CAPÍTULO 9

De hecho, cuando una de sus doncellas pidió el divorcio contra su esposo abusivo, en vez de hacerla cumplir su voto de estar para siempre en el matrimonio, la ayudó a salir de aquella situación.

Levantándose con cuidado, bajo la luz de la vela, acarició el cabello del hermoso hombre durmiente, el sofá. El dolor en su cuello y en sus pies pasaban a segundo plano, cuando el amor que sentía por él embriagaba su corazón. Pudo recordar cuál era su mayor deseo de niña.

Cuando era niña, la abuela Baba le gustaba leer historias para ella y sus hermanas. Una de ellas era la historia de un príncipe encantador que rescataba a una princesa encerrada en una gran torre. Siendo solo una pequeña, llegó a pensar en la situación que fuera ella la que rescatara y protegiera a Sir Scott.

—¡Ja,ja,ja! ¡De verdad que era una tonta!—susurró mientras lloraba.

Era cierto, su deseo de proteger a sir Scott y de que ninguna mujer se atreviera a robárselo era grande, aquel hombre era como un diamante perdido en la selva. Un tesoro que ella deseaba proteger a toda costa. No obstante, también quería proteger a sus hermanas, a sus padres y a todo lo que ella amaba.

—Si no fuera menor que usted—le dijo mientras besaba su frente—si no estuviera maldita... le hubiera propuesto matrimonio mil veces.

Con una última sonrisa, se marchó de la habitación con cuidado de no despertarlo. Bajo la atenta mirada de sus doncellas, la princesa, quien estaba empezando a sangrar a través de los vendajes, caminó con paso firme hasta el pabellón de té.

Allí, con sus pies tocando el césped, observó a sus dos hermanas durmiendo, mientras eran rodeadas por varios soldados. El capitán de estos, quien estaba en frente de la puerta principal, al ver a la princesa, la saludó con respeto.

—Dame tu espada—le ordenó Anastasia.

—¿Perdón?—preguntó confundido el hombre.

—Puede ser tu espada secundaria—extendió su mano—pero necesito una espada.

El hombre, sin poder negarse, le extendió su espada secundaria a la princesa. Anastasia, teniendo problemas para sostener un arma tan pesada, empezó a caminar como pudo, arrastrando la hoja de la espada en su camino.

Respirando con pesadez, se detuvo en frente de las camas de Beatrice y Diana. Recordando con dolor como ellas también estaban siendo afectadas, ordenó a sus criadas colocar una silla enfrente de ellas.

—Mi señorita—imploró una de las doncellas—¡No se esfuerce más! ¡Está muy herida! ¡No podrá luchar!

Anastasia se rio mientras se sentaba en la silla, no podía negar la verdad de la criada. Era imposible que ella pudiera tan siquiera matar una mosca con el físico tan débil que tenía. Pero, aunque le costara levantarla, no podía negar también su realidad.

—Soy la mayor—le respondió—debo protegerlas, ese es mi deber y mi querer. Aunque caiga, intentaré luchar hasta donde pueda.

Con un nudo en la garganta, ante la triste situación de la princesa. Hasta los guardias se conmovieron ante la determinación de la joven. La cual, pese al mal estado en el que se encontraba, estuvo sentada en aquella silla toda la noche, sin dormir, en esperar de que aquellos malditos demonios volvieran a aparecer.

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A la mañana siguiente, al ver que Anastasia no estaba, Scott salió corriendo, aun en pijama en su búsqueda. Para encontrarse que, la hija mayor de la duquesa, se encontraba sentada recta, protegiendo a sus dos hermanas, mientras seguía sosteniendo con fuerza la espada.

Las doncellas, quienes decidieron acompañarla en su guardia, se acercaron hasta el hombre, después de que este intentara en vano hablar con la princesa. Anastasia estaba concentra, mirando el cielo, en espera del primer rayo de sol. Luego de varios minutos, cuando el amanecer llegó, se escuchó un suspiro de ella.

 —No pasó nada...—dijo sonriendo mientras lágrimas afloraban—¡Esos demonios no vinieron hoy!

Scott, sin entender nada, supo enseguida por parte de las doncellas de lo que estaba sucediendo. Y si bien le dolía el ver tan demacrada a Anastasia, estaba tranquilo al saber que, de alguna forma, el terreno santo del castillo real estaba protegiéndola a ella y a sus dos hermanas.

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La reina Irene, después de saber que su padre trasladó al resto de sus hermanas a otra residencia, esperó impaciente la llegada del carruaje de este al palacio. Fue así que, a lo lejos, el carruaje ducal atravesó la puerta principal del recinto.

—¡Padre!—corrió Irene a abrazar a su padre.

Cada que el duque Jeremy llegaba, ella se alegraba a más no poder, tanto que no le importaba ni la etiqueta ni el protocolo que el hombre debía seguir con ella debido a ser la reina, pese a que fuera su hija.

Luego de saludar a la esposa de su padre, invitó a los dos duques a pasar a su salón privado, mientras los sirvientes descargaban los baúles con varias pertenencias. Fue en ese lugar que escucharon el reporte del capitán de los custodios de las princesas, dejando sin palabra incluso a la propia reina.

La duquesa Serena, si bien estaba feliz de que aquella noche nada hubiera pasado con sus tres hijas, en vista de que aún no encontraba a Cosett, estaba preocupada de que algo malo les pasara y otra princesa desapareciera.

Ella no quería que ninguna de sus hijas, con las que tanto esfuerzo le tocó proteger, se metiera en asuntos que tuvieran que ver con espadas. Aquel conflicto en sus pensamientos fue evidente hasta para su hijastra, la reina Irene.

La monarca, quien podía entender el sentimiento de sobreprotección que la duquesa tenía, no podía reprocharle nada a ella. Puesto que, ella se encontró en una posición similar al intentar proteger al extremo a su padre en el pasado. Cuando ella estuvo por casarse con el entonces gran médico real, Jeremy Williams.

—¡¿Cómo has permitido eso?!—le gritó a Scott—¡Eres el encargado principal de su protección!

El hombre, al ser llamado al salón privado de la reina, fue confrontado por la madre de Anastasia. La duquesa no quería que ninguna de sus hijas agarrara alguna arma, para ella, debían ser protegidas a toda costa sin que ellas movieran un solo dedo.

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Comments

Dulce Cira

Dulce Cira

Las circunstancias de la vida hacen olvidar la esencia de está 😏espero y puedan recuperar todo lo perdido😀☺️🙃🤞🏻

2024-05-17

1

Mitsuki G

Mitsuki G

Que le pasó a Serena se le olvida como ella lucho no la hace menos mujer por tocar una espada debe de entender que hizo mal las hizo débil para protegerse debió entrenarlas para pelear con los demonios hasta una de ellas intentó resistir pero cayó al agua espero que no haya muerto y alguien la haya encontrado

2024-05-16

5

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