EL DUQUE Y SUS ESTRATEGIAS

...EDWARD:...

Mi solución estaba cerca y no iba desaprovechar tal oportunidad, lo había pensado con más detenimiento y encontré la forma de casarme antes del plazo, ya no me quedaba mucho tiempo para seguir conociendo señoritas que no me convencían, con las que tenía que fingir ser otro hombre para no espantarlas, ya estaba cansado de eso.

La Señorita Daila era la única a la que podía ser mi esposa, aunque no me cayera bien y no me hiciera gracia la idea, era una opción rápida. No tenía que cortejarla, tampoco comportarme diferente, además, mi ventaja sobre ella era que me debía.

Otra cosa, con esa señorita podría poner condiciones en nuestro matrimonio y hacer un trato que nos beneficiara a ambos para no tener que soportar nuestras presencias y evitar los encontronazos.

Mi único obstáculo era mi primo, quien después de ese baile estaría por enterado de mi presencia y mis intenciones.

Fui directo a la mansión y me presenté en la entrada, ordenando al mozo que avisara sobre mi visita.

Me dejaron entrar y me quedé en el vestíbulo de aquella estancia tan rústica.

— Éstas no son horas de visita, estaba por irme a la cama — Dijo mi primo, apareciendo por uno de los vestíbulos — ¿Qué quieres?

— Eres como mi tío, amargado y antipático.

— No ensucies su memoria y menos en mi casa — Se cruzó de brazos.

— Es la verdad — Agité mi mano con desdén.

— ¿A qué has venido?

— ¿De dónde conoces a los condes? ¿Por qué los alojas aquí?

Elevó una ceja rojiza — Vaya, los chismes vuelan.

— Al grano, dime ya.

— No estás en posición de exigir información de mis invitados — Me dió una mirada de fanfarrón.

— Sino me lo dices, lo voy a averiguar.

— Ya me enteré que andas en los bailes — Evadió y estreché mis ojos — Usando un título que aún no tienes para tu beneficio.

— Solo estoy tratando de cumplir con lo estipulado, el testamento de mi hermano no especificaba los medios que debo usar — Dije, elevando mi mentón.

— Puedo dar a conocer tu falsa a la sociedad — Sonrió con perversión — Destruiría tu cuartada y también tu reputación.

— Haz lo que desees, ya no necesito de esa mentira — Dije, sonriendo con suficiencia y él volvió a su seriedad — Supongo que ya le comentaste a la dama que está alojada aquí que no tengo el título y que requiero con urgencia una esposa.

Se tensó — Ni te atrevas, esa señorita no será para ti.

— Vaya, ya le echaste el ojo — Elevé una ceja y apretó su mandíbula.

— Ya le hice una propuesta, así que aléjate de ella.

Me llevé una mano a la barbilla.

— ¿No recuerdo que ella mencionara estar comprometida cuando bailamos? ¿El que se esté demorando para darte una respuesta no te dice algo? — Me burlé, acercándome a él — Si estuviera interesada en ti no se lo pensaría demasiado.

— Eres tan rastrero — Gruñó, enseñando sus dientes — Siempre sucio y lleno de artimañas...

— Yo le llamo estrategias de conquista y el que hayas informado a la señorita sobre mi verdadera situación no me perjudica en nada, más bien me facilita las cosas — Le dí palmadas en el hombro y se enfureció.

— No estés tan seguro de eso, la Señorita Daila no permitirá que te acerques. Ella es una mujer recta y esa clase de juegos no son de su agrado.

Si supiera que esa señorita no era como el creía.

Me reí — Por algo soy tan buen amante y tengo muchos as bajo la manga que tú no puedes imaginar.

— Ella no caerá en tu juego.

— Conozco a esa dama más de lo que crees y tu desventaja es que no tienes ni idea de como tratar con mujeres.

Erick siempre había envidiado mi suerte con las damas y por eso se empeñaba en escupir a la cara todos mis defectos.

