LOS DOTES DEL ENEMIGO

...DAILA:...

La cantante seguía dando su función cuando volví a la butaca.

— ¿Por qué tardaste tanto? — Susurró mi madre.

— El baño estaba ocupado.

Si ese fuera mi problema.

— Al menos no te perdiste el final.

Maldición.

Estaba temblando y con la respiración atorada, pero no era solo furia. Me ardían las mejillas y mi corazón no cesaba de latir apresuradamente, tenía un nudo en el estómago.

¿Qué me ocurría?

La furia estaba latente, pero también había algo más y eso es lo que me disgustaba. Ese hombre me acorraló, me tenía entre la espada y la pared, el bastardo había volteado las cartas a su favor, sabía de mi situación y si llegaba a abrir la boca mi familia y yo estaríamos perdidos, tendríamos que volver a Hilaria y por consiguiente yo tendría que casarme con el anciano Flitton.

Si no hacía lo que quería, seguramente iría a contarle a Lord Erick y yo no tendría posibilidad de escapar de mi matrimonio con el vejete y volvería a manchar nuestra reputación.

Si optaba por casarme con Lord Erick, no podría ocultar mi verdadero carácter ¿Si resultaba ser como el duque había dicho? ¿Si su primo era tan prejuicioso cómo para hablar mal de todo lo que iba en contra a sus principios? ¿Si resultaba ser peor que el duque? ¿Si me asfixiaba con su perfeccionismo?

Al menos con el duque podría llegar a un acuerdo, como había propuesto y yo pondría mis condiciones para no tener que soportarlo. Pero, ¿Si resultaba ser mentira? ¿Si solo quería tenerme a su alcance para hacerme la vida imposible? ¿Si quería vengarse? ¿Si me obligaba a hacer cosas repugnantes solo para verme sufrir?

Estaba atrapada, sin salida.

No presté atención a la función, no pude y me atreví a elevar la mirada. Los palcos estaban vacíos, no había nadie. El duque se había marchado después de su cometido ¿Cómo supo de mi situación? ¿Cómo supo que estaría en el teatro?

Tantas preguntas y dudas sin respuesta.

Encajé mis dedos en mi bolso de cuero.

Me vino otro pensamiento.

El toque de sus dedos en los míos fue extremadamente intenso, solo un roce efímero y sentí como una calidez recorría mi cuerpo, como un golpe de energía, como un rayo atravesando todo mi sistema. No pude ocultar lo que sucedió, no pude luchar contra esa sensación nueva y todo pasó tan rápido que no asimilé cuando ese sujeto tan irritante, pero tan seductor y galante se marchó de aquel vestidor.

Era un experto, un maestro que aprovechaba sus dotes y entendí porque tenía tal fama de mujeriego.

Pues aquella calidez que se disparó, se acentuó en esa zona y como ya sabía lo que significaba gracias a mi tía Estela, el desconcierto fue mayor.

No podía ser que con ese hombre al que odiaba y que era tan insoportable yo si sintiera eso que tanto había buscado y lo peor de todo es que solo con ese toque miserable había causado un caos en mi cuerpo.

Incluso sentía las secuelas de aquel toque. La sensación de mi entrepiernas estaba latente, aumentando con el recuerdo de sus seductores labios a pocos centímetros de mí, de como su forma de mirarme me hizo quedarme quieta sin poder tomar distancia.

Estaba sofocada.

No, me negaba aceptar que ese sujeto al que odiaba, al que humillé mientras estaba prendido en fiebre, volviera para hacer de mi vida un caos y más que me causara tanto descontrol.

Antes, cuando le había disparado, pensaba que era uno más de esos fanfarrones que alardeaban sobre sus dotes de seducción, pero que no tenían ningún talento, que era uno de los tantos sujetos que había desechado con una sola palabra.

Ahora, me había dado cuenta de lo que era ese hombre. Era un depredador, experto en hipnotizar a las damas con sus atributos y su seguridad.

