El gran día finalmente había llegado, marcando el comienzo de una nueva etapa en la vida de Nicolás y Sofía. Bajo el resplandor del sol matutino, todo estaba preparado para la que sería la "boda del año".
Carlos Potter, radiante de orgullo y emoción, observaba con deleite cómo los últimos detalles de la ceremonia se ultimaban. La prensa aguardaba ansiosa, lista para capturar cada momento de este enlace tan esperado.
Jeronimo, quien apenas había descubierto unos días atrás los planes matrimoniales de su hermana, estaba lleno de entusiasmo ante la perspectiva de una nueva vida en una casa más grande. Sus ojos reflejaban la inocencia y la ilusión propia de un niño que veía el mundo con nuevos horizontes.
Carlos Potter: *(Dirigiéndose a los invitados)* Queridos amigos, familiares y distinguidos invitados, hoy es un día de gran alegría y celebración. Estoy encantado de dar la bienvenida a todos ustedes a esta hermosa ocasión en la que unimos a dos almas destinadas a seguir juntas el camino de la vida.
Los invitados asentían con sonrisas y murmullos de aprobación, mientras que Nicolás y Sofía avanzaban hacia el altar, cada uno con sus propios pensamientos y emociones.
Sofía: *(Para sí misma, nerviosa)* ¿Qué estoy haciendo aquí? Este no es el matrimonio que siempre soñé...
Nicolás: *(Internamente, resignado)* Solo debo seguir adelante. Esto es lo que se espera de mí como heredero de los Potter.
La ceremonia transcurrió con la solemnidad esperada, pero para Sofía y Nicolás, cada paso hacia el altar era como un paso hacia lo desconocido. No había emoción ni amor palpable en el aire, solo la frialdad de un compromiso pactado por circunstancias ajenas a ellos.
Sofía: *(Dirigiéndose a Nicolás, con una sonrisa forzada)* Hola, Nicolás. ¿Cómo estás?
Nicolás: *(Con cortesía, pero distante)* Bien, gracias. Solo esperando que todo esto termine pronto.
Sofía: *(Con un suspiro)* Sí, yo también.
Los votos fueron intercambiados con solemnidad, pero las palabras carecían de la chispa de autenticidad y emoción que se esperaba en un día tan especial.
Oficiante: *(Con solemnidad)* ¿Nicolás, aceptas a Sofía como tu legítima esposa, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
Nicolás: *(Con formalidad)* Sí, lo hago.
Oficiante: *(Dirigiéndose a Sofía)* ¿Y tú, Sofía, aceptas a Nicolás como tu legítimo esposo, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
Sofía: *(Con determinación, pero con un dejo de resignación)* Sí, lo hago.
El momento culminante llegó cuando el novio finalmente pudo besar a la novia, sellando así su unión en un gesto que carecía de la pasión y el amor que a menudo se asociaba con tal acto.
Nicolás: *(Acercándose a Sofía, con formalidad)* Permíteme, por favor.
Sofía: *(Dando un paso atrás instintivamente, pero luego cediendo)* Claro, adelante.
El beso fue breve y protocolario, pero para ambos, fue un recordatorio de la artificialidad de su unión.
Después de la ceremonia, la pareja se retiró a la recepción, donde la música y el baile llenaron el ambiente con una energía forzada. Mientras tanto, Nicolás y Sofía se esforzaban por mantener las apariencias, pero en sus corazones, sabían que el amor no estaba presente en esta unión impuesta.
El viaje hacia la luna de miel fue un silencioso recordatorio de la distancia emocional que existía entre ellos, un reflejo de la realidad de un matrimonio sin amor.
El ambiente en la luna de miel era tenso y cargado de incomodidad mientras Nicolás y Sofía se encontraban cara a cara en la intimidad de su habitación de hotel. A pesar de la belleza del lugar y el lujo que los rodeaba, la atmósfera estaba impregnada de una sensación de vacío y desconexión.
Nicolás se recostó en la cama, mirando al techo con una expresión distante en su rostro. Las palabras del oficiante resonaban en su mente, recordándole la solemnidad de los votos que había pronunciado momentos antes.
Nicolás: *(Para sí mismo, con amargura)* ¿Qué he hecho? ¿Cómo pude permitir que esto sucediera?
Sofía, por su parte, se encontraba junto a la ventana, observando el paisaje nocturno con una mirada perdida en sus ojos. La magnificencia del entorno contrastaba con la melancolía que sentía en su corazón.
Sofía: *(Susurrando para sí misma)* Este no era el plan que tenía para mi vida... Pero aquí estoy, atrapada en un matrimonio sin amor.
El silencio entre ellos era abrumador, una barrera invisible que separaba sus mundos y los dejaba solos con sus pensamientos y emociones.
Nicolás: *(Finalmente rompiendo el silencio, con sinceridad)* Lo siento, Sofía. Sé que esto no es lo que esperabas, ni lo que yo esperaba tampoco.
Sofía se volvió hacia él, encontrando una expresión de genuina sorpresa en su rostro. La sinceridad en la voz de Nicolás la tomó desprevenida, pero también le dio un destello de esperanza.
Sofía: *(Con cautela)* No esperaba escuchar esas palabras de ti, Nicolás.
Nicolás suspiró, sintiendo un peso levantarse de sus hombros al abrirse a Sofía sobre sus verdaderos sentimientos.
Nicolás: *(Con honestidad)* No puedo fingir que esto es lo que quiero. No puedo fingir que siento algo que no siento. Estoy atrapado en una situación que no elegí, al igual que tú.
Sofía asintió en silencio, sintiendo una conexión emocional con Nicolás que no había esperado encontrar en medio de la confusión y el dolor.
Sofía: *(Con sinceridad)* Comprendo cómo te sientes, Nicolás. También estoy luchando con mis propias emociones y expectativas sobre este matrimonio.
El silencio que siguió fue menos incómodo esta vez, más cargado de comprensión y empatía mutua. Aunque seguían siendo extraños en muchos aspectos, habían encontrado un terreno común en su dolor y desilusión.
Nicolás: *(Con determinación)* No sé qué depara el futuro para nosotros, Sofía. Pero prometo que haré todo lo posible para ser honesto contigo y encontrar una manera de superar esto juntos.
Sofía sonrió, sintiendo una chispa de esperanza surgir en su corazón por primera vez desde que aceptó este matrimonio impuesto.
Sofía: *(Con gratitud)* Gracias, Nicolás. Significa mucho para mí saber que no estoy sola en esto.
En medio de la oscuridad de la noche, Nicolás y Sofía encontraron un destello de luz en el vínculo emocional que compartían. Aunque su matrimonio había comenzado en circunstancias poco convencionales, estaban decididos a encontrar una manera de navegar juntos por las aguas inciertas del futuro. Y en ese momento, eso era todo lo que importaba.
El futuro de Nicolás y Sofía seguía siendo incierto, pero en medio de la farsa y la falsedad, había una chispa de esperanza de que algún día encontrarían el amor y la felicidad que tanto ansiaban.
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