— No te saldrás con la tuya — Se alejó — Ya no tienes nada que hacer aquí, así que lárgate.

Se marchó sin esperar a que me fuera.

Escuché una voces viniendo del pasillo a mi derecha y no pude evitar acercarme a la puerta entreabierta del salón para escuchar.

— Daila tiene poco tiempo, debemos hacer que consiga una propuesta del duque — Dijo una mujer que logré distinguir como la condesa — Un enlace con semejante prospecto nos daría más reputación.

— También puede limpiar nuestro apellido en Hilaria — Comentó el conde y elevé una comisura.

— Sí, lastima que nuestra hija sea una cabeza dura, una rebelde que solo piensa en si misma.

— Pero la falta de tiempo la obligará a decidirse, solo le quedan tres semanas para que se venza el plazo — Dijo y mis oídos se pusieron alertas — Hará todo lo posible para no volver a Hilaria y menos con Lord Flitton.

Así que si tenía otra razón para casarse.

— ¿Cómo arreglarás eso? Ese hombre está esperando a nuestra hija para casarse.

— Ya encontraré una forma de cerrar ese trato, pero de que se casa en tres semanas, se casa y si es con el duque, mucho mejor.

— ¿Asistirás mañana al teatro?

— Sí, por supuesto, ojalá ese duque también esté allí.

Estaba de suerte y me alegré por eso.

Me alejé rápidamente y salí de la mansión, más que satisfecho. Así que la Señorita Daila tenía una razón de suma urgencia para conseguir esposo. Eso me daba mucha más ventaja para convencerla de aceptar mi propuesta y no solo eso, contaba con la apreciación de sus padres, pero ésta era momentánea ya que mi primo no tardaría en contarle sobre mí.

No debía preocuparme por eso, ya que encontraría la manera de que ese casamiento se realizara, con o sin la aprobación de sus padres.

Asistiría mañana al teatro.

...****************...

La función de ópera era en la tarde lo que me dió tiempo de pagar mi entrada y alistarme.

Me vestí con un traje azul oscuro, a juego con un chaleco del mismo color, con una camisa blanca, pañuelo platinado y botas pulidas, sin olvidar mi sombrero y mi reloj de bolsillo.

Llegué temprano para no tener que toparme con mi primo y sus invitados.

Estaría en el palco privado, el que estaba reservado para mi padre y mi hermano.

Entré y me acomodé en mi butaca de terciopelo rojo.

Bebí de la copa que me sirvieron los mozos del teatro y bebí, esperando por la función.

Abajo se veían la fila de butacas y el escenario.

La gente empezó a entrar y usé los binoculares para detallar los rostros de la fila.

Di con mi primo, vestido de mal gusto, luego a los padres de la señorita Daila y el cosquilleo en mi estómago se hizo presente cuando di con ella.

Magnífica, exhuberante, hermosa y elegante como siempre. Estaba muy emocionado por mi siguiente movimiento.

No necesitaba los binoculares, pero me gustaba tener vigilada a mi objetivo.

Se sentó en la tercera fila, junto a su madre y a su padre. Mi primo quedó excluido junto al conde, por su rostro de disgusto quería estar al lado de la Señorita Daila.

El telón se abrió y todo el mundo guardó silencio.

La soprano apareció, con un vestido brillante y exótico.

Era como la recordaba, en el pasado, había tenido muchos encuentros con la dama, pero nuestra relación había terminado hace tres años, por decisión mutua.

Ella había puesto sus ojos en otro hombre y yo lo respeté.

Empezó a cantar la opera y mantuve la mirada puesta en la Señorita Daila, quien parecía emocionada por presenciar la función.

Su pecho se agitaba y sus ojos brillaban con dulzura. Jamás había visto a la señorita mostrando sus emociones y la tensión en mi miembro, que ya estaba despierto por la entrada triunfal de mi enemiga, aumentó considerablemente hasta incomodar mi persona.

