En una casa vieja de planta baja vivía una mujer llamada Evita. Vivía sola, y no tenía bueno relación con los vecinos del pueblo, todos se alejaban de ella por su mal carácter.
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A diario colgaba su ropa en las cuerdas que tenía bajo una ventana, la cual daba a una plaza donde los jóvenes se reunían.
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Cada vez que un niño se acercaba a su casa, la mujer lo espantaba con gritos, y le amenazaba si llegaba a manchar sus prendas.
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Entre la colada, siempre tenía de seda, muy fino y blanco se notaba que era especial para ella, ya que lo tenía con delicadeza, como si fuera un tesoro.
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Una tarde, después de varias horas de lluvia, apareció por fin el sol, y los niños salieron a la plaza a jugar.
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