¡Ya basta! Debía detenerme y centrarme en no ser tan débil. Había tenido el control desde que le clavé esa flecha, no podía perderlo. Siempre quise voltear las cosas, ser yo quien rechazara a los hombres y la que los hiciera poner nerviosos, pensaba que con el duque estaba ganando, pero solo se estaba preparando para sacar su artillería y por mucho que yo hubiera puesto en prácticas las lecciones con mi tía, había algo en mi contra.

Mi experiencia con los hombres era nula y también seduciendo.

La función terminó y fuimos a la recepción, donde había una pequeña reunión.

Cuando entré me tensé.

Allí estaba ese hombre, hablando con la soprano. Esa mujer parecía encantada con el duque y él muy sonriente, muy galán, movía los labios sin perder su atractivo.

No hubo ni una risa desagradable o unas gotas de saliva, tampoco un gesto feo en su rostro, algo que le quitara el atractivo y la seguridad.

Parecía cuidar que ninguno de sus movimientos se saliera de lo galante.

— Lady Daila ¿Se encuentra bien?

Me sobresalté y observé hacia su primo.

— Si, estoy bien.

— ¿Segura? Está sonrojada ¿Se siente bien?

¿Sonrojada? ¿Yo?

— El teatro estaba muy cálido.

— Yo lo sentí bastante fresco — Dijo, extrañado.

— ¿En serio? Tal vez tenga razón y no me sienta bien.

— Entonces deberíamos retirarnos.

Asentí con la cabeza — Sí, me parece bien.

— Lady Daila está indispuesta — Avisó el lord a mis padres — Mejor nos retiramos.

— Mi lord, ese es el duque — Mi madre señaló con la mirada hacia el Señor Edward.

Tragué con fuerza.

— ¿Es ese hombre? — Mi padre lo observó detenidamente, buscando cualquier defecto — Vaya, es un caballero de muy buen galante.

Lord Erick tensó su expresión al notar la presencia de su primo.

— Ese no es un duque — Gruñó de inmediato y mis padres fruncieron el ceño.

— ¿Cómo dice? Mi lord.

Noté que el duque estaba aproximándose hacia nosotros, llegó justo antes de que su primo abriera la boca para delatarlo.

Mis padres tomaron una postura erguida, hasta ellos parecían hipnotizados por ese idiota.

Sus ojos oscuros se enfrascaron en mí y casi me estremecí cuando la sensación entre mis piernas volvió a despertar.

¿Qué rayos es esto? ¿Cómo puedo?

Bebí un largo trago.

— Vaya, veo que son conocidos de mi primo, Lord Erick — Dijo, adelantándose el muy listo, su primo cerró la boca, con los ojos llenos de disgusto.

— ¿Su primo? — Se desconcertó mi padre.

— Oh, Conde Jed, no tuve el honor de conocerlo antes, ya había tenido el gusto de tratar con su esposa y su hija — Dijo, dando una sonrisa cálida, a mi madre y luego a mí, entorné una expresión neutral, cuando volvió su mirada hacia mi padre, observé su mano, sostenía la copa de una forma delicada, se inclinó en reverencia, jamás había visto unas manos tan bonitas — Es un gusto conocerle en persona.

Mi padre correspondió a la reverencia.

— Su excelencia, he oído mucho de usted en estos días. También es un gusto conocerlo.

— No, no use ese título para referirse a mi persona — Se adelantó cuando su primo intentó corregir a mi padre — Aún no tengo el título de duque.

Se desconcertaron.

— ¿Cómo? Pero usted se hizo llamar duque en la celebración, Lord Edward — Cuestionó mi madre.

Entornó una expresión de avergonzada.

— Temo que hubo una confusión, muchos de mis conocidos se han equivocado y me han llamado por un título que aún no poseo, así que al llegar a la celebración no pude negar tal rumor, entienda, no quería armar un escándalo en pleno evento y mucho menos que mis conocidos salieran perjudicados por una simple equivocación — Se disculpó, inventando esa patraña que por la expresión de mis padres creyeron sin dudar.

