Bajo del avión y mis ojos recorren el aeropuerto, absorbiendo la escena que se despliega ante mí. Familias enteras se reúnen, abrazándose con lágrimas de alegría en los ojos. Los abuelos besan a sus nietos, los padres estrechan a sus hijos en un abrazo apretado. El aire está lleno de risas y conversaciones animadas, y por un momento, me siento como una extraña en un mundo que no me pertenece.
La soledad que me rodea es como un manto pesado que me oprime. Me doy cuenta de que no tengo a nadie que me espere, nadie que me abrace y me diga que me extrañó. La nostalgia me invade, y por un momento, me siento como si estuviera caminando sola en un mundo que no me entiende.
Pero entonces pienso en Gaby, mi mejor amiga. Ella es la única persona que podría entenderme, que podría saber cómo me siento. Su sonrisa radiante y su risa contagiosa me vienen a la mente, y por un momento, me siento un poco menos sola.
Camino a pasos lentos, con mi mirada fija en mis pies, intentó evitar ver el amor y la felicidad que rodea a otras personas. No quiero recordar que hay un mundo fuera de mi realidad, un mundo donde la gente se ama y se abraza. Pero al levantar mi mirada, veo a un hombre mayor con un traje impecable que se acerca a mí con una sonrisa en su rostro. En su mano sostiene un cartel con mi nombre escrito en letras grandes y negritas.
Mi corazón late con una mezcla de curiosidad y aprehensión mientras él se acerca a mí. __ ¡Señorita! ¡Qué alegría verla de nuevo! exclama, mientras sus brazos se extienden para abrazarme. Pero mi cuerpo reacciona de manera instintiva, he desarrollando una hafefobia, un miedo intenso e irracional al contacto físico con otras personas. Mi cuerpo se pone rígido y lo apartó, sintiendo una mezcla de vergüenza y frustración.
Él se aleja un paso, sonriendo aún, pero con una expresión de comprensión en sus ojos.
__ ¡disculpe mi atrevimiento, señorita! Me dejé llevar, es muy parecida a la niña Dasha, ¿Cómo estuvo su viaje?
__ Muy bien, pensé que me sentiría incómoda", digo con una sonrisa leve, mientras miro por la ventana del auto. Hace años que no viajaba en un avión. Fue algo tranquilo, el hombre que me ha estado acompañando, sonríe y asiente con la cabeza. "Me alegra que todo haya salido bien, señorita. Mi nombre es Francesco Rizzo, soy el mayordomo del señor Vladimir.
El auto es un Mercedes-Benz negro brillante, con asientos de cuero suave y un olor a nuevo que me hace sentir como si estuviera en un mundo diferente. Francesco Rizzo conduce con habilidad, mientras yo me siento en silencio, mirando por la ventana el paisaje que se despliega ante mí.
No sé qué pensar del por qué el abuelo me pidió que regresara, pero estoy segura de que no es nada bueno. Nunca voy a esperar que él me considere su nieta o me trate como tal. Por qué él siempre ha sido un hombre frío y distante, y no espero que eso cambie ahora.
Finalmente, llegamos a nuestro destino. Francesco Rizzo me abre la puerta del auto y me ayuda a bajar. Hay un joven algo tímido que me mira con curiosidad.
__ ¡Llegamos señorita!", dice Francesco, mientras me sonríe. Este es Matías, él se encargará de ayudarla con sus maletas.
Miro la entrada de la casa, y un torrente de emociones me invade. No tengo muchos recuerdos de este lugar, solo el día que me enteré que me iría al internado. Fue un día que cambió mi vida para siempre. Hoy, de nuevo estaré cara a cara con mi abuelo, y no puedo evitar sentir un poco de nervios. ¡Hace mucho que no sentía ese sentimiento! También despierta en mí la curiosidad, saber qué planes tiene, qué motivos lo llevaron a pedirme que regresara.
Pero esta vez es diferente. Ya no soy esa niña que estaba destrozada por perder su hogar, ¡esa niña asustada que no sabía lo que le depararía el futuro! Por no tener a alguien en quién refugiarse y desahogar todo el dolor, ya no soy esa niña que quería apoyarse en su única familia, esa niña que vivía en ese cuento de color rosa que creía en el amor filial.
Inhalo y exhalo, me doy fuerza mentalmente antes de entrar. Me preparo para enfrentar el rostro de la persona que se cree mi juez, la persona que se cree con el derecho de decidir en mi vida. Me preparo para enfrentar la realidad, para enfrentar a mi abuelo y descubrir qué planes tiene para mí.
Mi abuelo, Vladimir Kuznetsova, me mira con una actitud de superioridad que me hace sentir incómoda. Su rostro muestra un destello de cansancio, pero su voz sigue siendo potente y autoritaria.
__ ¡Deja de mirarme! Y ¡saluda como es debido a tu abuelo!", me ordena, con una mirada que me hace sentir como si estuviera en un tribunal.
__.Cómo está abuelo, ¡fueron muchos años sin verlo!", le respondo, con una sonrisa educada que intenta ocultar mi verdadera emoción. "Veo que el tiempo ha dejado su huella en usted."
Mi abuelo frunce el ceño, como si no estuviera seguro de qué hacer con mi comentario. __¿Qué insinúas?", me pregunta, con una sonrisa que parece más una forma de burla, Pero luego se pone serio. A ti te han favorecido estos años, ya eres una joven mujer y ¡muy hermosa!, me dice, con una sonrisa que parece más una forma de alimentar su ego. ¡Todo es gracias a la sangre de los Kuznetsova!
Me río interiormente al escuchar su comentario. __ Abuelo, creo que te olvidas de que mi padre también tenía un papel en mi creación, le digo, con una sonrisa que parece más una forma de desafiarlo.
Mi abuelo se pone rojo de ira, y puedo sentir su furia. __¡Niña ingenua, veo que las monjas no te enseñaron nada!", me grita. ¡Ve con Francesco, él te indicará tu habitación! ¡Descansa! ¡Te espero muy puntual esta noche! Tendremos una comida muy importante."
Me inclino ligeramente, simulando un saludo militar. "Como ordene mi general", le digo, con una sonrisa que parece más una forma de burla.
Sigo a Francesco en un gran silencio, mirando cada detalle de esta hermosa mansión. Quiero tirarme en una cómoda cama y dormir el resto de la tarde.
__ Francesco, ¿sabes por qué es importante la comida?", le pregunto, mientras caminamos.
__ Tengo entendido que vendrá la familia Ivanov, me responde. "Serán socios de su abuelo, y él quiere que la conozcan."
Me pregunto qué hay detrás de esta comida. ¿Qué relación tienen los Ivanov con mi abuelo? ¿Qué secreto esconde mi abuelo?
__ ¿Hay algo más que deba saber?", le pregunto a Francesco, con una mirada que busca más información.
__ Creo que eso es todo, señorita", me responde, con una sonrisa que parece más una forma de evasión.
Me doy cuenta de que Francesco no me está diciendo toda la verdad. La verdad es que no confío en mi abuelo. Sé que algo está planeando, él nunca se ha preocupado por mí, ni mucho menos ha querido tenerme cerca de él. No lo conozco, pero puedo deducir que es una persona que le gusta tener a todos bajo su control
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Comments
Miguel Obando
Buena, me gusta como va
2024-02-15
2
ANNIE
muy buen comienzo
2024-02-01
0
Anonymous
me encanta su forma de escribir, cada detalle es imprecionante
2024-01-17
1