Me estaba desconcertando que solo ella causara ese efecto en mí.

Seguía intentando, había visitado el club nuevamente, pero ninguna cortesana me provocó lo que la dama estaba haciendo con solo respirar.

Estaba enojado con mi sable por esa razón, no entendía porque se mantenía flácido con todas las mujeres, pero un solo pensamiento o la presencia de esa señorita bastaba para que despertara vigoroso.

Iba a ignorar al traidor.

Me distraje con el canto de la soprano.

Hasta que capté un movimiento en la tercera fila.

La Señorita Daila se levantó, cruzando palabras con sus padres y con mi primo.

Empezó a avanzar por la fila y salió a las escaleras, dirigiéndose a la salida.

Seguramente iría al baño.

Ésta era mi oportunidad.

Me levanté de mi butaca y salí del palco con rapidez.

Bajé las escaleras hacia el pasillo, buscando a la dama con la mirada.

La Señorita Daila venía de frente y me escondí tras una pared.

Pasó, cruzando hacia los baños.

Me alejé de la pared y la tomé del brazo para empujarla rápidamente hacia otra habitación.

— ¡Suéltame! — Gritó ella, forcejeando — ¿Quién te crees? ¿Quién eres?

Como el pasillo estaba penumbroso no había visto mi rostro.

Recibí unos golpes con el bolso hasta que estuvimos dentro de un vestidor.

Me aparté con las manos en alto alto.

— ¡Ya basta, señorita! — Gruñí, irritado, peinando mi cabello con los dedos.

Abrió sus ojos como platos.

— ¡Usted!

— Sí, yo — Sonreí, apoyándome en la puerta para que no escapara.

— ¿Qué pretende al encerrarme aquí? — Se enrojeció de la furia.

Su cabello tenía ondas preciosas que rozaban sus hombros delicados.

Tenía un vestido de mangas largas con escote recto, de color vino.

Aclaré mi garganta para dejar de distraerme con su apariencia.

— Quería hablar con usted.

— ¿Me está siguiendo? — Frunció el ceño.

— No, tengo un palco privado y de casualidad la observé entrar con su familia.

— ¡Déjeme salir! — Se aproximó con ímpetu, pero no me moví de la puerta — ¡Usted y yo no tenemos nada de que hablar!

— ¿Olvida que usted será mi esposa?

Soltó un gemido de indignación.

— No recuerdo haberme comprometido con usted.

— Lo hará — Aseguré, sonriendo con arrogancia y arrugó la nariz.

— No, no lo haré, no voy a casarme con usted.

— Sí, lo hará.

— ¡No, ya déjeme en paz! — Alzó la voz — ¿Hasta cuándo me va a hostigar?

— Hasta que acepte.

— Usted es un farsante, ya me enteré que no tiene el título de duque, que lo usa para lograr casarse y así obtenerlo — Retrocedió, observando los maniquíes con trajes y disfraces, seguramente pensando en una forma de escapar.

— Exactamente, mi primo le informó bien — Llevé las manos a los bolsillos de mis pantalones, sin apartar la espalda de la puerta.

— ¿No se avergüenza de semejante engaño?

— ¿Usted no se avergüenza del suyo?

Encajó sus dedos en el bolso de mano. Pro primera vez no pudo ocultar su expresión de sorpresa.

— No sé de que habla.

— Hablo de que usted está engañando a todos esos caballeros, que su afán de casarse no es porque este a punto de ser una solterona, sino que hizo un trato con sus padres para que no la obligaran a volver a Hilaria y para zafarse de un matrimonio con un tal Lord Flitton — Me alejé de la puerta, observándola a los ojos y pude captar los nervios que mantenía a control.

¿De dónde habrá aprendido a ocultar sus emociones?

— ¿Cómo rayos supo de eso? — Su voz se cortó con su respiración acelerada.

Sonreí — Tengo mis mañas. Solo le quedan tres semanas para casarse.

