
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Comments
Claudia Patricia Cruz Saa
Esto pasa cuando acostumbramos a dar le todo a nuestros hijos, después ellos piensan que todo se lo merecen aunque no se lo ganen piensan que la vida se los debe, sin importar que no sea de ellos. igualmente lo toman sin importar las consecuencias
2025-03-17
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Tere Roque 🇨🇺
estúpida, ya kisieras tú estar x 1 día nada más ➕️ físicamente y mentalmente cm Marla, pr seres desprovistos de sentimientos y de virtudes noooooooo podrán jamás ❌️ emular con kien sin cirugía ni trasplantes de ninguna índole tienen 1 cuerpazo espectacular y 1 mente prodigiosa y x tanto privilegiada, ASÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ k zorripilanta y trepadora podrás pasar desapercibida 1 tiempo pr repito te atraparán xq nadie absolutamente nadie se va debiendo nada tod@s l@s pagan akí en la tierra 🌎 y tú no serás la excepción
2025-03-25
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Ninoska Puertas
No es fácil perder de un momento a otro la persona que amas, eso debe ser desgarrador, por lo menos cuando está enferma y sabes que en un momento va a morir, uno como que se va preparando para ese momento, pero que se muere de un momento a otro debe ser muy fuerte, es que hace unos instantes estaban todos reunidos hablando tranquilamente.
Pobre Arnold, su propia hija le quitó el amor de su vida
2025-03-18
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