7 En el Comedor.

A la mañana siguiente hoy iba a enfrentarme a mi padre. Quería ver su rostro cuando nos sentáramos en la misma mesa que me prohibió durante tanto tiempo.

—Buenos días, mamá, ¿cómo amanece la mujer más hermosa del mundo?

—Mónica: Bien, querida. Mejor ahora, con una hija tan cariñosa como tú.

—Te lo mereces, mamá. Hoy quiero pedirte algo… quiero que comamos en la misma mesa que mi padre.

Mónica frunció el ceño, y la alegría en su rostro se transformó en una sombra de preocupación.

—¿Qué dices, hija? ¿Te volviste loca? Sabes bien cómo reacciona tu padre cuando nos ve. Podría ponerse violento.

—No entiendo cómo llegaste a enamorarte de él, mamá. Eres hermosa, joven, cualquier hombre haría lo imposible por estar a tu lado, y tú decidiste quedarte con alguien que prefiere a su amante y a la hija de esa mujer antes que a ti o a tus hijos legítimos.

Mónica suspiró, la tristeza empañando su mirada.

—Hace tiempo que no siento amor por él. Mi corazón murió hace mucho.

—Entonces, ¿por qué no le das el divorcio?

—Jamás le daré ese gusto. Clarisa me ha quitado todo, pero nunca permitiré que se quede con mi título. Esa mujer no será emperatriz mientras yo esté aquí.

—¿Así que lo haces por orgullo? Y por ese mismo orgullo permites que te pisoteen… Mamá, Clarisa es peligrosa. Acepta el divorcio; yo te ayudaré para que esa mujer nunca tenga el trono, y para que papá nunca más te falte al respeto.

Mónica la miró, entre confundida y emocionada.

—¿Cómo harás eso, pequeña?

—Sé mucho más de lo que crees. Hoy comeremos en el comedor imperial, todos juntos. Quiero que Alexis nos acompañe, tengo algo planeado. Por favor, confía en mí.

A pesar de sus dudas, mi madre accedió, aunque se notaba nerviosa. Fui a buscar a mi hermano, que estaba entrenando con los espadachines. Cuando me vio, dejó lo que hacía y vino hacia mí.

—Alexis: Hola, Lila. ¿Qué haces aquí? ¿No ves que vas a enamorar a estos idiotas?

—No creo; me temen por "la maldición".

—Alexis: No vuelvas a decir eso. Tú no estás maldita… o quizás sí. Eres nuestra maldita bendición, de mamá y mía.

—Qué palabras tan dulces, hermano. Pero ven, quiero que vengas con mamá y conmigo al comedor imperial. Hoy comeremos con nuestro querido padre… y con la detestable Clarisa y Pricilla.

Alexis frunció el ceño, incrédulo.

—¿Comer con ese bastardo y esas arpías? ¿Te has vuelto loca?

—Nadie tiene que invitarnos para que reclamemos lo que nos pertenece. Somos sus hijos también, y tenemos derecho a estar allí.

—Alexis: Hermana, ¿sabes cómo es él? Nos desprecia, solo le importa esa mujer y su hija…

—Eso no importa. Hoy les haremos la vida imposible. Ve a ducharte; nos vamos.

Después de un rato, los tres nos dirigimos al palacio. Como era de esperar, los guardias formaron una X con sus espadas, bloqueando nuestro paso.

Me paré frente a ellos con firmeza.

—¡Escúchenme, idiotas! Muévanse de mi camino, o se las verán muy mal. Soy la princesa Lila Ponce, hija del emperador, y no permitiré que unos simples guardias me impidan entrar a mi propio palacio.

Uno de los guardias me miró con desdén.

—Guardia: Señorita, cuida tus palabras. No hables así del emperador.

Mamá y Alexis me observaban, sorprendidos. La antigua Lila, sumisa y temerosa, parecía haberse desvanecido. Sin pensarlo, usé mi poder; aunque no lo controlaba completamente, conseguí lanzar a los guardias unos doce metros hacia atrás, despejando la puerta.

Mamá me miró boquiabierta.

—Mónica: ¿Cómo… cómo hiciste eso?

—Anoche, mamá. Mi poder, el que mi padre selló cuando era una bebé, despertó. Y si es necesario, lo usaré para defendernos a ti, a Alexis y a mí.

Entramos en el palacio y nos topamos con una mucama, quien, al vernos, se plantó en nuestro camino con una mueca de desprecio.

—Mucama: ¿Qué hacen aquí? El emperador no estará contento al verlos aquí sin autorización.

—Lárgate de mi camino —le solté, con desdén—. No te pedí que hablaras.

La mucama, sabiendo que el emperador me despreciaba, se atrevió a levantar la mano, pero mamá se interpuso, sujetándola firmemente.

—Mónica: Que no se te olvide que aquí, la emperatriz soy yo. Y a mi hija la respetas.

Lila no pudo evitar sonreír al ver a su madre defenderla, aunque la mucama, sin intimidarse, se soltó bruscamente.

—Mucama: ¿Y eso a quién le importa? Sabemos que el emperador la trata como a una cucaracha.

Antes de que pudiera reaccionar, le di un puñetazo. La mucama cayó al suelo, sujetándose la nariz mientras lloraba de dolor.

—Agradece que no te mato en este mismo lugar. Ahora, quítate de nuestro camino.

Finalmente llegamos al comedor. Clarisa, Pricilla y Alejandro ya estaban allí, riendo y comiendo como si nada. Clarisa notó nuestra presencia, su cara se ensombreció y miró a Alejandro, molesta.

—Amor, ¿qué hacen ellos aquí?

Alejandro levantó la vista y, al vernos, una mezcla de disgusto y furia cruzó su rostro.

—Alejandro: ¿Qué hacen aquí? ¿Y cómo se atreven a entrar?

Mamá y yo nos sentamos, con Alexis a nuestro lado, y miré a mi padre fijamente.

—Mónica: ¿No es obvio? Vinimos a comer.

Alejandro golpeó la mesa, visiblemente irritado.

—Alejandro: Desde cuándo los perros comen con su dueño. Lárguense antes de que pierda la paciencia.

Me reí, rompiendo el tenso silencio.

—Clarisa: ¿Y tú de qué te ríes, insolente?

Sin decir nada, tomé un tenedor y lo arrojé en su dirección. Clarisa inclinó la cabeza justo a tiempo, y el tenedor quedó clavado en el respaldo de su silla. Sus ojos se abrieron de par en par, aterrada.

Pricilla comenzó a llorar, mientras yo la miraba con una sonrisa cruel.

—Lila: Vaya, parece que tienes buenos reflejos, Clarisa…

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Comments

Yoha D' Boliivarr

Yoha D' Boliivarr

por fin llego la hora de VENGANZA jajaja

2025-02-14

0

Daidoyi ZR

Daidoyi ZR

hoy si. al fin

2024-11-29

0

Andrea González

Andrea González

ahora. esto. van. a sufrir. cómo. nunca🤣🤣🤣

2023-04-01

5

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