5. Fuera de sus cálculos

La puerta se cerró a espaldas de Alden.

—Esta también es mi habitación —declaró al fin. La voz, baja. Fría.

Belvina soltó una risa queda. No era una risa dulce. Más bien una burla delgada como un filo.

—Entonces deberías saber cómo se entra correctamente.

Las cejas de Alden se elevaron apenas. Intrigado. Se acercó. Un paso. Dos pasos. Se detuvo no muy lejos de ella.

—¿Desde cuándo eres así? —quiso saber.

El tono seguía plano. Pero esta vez había algo debajo. Algo que excavaba. Que ponía a prueba.

Belvina lo observó sin parpadear.

—Desde que me di cuenta —contestó con ligereza. Una respuesta que... no respondía nada.

Alden entrecerró los ojos.

—No me hagas perder el tiempo.

La presión empezó a sentirse. Sin embargo, Belvina no flaqueó. Al contrario: se puso de pie, cruzó ambos brazos sobre el pecho con toda naturalidad.

—¿Hacerte perder el tiempo? —repitió. Una carcajada breve. Cínica—. ¿No fuiste tú quien vino hasta aquí? —devolvió con calma—. ¿O me falla la memoria?

El aire entre los dos se tensó. Invisible, pero tangible.

Alden la contempló más tiempo. Más a fondo. Como si intentara desmontar algo oculto.

Pero lo que encontró fue lo mismo de antes. Calma. Superficie plana. Ilegible. Y eso... lo incomodaba todavía más.

Alden avanzó. Un paso. Luego otro.

La distancia entre ambos se esfumó demasiado rápido.

Belvina no retrocedió. Pero sus hombros se endurecieron, apenas. Lo suficiente para notarse.

Alden lo captó. Su mirada se estrechó un poco. No era sospecha. Era interés.

Levantó la mano. Despacio. Casi a punto de tocarla...

Belvina contuvo el aliento. Breve. Pero suficiente.

El gesto quedó suspendido en el aire.

Una sonrisa delgada asomó en la comisura de los labios de Alden.

—¿Miedo? —murmuró.

Belvina alzó el mentón.

—No te acerques tanto.

En lugar de retroceder, Alden cerró el tramo que restaba.

—¿No era esto lo que querías todo este tiempo?

La frase cayó despacio. Pero bastó para hacer vibrar algo dentro de Belvina.

Fragmentos de recuerdos pasaron en un destello. Breves. Incómodos.

Levantó el mentón un poco más.

—Esa era la otra —pronunció con serenidad—. No soy yo.

Por primera vez, Alden enmudeció por completo.

Las miradas chocaron a esa distancia mínima. Y esta vez no había suavidad. No había coqueteo. No había dependencia.

Solo dos personas que se medían. Se contenían. Se negaban a ceder terreno.

Poco a poco, Alden bajó la mano. Pero sus ojos no se apartaron.

—Interesante —masculló—. Si esto es un juego —continuó en voz baja—, empezaste demasiado tarde.

La voz, más grave que antes. Ya no puramente fría. Había algo distinto.

Belvina no contestó. Pero dentro de ella, acababa de comprender algo.

Así de cerca... era demasiado cerca. Y ella no estaba acostumbrada.

No porque sintiera atracción. Sino porque jamás había estado a esa distancia de un hombre sin poder esquivarlo.

Y lo detestaba.

Lo que más detestaba era que el hombre frente a ella se diera cuenta de todo.

Pero esta vez, Belvina ya no se limitó a resistir. Lo encaró de frente. Y la comisura de sus labios se curvó, apenas. No era una sonrisa dulce. Era más bien... comprensión.

—Ahora entiendo —pronunció en voz baja.

Alden no reaccionó enseguida. Sus cejas se fruncieron ligeramente.

—¿Qué entiendes?

Belvina inclinó la cabeza un poco. Su mirada descendió un instante y regresó a los ojos de él.

—Por qué nunca te interesé.

Las palabras sonaban ligeras. Pero su caída no lo fue.

La mandíbula de Alden se tensó de forma apenas perceptible.

Belvina prosiguió, la voz igual de serena.

—No fue porque yo no me esforcé lo suficiente.

Hizo una pausa breve.

—Sino porque tú simplemente no tienes la capacidad de corresponder.

El aire pareció endurecerse.

La expresión de Alden cambió. Ya no era solo frialdad. Algo había sido tocado. Más profundo.

Belvina avanzó un poco. Ahora la distancia entre ellos era casi nula.

Pero a diferencia del momento anterior, esta vez era ella quien tenía el control.

—Debí darme cuenta antes —continuó en voz baja—. Pedirle algo a alguien que no quiere dar...

La comisura de su boca se elevó apenas.

—...es inútil.

Alzó el mentón.

—Y yo... no voy a rebajar mi dignidad para mendigar amor.

Su mano se levantó. La punta de los dedos rozó con suavidad el pecho de Alden. Sin brusquedad. Pero lo bastante firme para dejar claro el punto.

—De un hombre...

se detuvo una fracción de segundo, clavando la mirada directamente en la de él,

—que no merece ser amado.

Silencio. Absoluto silencio.

La mirada de Alden se endureció. Más cortante que antes.

—Cuida tus palabras.

El tono descendió. Grave. Peligroso.

Pero Belvina no retrocedió. Ni un milímetro.