Maldito habilidoso.

— ¿Si todo se trató de un malentendido? ¿Por qué se presentó con otro apellido y no Delacroix? — Dije y el duque no se inmutó.

— ¿Yo dije eso? — Soltó una risa de despistado — Tal vez lo hice por costumbre, solía confundirme de niño y nombraba el apellido de mi madre, ya que fui muy apegado a ella, es un error que suelto cometer a veces.

Una mirada pícara me recorrió, pero mantuve la barbilla elevada a pesar del hueco que sentí en el estómago.

— No se preocupe, a todos nos sucede — Rió mi padre — Pero ¿Por qué no ha obtenido el título?

— Yo responderé a esa duda — Intervino su primo, con expresión dura — Mi primo debe casarse en un mes, de lo contrario el título pasará a mis hombros, esa fue la condición que estipuló el fallecido duque.

Mis padres se desconcertaron.

— Tal como lo has dicho Lord Erick, esa fue la condición — Concordó Lord Edward, escondiendo su desagrado hacia su primo — Vine a la capital con el fin de cumplirla.

— También deberías mencionar que la razón de esa condición fue gracias a tu mal comportamiento y tu irresponsabilidad — Lord Erick lanzó ese zarpazo.

Me percaté de que el Señor Edward tenía razón, que a su primo no le importaba que fuese su familia. Menos iba a importarle unos viejos conocidos.

— Temo que los errores son parte de la vida y que todos alguna vez nos tropezamos, pero pienso que nunca es tarde para volver a tomar un buen rumbo y es lo que estoy haciendo — Dijo él, con un poco de tensión en sus hombros.

— Nos marchamos, la función a terminado y no creemos necesario permanecer más tiempo aquí — Cortó Lord Erick, hacia su primo — No suelo emplear mi tiempo para tontear con damas.

Observé al duque y me evaluó devuelta antes de que mis padres se despidieran, siguiendo al lord hacia la salida.

...****************...

— ¡Mamá! — Gruñí, cuando entró a la habitación sin permiso, yo me estaba vistiendo para ir a la cama.

— Necesito hablar contigo.

Últimamente todos necesitan hablar conmigo.

— ¿Qué sucede? — Resoplé, atando mi bata para sentarme sobre la cama.

— ¡Debes apresurarte a casarte con el futuro duque antes de que otra dama se te apresure! — Demandó y me crucé de brazos.

— ¿A cuál de los dos te refieres?

— Al primo de Lord Erick, por supuesto, es quien está más cerca del título.

— ¿No te importa que tenga una mala reputación? — Cuestioné, bostezando por el cansancio.

— Cuando se convierta en duque nada de eso importará — Se detuvo frente a la cama — El peso de un título así nos pondrá en otro peldaño en la sociedad.

— Madre yo no puedo casarme con ese hombre, ya te lo dije.

— Lord Erick está en desventaja, viste a Lord Edward en el teatro, capta demasiadas miradas y mucha atención, tiene tanto a favor — Suspiró, hasta mi madre deliraba por ese bastardo — Y lo mejor de todo es que él no te quita la mirada de encima.

— Hasta hace nada Lord Erick te parecía el adecuado.

— Eso fue antes de conocer a su primo, ese hombre tiene demasiada influencia y poder de convencimiento.

Ambiciosa.

— Pero es un mujeriego.

Me ignoró.

— Trataré de convencer a tu padre de que el Lord Edward es la mejor opción para ti, solo hace falta una propuesta y te convertirás en duquesa.

— ¿Y sí quién obtiene el título es Lord Erick?

Se quedó pensativa — Entonces te casarás con él.

— Madre ¿Te estás escuchando?

— No puedes quedarte sentada esperando, debes actuar, irle al candidato más favorable y ese es Lord Edward.

