—Hum, —me removí mientras sentía una caricia en el rostro. Abrí los ojos y me espanté al ver al duque, me senté deprisa; él me veía con un rostro serio. Dios, ¿Por qué nuestros encuentros eran así de incómodos?
—Despertaste, ¿Estás bien? —Arrugué las cejas, luego miré a otro lado. En la habitación había un fragante olor, parecían rosas; busqué a mi alrededor hallándolas encima de la cómoda al lado de la cama, envueltas en un papel y con un listón rojo.
—Sí, creo. ¿Quién trajo esas rosas?
—Son para ti, no sabía que flores preferías. —Observé su rostro, era el mismo de siempre; serio y frío. Quería entender sus acciones, sus palabras y esos acercamientos repentinos, realmente me confundía. No sabía que sentir, de por sí ya sentía demasiado, entonces ¿Qué quería de mi?
—No las quiero, odio las rosas. —Bajé la mirada molesta, pero él repentinamente tocó mi rostro con extremo cuidado, provocando que mi débil corazón flaqueara ante él.
—¿Por qué estás tan enojada? —Arrugué las cejas sin decir nada, no quería hablar más, el nudo de mi garganta no hacía más que asfixiarse. Amar dolía bastante y más cuando no eras correspondido de la misma manera.
Pronto tendríamos un mes de casados, era una estúpida por desarrollar esos sentimientos en tan poco tiempo de conocerlo, seguramente era una obsesión temporal.
El duque levantó mi mentón haciendo que lo viera, sacándome de mi propio mundo y permitiéndome entrar en el suyo. Con sus dedos volvió a recorrer mi rostro llegando hasta mi cabello y jugueteando con el un poco.
—¿Qué hago para que no estés así?
Lo observé con intensidad, ¿realmente iba a hacer lo que pidiera? En ese instante recordé ese cuadro, no quería verlo nuevamente. Pero… el duque no haría eso, él amaba a mi hermana. Dejé salir un suave suspiro y él levantó ambas cejas esperando mi pedido.
—Deshazte de eso —ni siquiera me atreví a mencionarlo, miré su rostro esperando su molestia u otro rechazo de nuevo, pero él asintió a lo que pedí.
—Está bien. Aunque es tarde, podemos ir a cuidar al jardín si quieres, ahora que tu tobillo se encuentra mejor. —Mi corazón latió con fuerza, intenté evitar sonreír pero me fue imposible. Él se puso de pie, luego me tendió la mano para ayudarme a bajar de la cama. En ese momento noté que seguía en telas finas, la mirada del duque viajó por todo mi cuerpo con su expresión seria de siempre y me sentí desnuda ante él. Pero apartó la mirada girándose, y me adentré al baño para lavarme. Después escuché sus pasos saliendo de la habitación.
—¿Qué está pasando? Que complicado, —Me froté con la esponja, y luego me sumergí en el agua unos segundos.
Después de unos minutos estaba lista, me puse un vestido sin tanto velo, dejé mi cabello recién lavado suelto cayendo sobre mi espalda, en las puntas se formaban algunas ondas. Y aunque él duque estaba siendo amable sabía que no tenía un significado, no debía ilusionarme y mendigar por amor. Desde el primer día de la boda, el destino de ese matrimonio estaba escrito.
Salí de la habitación encontrándolo parado allí, me ofreció su brazo y no encontré la manera de como rechazarlo, menos cuando habían sirvientes alrededor. Mientras nos dirigíamos al jardín, una mujer traía las herramientas necesarias manteniendo la distancia de nosotros.
—¿Qué flores te gustan? —Miré fijamente al frente sin buscar su rostro, realmente no quería hablar con él en ese momento, solamente lo estaba acompañando como me lo había pedido, suspiré lentamente antes de responder.
—Los girasoles, son hermosos…
El ambiente silencioso volvió pero no me molestó en lo absoluto, prefería sentir la brisa y el susurro del viento, el sonido de las hojas y el crujir de las secas cuando pisábamos algunas. Llegamos al jardín, me senté en la banqueta y él se arrodilló sobre una pierna frente a mi, me quitó el zapato y examinó la herida de mi tobillo, todavía había una mancha roja pero no me dolía mucho.
