Al amanecer del siguiente día, Lisel se acercó a Deysi para entregarle el último ingrediente necesario para el brebaje.
Con una expresión de gratitud y eficiencia, Deysi confirmó que la poción estaría lista en cinco días. Pero Lisel tenía algo más: extendió hacia Deysi un regalo especial. Deysi, sorprendida y visiblemente conmovida por el gesto, miró a Lisel con ojos brillantes de agradecimiento.
—Señorita, ¿está segura de esto? —preguntó Deysi, su voz teñida de preocupación y admiración.
En sus manos, sostenía un juego de morteros y pilones de mármol, junto a una lupa de precisión, obsequios para su hermano Lucas.
—Es lo menos que puedo hacer —respondió Lisel, mirando hacia el horizonte del jardín, donde las rosas comenzaban a florecer.
—Estos objetos serán valiosos en sus estudios. Y esto es una pequeña muestra de mi agradecimiento a ambos. Gracias a Lucas, tengo una oportunidad para cambiar mi vida.
—Pero... —Deysi titubeó, y luego agregó con una sonrisa. —Espero que no olvide que está cambiando la mía también.
Lucas, el hermano de Deysi, había interrumpido el tiempo dedicado a sus estudios en la prestigiosa Academia de Recursos Terapéuticos, situada en la costa sur, para atender la petición urgente de Lisel.
A pesar de que los hermanos venían de una familia humilde y habían afrontado la pérdida de sus padres, Lucas se había destacado por su talento y destreza en el manejo de hierbas medicinales.
Lisel nunca había conocido a Lucas en persona. Su conexión era a través de Deysi, que había empezado a trabajar en la Mansión Luton justo cuando Lucas fue aceptado en la academia gracias a su don natural.
Aunque la distancia impedía un encuentro, Lisel se había asegurado de enviarle a Lucas, a través de Deysi, libros valiosos y otros regalos que enriquecieran sus estudios.
Lisel apreciaba que Lucas, dos años menor que Deysi, había respondido siempre con rapidez a sus solicitudes. Reconocía que su disposición era en parte un gesto de gratitud hacia su hermana, quien había financiado sus estudios y su manutención.
Estaba claro que era un buen chico.
Sin embargo, Lisel no podía evitar sentir una mezcla de tristeza y alegría al pensar en el futuro. Cuando Lucas se graduara, probablemente buscaría un trabajo de boticario que le permitiera brindarle a Deysi una vida más cómoda. Lejos del arduo trabajo en la Mansión Luton.
Aunque despedirse de Deysi le causaba pesar, se consolaba sabiendo que su leal amiga tendría la oportunidad de una vida más tranquila y feliz.
Lejos de las complicaciones que Lisel solía traerle.
Sentía una profunda admiración por los avances medicinales de Lucas. Ambos compartían la misma edad, 19 años, pero él parecía poseer un vasto conocimiento.
Lisel también había mostrado desde temprana edad un interés en la medicina, aunque su enfoque se inclinaba más hacia la cirugía, la sutura y la desinfección de heridas.
Aprender no había sido fácil, especialmente con las constantes negativas de Margaret, quien sostenía que una dama solo necesitaba educación básica para casarse.
No obstante, su tutor, el señor Yared, había sido médico en su país natal, Valoria.
En secreto, él le había enseñado los fundamentos de la medicina, y en aquellos momentos secretos de aprendizaje, Lisel había encontrado su verdadera pasión: quería ser médica.
Lisel recordaba vívidamente el día que conoció a su tutor, Yared. Tenía apenas seis años cuando aquel hombre entró en su vida, para dirigir sus estudios.
Yared era un hombre de unos cincuenta años, su pelo blanco contrastaba con su piel oscura, característica típica de su tierra natal Valoria, y sus ojos negros brillaban con una sabiduría que trascendía su edad.
—Buenos días, señorita Lisel —saludó Yared con una sonrisa amable, inclinándose ligeramente ante ella.
—Buenos días, señor —respondió Lisel, con la timidez propia de una niña de seis años.
A medida que pasaban las sesiones, Lisel mostraba un interés inusual por la medicina. Yared, al principio reticente a enseñarle sobre un tema tan poco convencional para una joven dama, no pudo resistirse ante su curiosidad insaciable.
—¿Qué es esto, señor Yared? —preguntó Lisel un día, señalando un dibujo de un cuerpo humano en uno de los libros de Yared.
—Es un dibujo anatómico, Lisel —explicó él, impresionado por su interés.
—Muestra cómo somos por dentro.
A medida que el tiempo pasaba, los encuentros de aprendizaje se volvieron más frecuentes. Lisel absorbía la información como una esponja, y Yared se asombraba de su habilidad natural para entender conceptos complejos.
—Tienes un don para esto, Lisel —le dijo Yared un día, después de que ella demostrara una comprensión sorprendente sobre la sutura de heridas.
—¿De verdad cree eso, señor Yared? —preguntó la niña con sus ojos brillando con emoción.
—Sí, estoy seguro —afirmó Yared, convencido.
—Y pienso que has de continuar tu aprendizaje, sin que te pesen las palabras de otros.
Lisel sacudió la cabeza, intentando dispersar esos recuerdos que amenazaban con llenar sus ojos de lágrimas.
Realmente echaba de menos aquellos días.
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Comments
JERITSABELA
Que bonita historia me gusta 👍 la empecé a leer no muy convencida, porque hay muchas historias de matrimonios arreglados y todo lo demás peresta historia me gusta. El Duque del Norte tiene un aire de Misterio creo que es más que un Duque y Lisel es astuta, calculadora, inteligente, arriesgada
Me ha gustado la historia
Espero que la escritora nos muestre más de su talento al ✍️ escribir
GRACIAS
2024-06-10
6
Conxi Js
Me encanta y cada vez está más interesante , muy bien escrita
seguiré la trama hasta el fin
2024-05-06
2