Desde un rincón Anastasia observaba a la señorita Gakis bailar, parecía una princesa con su vestido.
— ¿ Porque estas escondida?, le pregunto una niña de ojos azules y cabello negro estaba acompañada de otra niña rubia.
Anastasia movió su hombro con indiferencia.
— Soy Eleonora y ella es Freya ¿como te llamas?.
— Anastasia dijo ella.
—¿Dónde están tus papás?, los míos están ahí comento Eleonora señalando a Alexos y Nathalie.
Anastasia miró a su alrededor — Mi mamá esta trabajando allí dijo. La otra niña rubia la miro.
— Vamos Eleonora no debemos juntarnos con ella dijo Freya tirando de la mano de Eleonora.
Anastasia se las quedo mirando mientras se iban.
Miranda observó a su alrededor, y vio a su hija también escuchó los comentarios despectivos de Freya Savasky, heredera de un banquero.
— Parece una princesa señorita Gakis dijo Anastasia.
— Es señora Zouvelekis, aun no le has explicado a la hija de la sirvienta cuál es su sitio exclamó Petros Gakis parado detrás de su hija, en cuanto lo vio Anastasia salió corriendo.
Miranda se dio vuelta y observó a su padre.
— ¿Porque tienes que ofender a la niña?, pregunto Miranda.
— Es la hija de una criada, nunca lo olvides exclamó Petros.— Nada cambia, ¿ Crees que Zouvelekis va a aceptarla?, no lo hara.Si se lo dices considerara que se caso bajo engaño.
— Escucha bien lo que te digo, jamás le diré nada a Sander, pero tu apellido muere conmigo, jamás tendré un hijo con Sander jamás habrá un heredero Gakis. Te lo juro por mi hija exclamó Miranda con tanta rabia.
Petros se quedó observando a su hija, ir hacia donde estaba Sander Zouvelekis y su hermano.
La fiesta terminó de forma inesperada para Miranda.
Sander la tomó en brazos en medio de un baile, se abrió camino entre la gente y la llevó.
Los dos músicos que antes habían liderado la procesión los vieron, tomaron sus instrumentos y los siguieron, llevando ,a todos los invitados detrás. Sander anduvo deprisa, con todos cantando y bailando detrás. La luna era como un faro en el cielo, que estaba cubierto de estrellas. Pero la energía de los invitados comenzaba a desfallecer, al contrario que la de Sander. Cubrieron pronto la distancia entre la casa y el auto, fueron despedidos por todos. Todos los despedían con la mano.
El auto se detuvo en el puerto y la monstruosa sombra del yate apareció ante ellos, Sander la cargo en brazos para embarcar.
Sander se detuvo y la dejó en el suelo con cuidado, como si fuera una figura de porcelana. 0 su mejor inversión hasta el momento. Él le rodeó la cintura con el brazo y la besó mientras el barco zarpaba.
— Bienvenida a mi vida señora Zouvelekis comento y volvio a besarla.
Ella no se sorprendió cuando Sander la tomó de la mano y la llevó hacia el pasillo que llevaba a los camarotes.
Para cuando llegaron a su suite y él la tomó en brazos para cruzar el umbral, Miranda estaba temblando, pero no de miedo, sino de ilusión y anticipación.
La habitación tenía una suave iluminación, había una lujosa alfombra en el suelo y las sábanas de la enorme cama eran de satén rojo. Era como el decorado de una película.
Sander cerró la puerta tras ella y la miró.
Había una mezcla de emociones en su cara. Estaba llena de ternura pero también de deseo.
Cuando la besó se le olvidó todo. Era como si quisiera tranquilizarla, sabiendo que era inexperta. Pero al final fue ella la que le mostró, con sus manos y la presión de su cuerpo, lo que quería.
Cuando comenzó a desabrocharle el vestido, Miranda se olvidó de las dudas, era imposible acordarse de nada cuando se le nublaban los sentidos.
— ¿ Me deseas?, pregunto Sander.
—Sabes que sí... la miró con intensidad. Ella intentó zafarse, pero no pudo y cuando la besó, ella respondió con pasión.
Era verdad lo deseaba. Y confiaba en él por completo. El vestido cayó a sus pies, dejándola en ropa interior. Sin dejar de mirarlo, ella alargó las manos y comenzó a desabotonarle la camisa. Le temblaban los dedos y le resultaba difícil. Pero, en vez de impacientarse e intentar ayudarla,Sander no interfirió. No pudo evitar suspirar al abrir la camisa.
Él era perfecto. Tanto que quería tocar cada parte de su cuerpo. Su aroma era un afrodisíaco que hacía que quisiera derretirse y perderse en él.
De repente, el cerebro de Miranda dejó de pensar. No podía dejar de mirar los resplandecientes ojos de Sander y respirar empezó a convertirse en una tarea imposible.
Con tan sólo mirarlo, Miranda sentía un deseo desesperado. Intentando sobreponerse a tal sensación de debilidad.
