Le quito las mordazas a ambos.
— ¡Oficial! ¡Sáquenos de aquí! —Vocifero el Padre de Tessa atado a su silla.
Era calvo, usaba bigote, se veía un hombre robusto de unos cincuenta.
Observo una herida bajo su brazo, corto una arteria—Penso para sus adentros—Este hombre se está desangrando.
La madre tenía el cabello ondulado, los ojos morados producto de una golpiza.
— ¡Rápido! ¡Apúrese!—Exclamo la mujer.
—Esto va a estallar, tengo que tener cuidado ¿Vieron al asesino?
—No—Negó el padre de Tessa—Estaba con un pasamontañas.
Por la herida que tiene este hombre, hace nada que se ha ido de aquí, en unos segundos más... toda su sangre estará haciendo un charco en el suelo y el morirá...—Penso para sus adentros.
El muy infeliz había dejado un alicate sobre la mesa y un cartelito que decía
"Buena suerte Damien"
Damien apretó su mandíbula—Son todos blancos los conductores —Rabio nerviosamente, empezaba a sentir sudor en su rostro.
Eligió al azar y el tiempo se dividió a la mitad.
Damien hizo unos pasos hacia atrás.
— ¡¿Qué hace?! —Vocifero el padre.
— ¡Ayúdenos! —Exigió la madre
—Lo siento—Camino hacia atrás—Ya no queda tiempo.
— ¡Hijo de perra! —Vocifero el padre de Tessa— ¡Te maldigo!
— ¡Lo siento! ¡Lo siento! —Exclamo retrocediendo mas y mas.
La mujer estaba a los gritos—¡Ayúdenos! ¡Oficial! ¡Haga su trabajo!
Cerro los ojos y corrió hacia el pasillo como el peor de los cobardes con el rabo entra las piernas, como un maldito perro.
El ascensor se abrió mostrando al guardia ingresar— ¿Qué pasa hombre? tengo gente en la calle ¿Te falta mucho?
— ¡Corre! ¡Hay una bomba! —Exclamo desesperadamente.
— ¡¿Qué?! —Abrió los ojos como platos.
— ¡Adentro del ascensor, ahora! —Exclamo con desespero.
El guardia tropezó en la entrada cayendo como un costal de patatas al girarse con rapidez.
— ¡Imbécil! —Grite.
Lo arrastro por el suelo tomándolo del brazo hasta la cabina y de un manotazo apretó el botón para bajar al Lobby, pasaron unos segundos y luego, la explosión fue brutal.
El ascensor se estremeció completamente, la luz se cortó.
Sintió unas manos calientes sobre su boca, y otras en el abdomen, la luz comenzó a parpadear y justo ahí, observo dos personas calcinadas sujetándolo, soltó un grito pero su mano lo encerró en su boca dejando salir más que un murmullo.
Las luces parpadeaban ferozmente.
—Asesino...—Susurro una voz.
De pronto el rostro de la Madre de Tessa apareció frente a sus ojos—Nos dejaste morir...nos abandonaste...eres un asesino.
Su rostro se veía completamente desfigurado , su cabello ya no existía, parte de sus mejillas tampoco, estaba completamente desfigurada, su piel se sentía caliente, pero sus ojos, sus ojos se veían con una furia incontrolable.
—Ahora te toca morir a ti—Susurro la madre de Tessa —Damien sintió que mordieron su cuello de ambos lados arrancándole los pedazos de carne.
— ¡Aaaaaah! —Soltó un grito.
— ¡Damien! ¡Damien! —le alerto Amy—Es una pesadilla—Toco su rostro con sus manos— Tranquilízate, todo está bien.
—Amy... —Musito— ¿Qué sucedió? —Pregunto algo desconcertado.
Damien miro la luz blanca de un fluorescente en el techo, miro alrededor — ¿Estoy en el hospital? —Observo sobre la mesa un florero con rosas rojas.
—Te golpeaste la cabeza...—Comento Amy—Pero parece que está todo bien, no te preocupes...
—Todo es confuso.
— ¿Qué sucedió Damien? ¿Por qué estallo todo?
—No lo sé, no entiendo...me siento culpable—Sollozo—No pude salvarlos...puso una bomba debajo de ellos con un circuito pegado a unos chalecos que traían puestos los padres de Tessa.
Amy lo envolvió con sus brazos—No es tu culpa.
—No pude quitarles la bomba...escape como una rata...
—Shh—Amy le acaricio el cabello—Relájate campeón...
Levanto sus brazos y apoyo las manos sobre la espalda de ella —Gracias por estar aquí,¿Quién trajo las flores?
—Yo ¿Te gustan? —Pregunto con cierta sonrisa en el rostro.
—Son hermosas.
—Me alegro mucho.
Amy se levantó y la observo con curiosidad—Tienes que ponerte fuerte para que me invites a salir—Sonrió con picardía.
Damien sonrió forzadamente— ¿Ah, sí?
Amy traía un pantalón de vestir negro un saco oscuro y una camisa blanca
Ella camino y se sentó en la silla a un costado de la cama cruzando una pierna sobre otra observándolo con cierta curiosidad—Me gusta la comida china—Menciono con gracia.
—Está bien—Damien rió—Lo que tú quieras.
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