Se marchó sin dejarme responder a eso.

Tomé una larga respiración y me acosté en la cama.

"Le doy dos semanas"

¿Dos semanas? Tenía solo dos semanas para aceptar o declinar la propuesta de mi enemigo.

Ambos teníamos el tiempo contado.

Esa era nuestra cosa en común.

¿Y si aceptaba ser su esposa?

Dos semanas, esperaría un poco más para tomar una decisión definitiva.

Pensaría muy bien mis condiciones para lanzarle a ese hombre a la cara que no tenía poder sobre mí. Algo con que mantenerlo a distancia después del casamiento, porque si cedía a las sensaciones que me habían recorrido cuando rozó sus dedos en los míos, estaba casi segura de que terminaría esclava de ese hombre.

Observé mi mano, sintiendo la caricia fantasma.

Las sensaciones volvieron y hundí mi rostro en la almohada, jadeando debido al dolor entre las piernas.

Sacudí los pensamientos y empujé todo ese descontrol, logrando calmarme así.

...****************...

Seguí asistiendo a bailes, pero mi fama estaba empezando a desaparecer, ya ningún caballero me mandaba flores, tampoco tenía muchas invitaciones de bailes, a duras penas bailaba una sola vez.

El duque no se había presentado a ningún otro baile, tampoco lo volví a encontrar en el teatro. Había desaparecido, pero aquella falta de atención de los demás caballeros me decía lo suficiente, ese infeliz había hecho algo para que ningún hombre me tomara en cuenta, estaba casi segura de eso.

Mi madre me culpó por esa mala suerte, cuestionando como siempre mi forma de ser. Incluso me acusó de que había espantado a Lord Edward ese día en el teatro.

Intenté averiguar algo para hallar la razón de dicho alejamiento, pero no conseguí que nadie soltara algún chisme.

Llegué a la mansión, Lord Erick también mantenía la distancia.

Decidí preguntarle después de la cena, cuando mis padres se retiraron a sus aposentos.

— Mi lord ¿Sucede algo? ¿Hice algo mal? — Pregunté con sutileza en el pasillo.

— No lo sé, dígame usted.

¿Será qué el duque le contó a todos sobre mi situación?

— No entiendo a que se refiere.

Me evaluó con severidad.

— Pensé que usted era una mujer de comportamiento digno, pero ya veo que me equivoqué, le pido que no me dé ninguna respuesta a la propuesta que hice, la retiro — Gruñó y me tensé.

— No entiendo sus acusaciones, dígame una razón para semejantes insultos.

No quería arriesgarme a soltar algo sobre mi situación sin estar segura antes.

— ¿Le parece adecuado estar encerrada con mi primo en uno de los vestuarios del teatro?

Me sobresalté — ¿Qué?

Así que esa era la razón de tanto desprecio. Maldito Edward, por eso estaba tan ausente, él regó ese rumor para presionarme.

— Me parece realmente injusto que usted se deje guiar solo por las apariencias de los actos, especulando, pero ya veo que clase de hombre es, no se preocupe, tomó una buena decisión y yo también — Me alejé, subiendo las escaleras.

— Si no fuera por el aprecio que le tengo a sus padres, ya la habría echado de mi casa — Gruñó el infeliz.

Le dí una mirada desde los altos de las escaleras.

— Créame, pronto me marcharé y no tendrá que soportar la vergüenza de tener a una mujer con tales comportamientos indecorosos.

Supe entonces lo que debía hacer.

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Comments

Mercedes Ana Brisco

Mercedes Ana Brisco

jajaja, tal para cual, igual Erick muy voluble, se deja llevar por dichos en vez de consultar a ella que paso

2025-02-03

0

Lesly Argumelo

Lesly Argumelo

Erick es una porqueria de hombre

2025-01-29

0

Francisca Miranda Garcia

Francisca Miranda Garcia

van a terminar amándose

2024-12-25

1

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