— Que sepa de esto no me hará aceptarlo como mi futuro esposo.

Me reí, rodeándola y retrocedió, había un espejo detrás de ella y se detuvo en seco.

— Mi primo no sabe de esto.

— ¿Cómo está tan seguro? — Elevó su barbilla, apretando esa encantadora boca pintada de brillo rosa.

— Porque lo conozco y sé que si se entera de semejante farsa, de que usted no es lo que aparenta y que su familia le ha estado viendo la cara para poder tener sus contactos y su influencia, los echará y destruirá sus reputaciones.

Capté la duda en su semblante.

— Lord Erick es un caballero...

— Lord Erick es un hombre apegado a las normas de la sociedad, es tan prejuicioso como todos los aristócratas aferrados a la relevancia de la imagen y las acciones — Me acerqué otro poco, aspirando ese olor a lirios — Ya debería saberlo, si habla de mí que soy su primo, no le importara soltar barbaridades sobre su familia y usted, su influencia le abrió puertas en Floris, pero también pueden cerrarse.

— No serán mentiras las que soltó de usted.

— No, acepto que no lo son, pero si tomara en consideración que soy su sangre, no se empeñaría en hundirme, aumentando las habladurías.

— Tengo su propuesta...

— ¿En serio quiere casarse con ese hombre? — Pregunté, cerrando la distancia y elevó su mirada, tan pequeña, pero tan fuerte — Con su mente prejuiciosa usted quedaría atrapada, sin poder hablar como lo hace conmigo. Un matrimonio con mi primo sería tan asfixiante y aburrido. Dudo que haga alguna diferencia del otro hombre que le espera en Hilaria. En cambio conmigo no tiene que fingir ser una señorita cordial, podemos llegar a un acuerdo para hacer de nuestro matrimonio algo que nos beneficie a ambos, hacer un trato con todo lo que no queremos y queremos de nuestra futura relación.

Se quedó pensativa, casi cediendo a mis palabras.

— No finja que se preocupa por mí, solo actúa por conveniencia, su único propósito es cobrarse el daño que le hice — Sus pupilas se agitaron, estaba a un paso de estampar el bolso en mi rostro — No puedo confiar en usted, no cuando me odia, estar casada con usted me dejaría indefensa, a su voluntad.

Necesitaba hacer algo para dejarla deseosa demás, solo podía doblegar temple.

Me quedé observándola, sin despegar mis ojos de ellas y noté como su garganta se agitaba.

No llevaba guantes, así que acerqué mi mano sin que se diera cuenta.

Rocé mis dedos con los suyos.

Hubo una respuesta, abrió su boca y aguantó la respiración.

Mi miembro se tensó ante la vista de lo que le había ocurrido, conocía tanto esa reacción, era lo que necesitaba para saber que no le era indiferente a la Señorita Daila, que mi toque fue como un detonante.

Los alejé de inmediato y retrocedí.

— Le daré dos semanas para pensarlo, Señorita Daila — Dije, con mi voz gutural por la excitación — Su mejor opción soy yo, si su primo se entera de lo hizo estará igual o peor de manchada que en Hilaria.

Me giré, saliendo por la puerta sin mirar atrás.

Caminé con ímpetu, devuelta a mi palco.

Me dejé caer en mi asiento, tomando una larga respiración. Me sentía un revoltijo de sensaciones poderosas.

Supe que la caricia no solo había afectado a la señorita.

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Comments

Jazmin Salgado Ro

Jazmin Salgado Ro

jejeje que bueno que lo acepta, 😁 eso ya es un gran paso, dicen los alcohólicos.

2025-03-07

1

Mel G.

Mel G.

Me sorprende, no podías ni respetar a la mujer de tu amigo y socio, pero tal vez era por que ya había estado en tu cama

2024-12-04

0

Vivian Pfeiffer

Vivian Pfeiffer

parece que encontró su domadora

2025-01-31

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