Sebastián tomó la palabra:
—Señorita Lila, ¿puedo llamarla así?
Lila respondió de mala gana.
—Puedes llamarme por mi nombre, estoy acostumbrada a eso.
Su tono era áspero. Sebastián podía notar la indiferencia, molestia y disgusto en su voz, y eso lo decepcionaba. Recordaba cómo en el pasado la había juzgado sin conocerla. Ella solo intentaba mantener la paz y, a pesar de sus esfuerzos por acercarse, él fue el peor patán de todos. (*Tal vez ella también recuerda el pasado,* pensó Sebastián. *Puedo verlo en su mirada, ese dolor y odio en sus hermosos ojos, aunque mi madre y Mónica no lo noten*).
—Señorita, ¿le gustaría dar un paseo conmigo, si no es mucha molestia? —preguntó Sebastián, intentando romper la tensión.
Lila estaba a punto de rechazar la invitación, pero en ese momento Mónica intervino:
—Por supuesto, joven duque. Mi hija puede mostrarle el lugar; así podrán conocerse mejor. Al fin y al cabo, son prometidos —dijo Mónica sonriendo, con la esperanza de que esa cercanía forjara algo entre ellos.
Sebastián sintió una chispa de esperanza, y Lila no tuvo más remedio que aceptar la "orden" de su madre, quien le dirigió una mirada firme. Sin decir nada, empezó a caminar lentamente mientras Sebastián hablaba de temas triviales en un intento de suavizar la atmósfera. Cuando llegaron a un área apartada, él intentó tomar su mano para que lo mirara, pero ella, furiosa, le apartó la mano de un manotazo.
—Escúchame, *Sebastián* —dijo Lila, muy molesta—. Que sea la última vez que intentas tomarme de la mano. Acepté tu invitación solo por cortesía, pero no quiero nada contigo. Pronto solicitaré la disolución de nuestro compromiso. Y no finjas; sé que tú tampoco me soportas.
—Lila, por favor, no seas así. Solo quiero acercarme a ti —dijo Sebastián, con voz suplicante.
—¿Para qué? ¿Para lastimarme? —respondió ella, incapaz de contener su dolor.
—Lo siento mucho… veo que también lo recuerdas.
Lila se sorprendió al escuchar eso. ¿Acaso él también recordaba el pasado?
—¿De qué hablas? —preguntó, intentando disimular su sorpresa y con la esperanza de que no fuera así.
—No te hagas, Lila. Estoy seguro de que recuerdas lo que ocurrió, igual que yo. Por eso quiero enmendar mis errores.
—Lo que hiciste nunca lo voy a olvidar —respondió ella, con una voz cargada de rencor—. Aunque intentes disculparte, aunque quieras redimirte, yo no soy Dios para perdonar. Recuerda esto: soy la “Princesa Demonio”, como tanto me llamaste en el pasado. Y ahora llevo ese título con orgullo. ¿Sabes por qué? Porque puedo ser tu peor pesadilla si me lo propongo.
—Lila, por favor… sé que no merezco tu perdón, y sé que unas palabras no pueden arreglar lo que pasó. Pero vivir con tanto resentimiento no te hará bien. Si dejas ir ese odio, podrías ser feliz… —dijo Sebastián, con algo de esperanza.
Pero Lila se rió con amargura. Sus carcajadas no reflejaban diversión, sino ironía y desprecio.
—¿A mí? ¿Ser feliz? Tal vez lo sea… pero el día que vea a esa maldita **Priscilla** destruida. Ella me quitó todo: mató a mi madre, a mi hermano, me arrebató todo lo que me correspondía. Incluso a tus amigos los alejó de ti y luego acabó conmigo. Se hace llamar “hija de la diosa” como si tuviera algún honor. No es más que una vil usurpadora, una despreciable zorra. Y tú… solo fuiste un tonto que cayó en su trampa, nada más que un objeto en su juego.
Sebastián recibió aquellas palabras con una herida en el alma.
—Sé todo lo que pasó, Lila. Por eso quiero pedirte perdón, quiero redimirme…
—No me pidas nada —le interrumpió ella con frialdad—. No voy a perdonarte, y tú no serás la excepción. Así que si volví, es para ajustar cuentas —terminó con una sonrisa malvada mientras le daba la espalda y se alejaba.
Dejó a Sebastián con la palabra en la boca. Caminó directamente hacia su habitación, reflexionando sobre lo ocurrido. *Si Sebastián también puede recordar, eso quiere decir que hay una gran posibilidad de que Priscilla también lo haga*. Sabía que debía actuar con cautela; si esa mujer recordaba, buscaría la manera de adelantarse a sus movimientos.
Lila se tumbó en su cama, frustrada. *¿Qué pensabas, Sebastián? ¿Creías que solo con disculparte y comportarte amablemente iba a olvidar todo lo que pasó? Estás muy equivocado.*
Mientras tanto, las mujeres en el jardín notaron la cara triste de Sebastián al regresar sin Lila. Para ellas, era obvio que a Lila no le interesaba él. Pero él no se daría por vencido. Sabía que, aunque tuviera que sacrificarse, obtendría su perdón… solo así encontraría paz.
Lila pensó para sus adentros mientras tenía la mirada fija en la espalda de el hombre, que una vez amo : "Sebastián, me hicieron daño y me arrebataron la esperanza de ser feliz; junto con eso, también se llevaron una parte de mi humanidad. Así que, aunque quieras redimirte, siempre te recordaré como una escoria más que me hizo sufrir."
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Comments
pera
tendrás que morir un sin fin de veces para que te perdone ups es cierto ya no tiene piedad de nadie 😃😎👿
van a conocer al mismo demonio 😈
2023-10-03
5
Lucia Rosalba Garcia Mercado
ahora sí mucho perdón pero que tal si no te acordarás de lo que pasó volvería con la biborina
2023-06-28
0
Isa Jiménez
Por que le manda mirada asesina a su hija para que guíe a ese engendro del demonio y no le mando mirada asesina a su ex esposo cuando maltrataba a sus hijos? Muy mal Mónica muy mal
2023-05-25
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