Sin máscaras

Dejando a Vita vestida y más tranquila, Susana bajó a esperar a Esther. Cuando llegó, la detuvo un momento para pedirle que se llevara a la señorita Vita, pues temía que pudiera ocurrirle algo malo. Esther entró en la sala.

"Esther, la señora te espera en la biblioteca", anunció Susana. Al llegar a la biblioteca, María le invitó a sentarse y pidió a Susana que les sirviera café

"Qué gusto verla, Esther, vayamos al grano, si no le molesta", le dice con un decoro propiamente falso. "La hice venir porque estoy tratando de encontrar unos documentos que tenía entendido estaban en poder de Violeta, pero la pobre no sabe decirme dónde están y sabrá que no pueden perderse".

"Por supuesto, lo sé, señora". En ese momento entra Susana dejando la bandeja, disponiéndose a servirlo. "Está bien, Susana, puedes irte, yo lo haré", le dice para que se fuera pronto. "Como le decía, Esther, me gustaría que me dijera la ubicación de la documentación". "¿Sabe dónde están?", le dice con demasiado empeño en su voz. "Sí, lo sé", pronunció secamente. Fue como ver un globo desinflarse ante la afirmación de Esther. "¡Perfecto!", dijo con pequeños golpecitos de manos.

"Pero no me queda claro para qué necesita usted la documentación, solo le sirve a la señorita Vita, ese es el único documento de traspaso que existe." Se aclara la garganta y continúa. "En manos equivocadas podría pasar cualquier cosa, si cayera en manos inescrupulosas cambiarían la posesión y sería desastroso", lo dijo remarcando la última frase. "¿No lo cree usted?", le dijo, sabiendo que le estaba dando ideas a la víbora que tenía frente a ella. "Claro, estoy de acuerdo, es por esa razón que me interesa mantener la documentación resguardada en la caja fuerte de esta casa. Esther, nosotras pudimos no llevarnos bien, es cierto, pero ambas queremos lo mejor para esta familia". "¿Cuál familia? Para la señorita, querrá decir", inquirió Esther. "¡Sí! Claro, ahora que Osvaldo nos dejó...", y hace un gesto de dolor nada creíble. "Solo quedamos Violeta y yo, es por eso que tengo que cuidar sus intereses, hasta que mejore". Dice con una congoja mal actuada.

Esther termina su café y, cansada de oír tantas sandeces, le aclara: "Señora, vine hoy aquí no solo por usted, sino también por mí. Vine a llevarme a la señorita Vita conmigo, ya es hora de quitarnos las caretas. Usted no la aprecia y, por mucho que quiera demostrar lo contrario, ambas sabemos que tampoco la cuida, y ella es como una niña, necesita cuidados". "¡Es una falta de respeto!", pronuncia sintiéndose atacada, pero Esther, alzando una mano al aire, le dice: "No se altere, porque usted tiene algo que yo quiero y yo algo que usted quiere. ¿No le parece que podemos cambiarlo y estar en paz?".

"¿Qué quiere decir con eso?" pregunto algo sorprendida

"Yo no voy a molestarla; solo quiero llevarme a Vita conmigo. Jamás le pediré nada; me haré responsable de ella", le espetó Esther. Es más, si usted quiere, para quedarse tranquila, podemos firmar un documento donde me hago cargo de ella totalmente, sin necesidad de que usted me dé ninguna cantidad de dinero. Con un documento así no podré ni acercarme a esta casa, señora", le dijo, observando cómo María tenía los ojos brillantes, tanto como si pudiera tocar los benditos documentos que esperaba tener.

"Pero, ¿no vendrá luego a sacarme de mi casa?" "Señora, no soy idiota. Apenas usted se haga de los documentos, podrá poner todo a su nombre, y la pobre niña, que apenas se mueve, no tiene idea de quién es. ¿Cómo podría reclamar algo en su nombre?" Poniéndose en pie, dice: "Nadie me prestaría atención, menos firmando un documento de ese tipo".

"¡Perfecto! Me alegra que haya sido tan clara, Esther ¡Así nos evitamos perder el tiempo con rodeos innecesarios! Voy a pedirle a Ortiz que prepare un documento donde se haga responsable de la chica. ¡Lo firmaremos y asunto concluido! ¡Y por supuesto, que me entregue los documentos!" Dice con una sonrisa de satisfacción. "Es una pena que hayamos tenido un comienzo tan... ¿complicado? Sin embargo, me agrada su profesionalismo."

"Por supuesto, será un placer. De hecho, si gusta, puede llamar a Ortiz ahora mismo. Tengo un documento que podemos firmar. Él puede revisarlo para asegurarse de que todo esté en orden", responde Esther con seguridad, abriendo una carpeta y sacando un documento de tres hojas.

En ese momento, María se asoma por la puerta y exclama: "¡Susana, Susana!, ¡busca a Ortiz y dile que venga a verme urgentemente!"

Susana, sin perder un segundo, sale disparada en busca del hombre que tanto detesta, transmite el mensaje y regresa a toda prisa a la habitación de Vita. Con manos temblorosas, abre las maletas y comienza a guardar ropa, objetos personales, fotografías, joyas... ¡Todo lo que cree que debe llevarse, y un poco más!

Ortiz se presentó y, apenas entró en la biblioteca, María le entregó el documento, diciéndole con urgencia: "Léelo y dime si es legal". Diez minutos después, Ortiz, con el asombro reflejado en su rostro, aseguró: "Es un documento real, de hecho, me sorprende que sea tan auténtico".

Con una mezcla de incredulidad y reproche, Ortiz le preguntó a Esther: "¿Cómo conseguiste este documento?". María, visiblemente alterada, intervino: "¿Qué pasa?

Esther, con una mirada enigmática, respondió a ambos: "En realidad, este documento lo hice preparar hace mucho tiempo, cuando la señorita estaba internada en ese lugar. Iba a proponerle al señor que me dejara cuidarla. Si ven al pie de la página, necesita la firma del padre, tutor o encargado. Ya hace tiempo que lo tengo, lo preparó el abogado de la familia".

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