—Podrías ponerte unos zapatos más cómodos.
—Me gustan los zapatos altos.
Él arrugó las cejas ante mi respuesta cortante, meditó unos segundos antes de volver a hablar.
—¿Sigues enojada?
—No, simplemente no quiero su amabilidad, me confunde su manera de actuar, su seriedad me lastima pero su cariño me destruye por completo. Mejor siga siendo el duque de antes. —Dije mirándole fijamente a los ojos, necesitaba sacar lo que sentía, no me encontraba bien.
—Mi secretario me dijo que no debía tratarla con frialdad, menos cuando usted podría ser insultada por los sirvientes dependiendo de mi trato.
Ese era el límite, me levanté bruscamente mirándolo con bastante ira. Estaba intentando alejarme, pero en ese momento quería pegarle con todas mis fuerzas; todo ese tiempo estaba siguiendo el consejo de su secretario, ni siquiera esa amabilidad era real. ¿En que mundo de mierda renací? No, simplemente debía huir del duque, ya no me importaba como reaccionarían los marqueses.
—No me importa ser insultada, toda mi vida he sido despreciada, no se preocupe. —Él intentó retenerme pero aparté su mano con poca delicadeza. Mientras regresaba me di cuenta de que me faltaba un zapato pero no me importaba tanto. Me dirigí a la zona de los establos, adentrándome más al bosque de caza, Ian me había dicho anteriormente que solamente habían bestias peligrosas en tiempos de caza, así que no debería preocuparme tanto.
Pequeñas gotas de lluvias impactaron sobre mi piel, el frío comenzó a extenderse de a poco. Me senté debajo de un gran árbol algo cansada, ese cuerpo era débil, mi corazón estaba latiendo velozmente.
Sentí un dolor recorriendo la parte delantera de mi cabeza, fue como entrar en un recuerdo porque me observaba a mi misma saliendo de una casa lujosa, esa mujer rubia me recibió frente al auto dándome un fuerte abrazo.
—Emma, pregunté mucho por ti, estoy feliz de que estés bien. —Ella sonrió mientras yo me quedaba inmóvil y entonces sentí como mi alma fue regresada, abrí los ojos notando el cielo nocturno, seguía bajo el mismo árbol de antes.
—¿Emma? —¿Ese era mi nombre?, mi cabeza estaba doliendo bastante, con mi mano limpié la sangre que estaba saliendo de mi nariz. Entonces mi vista se volvió borrosa por unos segundos y luego todo a mi alrededor se volvió oscuro por completo.
Desperté sintiéndome muy débil, miré en derredor notando que me encontraba en mi habitación, Katelyn se levantó rápidamente y me miró con los ojos llorosos. Fue parecido a la escena del principio, ella comenzó a agradecer a los dioses por mi bienestar.
—Iré a buscar al médico, señora. —Ella salió dejándome sola, me senté en la cama sintiendo ganas de vomitar. Pronto el doctor y Katelyn llegaron, él me examinó con varios objetos y luego tomó una muestra de mi sangre. —No debió ir sola al bosque, además estaba lloviendo.
Katelyn me regañó con la mirada, me quedé en silencio mirando el techo. Lo que sucedió antes no parecía ser un simple recuerdo, ¿qué relación tenía con esa chica rubia?
Gracias a Katelyn supe que el duque me había seguido, él me encontró inconsciente y me trajo a mi habitación.
—Katelyn, ¿Sabes llegar al mercado de la capital?
—Sí, conozco muchas partes de la capital. —Ella contestó entusiasmada, sonreí mientras me acomodaba mejor en la cama.
—Entonces, mañana llévame al mercado.
Ella asintió, volví a cerrar los ojos un momento y de esa manera me quedé dormida; realmente me encontraba muy cansada.
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Comments
JJBN 🌚🌞
Por fin un poco de amor propio, vamos tienes que ponerte las pilas para progresar en ese mundo
2025-03-08
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Sandra Ocampo
solo causa problemas,ya q se aVive
2025-01-15
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Patricia Moreira
Xfin el no.bre del duque
2024-11-29
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