—Quizá tenga menos práctica de lo que estás acostumbrado... -se excusó.
—No subestimes lo que siento por ti -desconcertado por el comentario que acababa de hacer Miranda, Sander la tomó de la mano-. Lo nuestro es diferente. Queriendo creerle, Miranda dudó por un momento.
—¿De verdad lo es?, pregunto Miranda
—Por supuesto que sí -Sander la cubrió de besos con una ternura inusitada. La lengua de Sander penetró en la húmeda caverna de su boca y el deseo estalló dentro de ella como una tormenta.
De pronto, la febril intensidad que Miranda había aprendido a reprimir con cada átomo de su voluntad se desbordó nuevamente. La escandalizó la urgencia con que su cuerpo deseaba el cuerpo de Sander . El hábil movimiento de la lengua de Sander dentro de su boca fue suficiente para hacerla temblar y agitarse como si la fiebre se hubiera adueñado de su cuerpo.
Cada beso daba paso al siguiente sin pausa. Con las mejillas encarnadas por la pasión y los ojos centelleando —Eres preciosa -dijo Sander , tartamudeando.—Eres muy inteligente -murmuró Sander mientras se apartaba de ell.
—¿En serio? - Miranda tuvo que hacer un esfuerzo para hablar. Los increíbles ojos de Sander despedían llamaradas y su camisa suelta apenas le cubría la mata de vello de su pecho.
—Me dijiste que no... -reflexionó Sander en voz alta, en contestación a la pregunta de ella -. Me hiciste esperar. No estoy acostumbrado a tener que hacerlo, pero he sentido un placer inesperado... No me he sentido tan excitado desde que era adolescente.
Miranda sintió rubor ante la declaración de Sander . Luego, se dio cuenta de la verdad que acababa de revelarle: que no había estado con ninguna otra mujer para que le aliviase la libido durante la espera. Siempre había mujeres sexualmente dispuestas rondando a los magnates ricos y poderosos, lo cual sólo podía significar que Sander había tomado la decisión consciente de serle fiel. Miranda se sintió feliz.
Por primera vez, cayó en la cuenta de que si le ponía el listón del matrimonio lo suficientemente alto, el espíritu competitivo de Sander podría hacerle luchar por cumplir todas las expectativas que se había creado con él.
—No había pensado en eso -murmuró Miranda con sinceridad, intentando sonreír.
—Pues yo pienso en eso todo el rato, ágape mou -le confesó Sander , volviendo a sus brazos, desnudo y visiblemente excitado. Sander acababa de llamarla << amada mia>> y ella se preguntó si realmente podría serlo algún día. Porque, dejando a un lado su orgullo, la verdad era que ser su mujer es lo que de verdad había querido. Y estaba dispuesta a darle una oportunidad a su matrimonio, reconoció, quedándose sin saliva mientras Sander se inclinaba sobre ella en la cama. Su belleza masculina era magnífica e imponente como la de un dios pagano.
—Sander -susurró Miranda mientras resistía el- ataque de besos de Sander y con los dedos clavados en su masculino torso-.
—No mires... Toca -decretó Sander , con los ojos clavados en Miranda mientras le indicaba el camino correcto que tenía que recorrer con la mano, bajando por su musculado abdomen, para llegar al lugar donde se erguía su virilidad.
—No sé cómo... -involuntariamente, Miranda se quedó paralizada.
—Pero yo sí -una sonrisa provocativa atravesó su atractivo rostro-. Y tengo intención de enseñarte. Nunca que se le hubiera ocurrido a Miranda que aprender algo nuevo pudiera ser tan estimulante. Estaba inmersa en el placer que la cercanía de Sander le producía. Tenía derecho a tocar y explorar su cuerpo, el desafío de llevarle más allá del punto de no retorno.
Miranda notó enseguida lo difícil que era poner rienda a la libido de Sander. Su fascinante cuerpo estaba recubierto de sudor, sus músculos duros y, además, estaba temblando. Respiraba rápido y entrecortadamente.
—Ya basta...
—Aguafiestas. -Miranda le dedicó una lánguida mirada y, lentamente, sonrió. La próxima vez afinaría la técnica, decidió con una recién adquirida confianza. Sander estaba muy excitado. Miranda estaba reclinada contra la almohada como una diosa del sexo, emanando sensualidad natural por cada poro de su cuerpo.
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Comments
Blanca Idalia España Lozano
Sin querer Miranda, lo dejo bien picado , por qué lo freno y le dió a entender que todavía no , hasta que se casarán, importante lección para tener en cuenta , para interesar a un hombre.
2025-03-12
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Blanca Idalia España Lozano
Vaya desde chiquita Eleonora conoce a Freya y se va viendo lo insolente , y mal educada que es .
2025-03-12
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Blanca Idalia España Lozano
Has dado en el clavo Sander claro que es inesperta en el tema , tenlo por seguro
2025-03-12
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