— ¿Por qué debo irme? ¡Ustedes, desvergonzados, son los que deben irse! ¡Y de mis hijos yo puedo encargarme! Así como lo he hecho todo este tiempo. Esta casa se hizo también con mi esfuerzo, no me voy a ir. Ni me iré. Maldita sea.
¿Qué les pasaba?
— Está a mi nombre, por lo que yo soy el legítimo dueño, Karla. Deja de hacer un escándalo y vamos adentro a arreglar esto —mencionó Armando con enojo mientras miraba hacia los ojos curiosos que nos rodeaban—. Arreglemos esto en la casa.
— Ya todo está dicho. ¿O es que vas a decir que quieres tenernos a las dos? —le dije.
Armando me miró con ira antes de ingresar a la casa de la mano de su amante; dejó la puerta abierta como si esperara que lo siguiera.
Me hubiese gustado no seguirlo, hacer un escándalo afuera, jalar de los cabellos a su amante mientras los insultaba a él y a ella para luego entrar a mi casa con dignidad.
Pero…
No pude hacerlo, simplemente lo seguí sintiendo cómo mi mundo se caía en pedazos mientras recuerdos de nuestro tiempo juntos pasaban frente a mis ojos.
Yo lo amaba, no lo podía negar ni borrar.
Lo amaba.
¿Por qué me hizo esto? ¿Por qué tuvo que traicionarme? Esto era algo que no podía perdonar; es más, él ni siquiera se mostraba arrepentido, parecía que quería deshacerse de mí lo más rápido posible.
Lo sabía, sabía que este era nuestro adiós.
Cuando entré por la puerta dispuesta a ajustar cuentas con este par de escorias, déjame decirte que ni siquiera pude abrir la boca; es más, olvídate de hablar o gritar. Armando me tenía agarrada del cuello mientras me observaba con ojos llenos de ira; nunca había visto ese tipo de mirada horripilante en él.
No, eso es mentira, siempre que estaba borracho se tornaba agresivo. Solo en esos momentos pasaba de ser un ángel y se transformaba en un demonio, y aunque nunca llegó a golpearme, muchas veces me insultó, pero lo dejé pasar porque pensaba que el alcohol lo hacía actuar de esa manera.
Ahora me doy cuenta de que fui una estúpida al no ver las señales, al no reconocer que esos insultos que me dirigía en estado de embriaguez se debían a que esta relación que habíamos mantenido durante estos 10 años le pesaba.
Él no era feliz a mi lado, quizás nunca lo fue.
— ¡Karla! ¿Acaso quieres volverme loco? ¿Cómo se te ocurre hacer un escándalo delante de los vecinos? ¡Perra!
Tras decir aquello, me empujó haciendo que cayera al suelo.
— ¡Desgraciado! Cof... Cof.
Como me sentía asfixiada, se me hacía difícil hablar o abrir la boca, y pronto un ataque de tos me invadió.
— Nandito, no seas brusco. Ya sabes que eso no me gusta, solo dile que se vaya y que nos deje en paz. La casa es tuya, así que no te puede echar, y los niños se quedan con nosotros.
— ¡Eso nunca sucederá! ¡De aquí me sacan muerta y con mis hijos no se metan! ¡Bastardo! ¡Escoria! ¿Es así como me pagas estos años que hemos pasado? Si ya no me querías, me lo hubieses dicho; si querías que fuera más femenina… yo… hubiese cambiado. ¿Cómo puedes hacerme esto? ¡¿Cómo?!
Aún me negaba a aceptar que todo esto estaba ocurriendo, me sentía tan indignada. Cuando veía en las redes sociales este tipo de casos, pensaba ciegamente que era afortunada de que no me sucediera a mí; incluso llegué a pensar que me había ganado la lotería con mi esposo.
— ¡Ya basta! —gritó Armando—. Deja de hacer un show, Karla. Ya estoy cansado de tus reclamos. Sabes, no pensaba separarme de ti, al menos por un tiempo. Me dabas lástima, pero viendo cómo te comportas creo que fui indulgente. Solo agarra tus cosas y vete antes de que llame a la policía y te saque por invasión. La casa está a mi nombre, Karla, y tú y yo solo nos juntamos, nunca nos casamos. Así que ni pienses en denunciarme o cualquier cosa, solo harías las cosas peores para ti.
Tras decir aquello, subió hasta la recámara. Lo seguí rápidamente temiendo lo que pudiera hacer. Mis temores no fueron infundados cuando vi a Armando recoger mis cosas y meterlas en una funda de basura.
— ¿Qué estás haciendo? —le pregunté mientras trataba de detenerlo—. Deja mis cosas.
— Tú eres la que me estás obligando a hacer esto. ¿Acaso no querías que me vaya? Bueno, esta es mi casa. La que se tiene que largar eres tú.
— ¡No! ¡Espera!
— Si solo te hubieras hecho la ciega y te hubieras tragado tu dignidad no estaría haciendo esto, pero tuviste que gritarlo a los cuatro vientos e incluso trataste de echarme de mi casa.
Ante las palabras que salían de su boca lo sentí tan desconocido.
¿Cómo fue que llegué a esta situación? ¿Qué hice mal?
¿Acaso él quería que le aplaudiera sus engaños? ¿Quería que me quedara callada y aceptara su traición como si no hubiera pasado nada? ¿Quería que continuara con mi vida como si no hubiera roto mi corazón en mil pedazos?
— No puedes hacerme esto —dije en un mar de lágrimas—. Los niños nunca te perdonarán.
Ellos…
— Ya cállate, deja de comprar simpatía, Karla. Nunca tienes tiempo para ellos, siempre estás metida en tu taller, creo que incluso se alegrarán cuando no te vean en casa, ya que siempre que estás los pasas regañando. Déjame decirte que me elegirán a mí sobre ti. No te quieren. ¡Te odian!
Me mordí el labio mientras trataba de refutar sus palabras. Pero no sé si era porque mi autoestima había caído en picada o porque sabía que tenía razón cuando decía que no pasaba demasiado tiempo con los niños, por lo que no supe qué decir ante sus palabras hirientes.
— Eso no es así —dije débilmente.
— Sí es así y lo sabes. Nos harías un gran favor si te largas.
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Comments
mariela
Armando la vida es como un Boomerang 🪃 cuando menos lo pienses te lo devolverá y será peor esa Cristel te dejará en la calle después que te cases con ella eso de que ella se hará cargo de tus hijos es como dice el dicho al tercer día el muerto hiede después viene el arrepentimiento.
2026-08-23
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Maru
😔 Karla no ruegues y menos a ese tipejo no tienes que cambiar por él, cambia por y para ti
2026-08-22
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Maru
Malvado! Infame 😢 ese hombre
2026-08-22
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