Sebastián Sandoval: ¿Están todos listos?
Todos: Sí, señor.
Sebastián Sandoval: Entonces, salgamos.
Sebastián había preparado un gran equipo para rescatar a su hija de las manos de Isabella, quien lo había engañado y huido del lugar.
Víctor se había negado a ir. Quería quedarse a cargo de la gran ciudad. También tenía su instinto y algo le decía que esto no sería fácil.
Gonzalo lideraba el equipo de fuerzas especiales con un GPS. La señal estaba detenida en un solo lugar desde que la habían ubicado.
Sebastián Sandoval: ¿Cómo vamos?
Gonzalo: Estamos a una hora del lugar.
Sebastián Sandoval: ¿Por qué no salimos en el avión?
Gonzalo: No queremos que sepan de nuestra presencia. Estoy seguro de que nuestro hombre nos tiene buena información.
Sebastián Sandoval: ¿Dejaste encerrado al resto?
Gonzalo: Fue la orden que me diste y la cumplí al pie de la letra.
Gonzalo se comunicaba con Sebastián por radio, mientras que Sebastián iba en el asiento trasero de una camioneta. Sus ojos estaban cerrados mientras que sus manos estaban apretadas conteniendo su furia.
Gonzalo: Jefe, me gustaría conversar con usted sobre lo sucedido.
Sebastián abrió sus ojos. Su mano derecha nunca se había atrevido a tocar un tema que no fuera de trabajo, y eso también le preocupaba.
Sebastián Sandoval: Habla.
Gonzalo: Señor, todo esto es mi culpa. Nunca debí meter a esa joven inocente en la habitación. Ella le tiene miedo y por eso huye de usted.
Sebastián escuchó todo lo que su mano derecha le dijo, pero nada de eso le importó y guardó silencio. Gonzalo sabía muy bien lo que significa el silencio de su jefe, así que decidió seguir insistiendo.
Gonzalo: Señor, por favor, no le vaya a hacer daño a la señorita.
Sebastián cerró sus ojos y apagó la radio. Gonzalo, al percatarse de su acción, entendió que no había vuelta atrás. Él iba a arremeter contra la joven inocente.
La caravana de autos siguió su curso hasta llegar al lugar que indicaba el GPS. Gonzalo se bajó en busca del hombre de seguridad.
Gonzalo: ¿Quieres un informe de la situación?
Guardaespaldas: La señora ha sido guiada por un joven hasta este lugar. He estado aquí durante 6 horas y no he visto nada más hasta que ellos entraron a esa casa.
Gonzalo: Entra a la camioneta, el jefe quiere hablar contigo.
El hombre sabía lo que le esperaba y aún así subió a la camioneta para conversar con su jefe.
Sebastian seguía en la misma posición con los ojos cerrados. Tenía un aura muy tenebrosa, y es que no solo era un hombre rico y poderoso, sino que también era un hombre malo que había matado a muchos adversarios con sus propias manos.
Sebastian Sandoval: Dime todo lo que sucedió.
Guardaespaldas: Jefe, yo estaba en mi guardia y de pronto el médico de la niña salió a conversar conmigo, hasta me pidió un cigarrillo. Al poco tiempo, me percaté de que la señora se estaba escapando del lugar, pero cuando voltee, el médico me golpeó por la espalda haciéndome caer y desorientado por un momento. Cuando logré estabilizarme, salí corriendo detrás de ellos. Él acompañó a la señora hasta el carro que la recogió y yo robé este carro para seguirla. Y hasta aquí llegaron.
Sebastian Sandoval: ¿Dónde está la niña?
Guardaespaldas: Entraron a esa casa y no han salido.
Sebastian Sandoval: Quiero que te encargues personalmente de revisar la casa y me traigas a la niña.
Guardaespaldas: ¿Y la señora?
Sebastian Sandoval: Déjala esposada en cualquier lugar de la casa para que tenga su merecido.
El hombre salió a coordinar la búsqueda mientras que Sebastián seguía con sus ojos cerrados en el asiento trasero. No se despegaba de su celular y era como si esperara la llamada de alguien.
Los hombres no tardaron mucho en regresar con la noticia de que no las habían encontrado.
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