—¿Por qué? —replicó con calma.

—¿Porque al fin me detuve?

Su mirada recorrió el rostro de Alden sin un asomo de temor.

—¿No era eso lo que querías todo este tiempo?

Varios segundos sin que nadie hablara.

Por primera vez, no era Belvina la acorralada en esa conversación.

Alden se dio cuenta. Y eso lo perturbaba. Más de lo que debería.

Belvina desvió la vista primero. Pero no porque hubiera perdido. Sino porque... había terminado.

—Si no tienes nada importante que decir —soltó con voz neutra—, sal.

El tono no era alto. No era emocional. Precisamente por eso sonaba como una orden.

Alden no se movió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en ella. Evaluando. Recalculando. Revalorando.

La mujer frente a él tenía el mismo rostro. El mismo cuerpo. Pero era evidente que ya no era la misma persona.

Y por una razón que no le agradaba, eso lo... intrigaba.

—¿Que salga?

Repitió las palabras despacio. El tono, bajo. Denso. Peligroso. Su mirada descendió un poco, recorriéndola de arriba abajo.

No era admiración. Era más bien... una tasación.

—Se te olvida algo.

Se acercó otra vez. Lento. Calculado.

—Esta es mi casa.

Un paso más.

—Y tú...

Se detuvo. Justo frente a ella. La distancia se desvaneció de nuevo.

—Sigues siendo mi esposa.

La frase no fue fuerte. No fue alta. Pero contenía algo distinto: una reclamación.

Posesión.

Belvina se tensó levemente. Reflejo. Rápido.

Pero esta vez Alden no lo dejó pasar. Sus ojos atraparon cada pequeño cambio.

Y a diferencia del momento anterior, esta vez no se detuvo.

Su mano se alzó. Sin rudeza. Pero con firmeza. La punta de los dedos rozó el mentón de Belvina, levantándolo apenas. Obligando a que sus miradas se encontraran.

—Así que —susurró— no actúes como si pudieras echarme.

El tono era gélido. Pero había una capa debajo. Algo más oscuro. Más personal.

Belvina lo encaró sin desviar los ojos. El corazón le latía más rápido. Pero su mirada permanecía afilada.

—Si ese título es lo único que tienes —devolvió en voz baja—, entonces no hay mucho de qué presumir.

Los dedos de Alden seguían en su mentón. Quietos. Inmóviles. Pero la línea de su mandíbula se endureció.

Las palabras de Belvina no solo molestaban. Habían dado en el blanco.

Hondo.

Alden inclinó un poco la cabeza. Su rostro estaba más cerca ahora. Demasiado cerca.

—No pongas a prueba mi paciencia —articuló despacio.

No era una amenaza vacía. El tono bastaba para dejarlo claro.

Capítulos
1 1. Cuando el destino me obligó a ser ella
2 2. Desde hoy, no soy Belvina
3 3. Sin interés
4 4. Lo que no podía comprender
5 5. Fuera de sus cálculos
6 6. Algo que no encajaba
7 7. Un mundo demasiado caro
8 8. La calma que incomoda
9 9. Lo que no se puede controlar
10 10. La respuesta que no se dio
11 11. Entrar en tu mundo
12 12. Cuando ella dejó de importarle
13 13. Límites que nunca se pactaron
14 14. No mendigo amor
15 15. Cuando ella dejó de suplicar
16 16. Cuando el control dejó de estar en sus manos
17 17. Cuando ella dejó de esperar
18 18. Mi esposa florero se volvió codiciada
19 19. Darse cuenta demasiado tarde
20 20. La casa que alguna vez me humilló
21 21. Dulzura antes de la tormenta
22 22. Un hogar que no era por mí
23 23. El lugar que una vez elegí
24 24. No intentes escapar de nuevo
25 25. La mañana después del caos
26 26. El rostro que no quería ver
27 27. La mujer que ya no era la misma
28 28. La certeza absurda
29 29. Mi esposa secuestró mi auto
30 30. El día en que Alden bajó de categoría
31 31. Una habitación, dos egos
32 32. Un tirón equivocado
33 33. Mi problema eres tú
34 34. No me culpes después
35 35. Las mismas marcas
36 36. Comunicación a mordidas
37 37. Llegar en un momento interesante
38 38. Cambios no deseados
39 39. Los que empiezan a moverse
40 40. Una distancia engañosa
41 41. Rechazar, pero flaquear
42 42. Cuanto más se aleja, más la atrae
43 43. Entre el rechazo y la posesión
44 44. Detrás de la calma
45 45. Cuando ella decidió irse
46 46. La huida inútil
47 47. Ya no es un lugar seguro
48 48. Cuando el destino se repite
49 49. Algo que nunca fue escrito
50 50. La novela incompleta
51 51. El espacio entre ellos
52 52. Segunda oportunidad
53 53. Posiciones que empiezan a cambiar
54 54. Una casa que ya no se siente fría
55 55. Yo no la elegí a ella
56 56. No por lástima
57 57. Lo que empieza a verse
58 58. Cuando empezaste a verme
59 59. Al lado de Alden
60 60. Mañana en el abrazo del enemigo
61 61. Dentro de mi campo de visión
62 62. La que empieza a perder el control
63 63. La esperanza que empieza a crecer
64 64. La esperanza que empieza a atar
65 65. La promesa de un padre
66 66. Poco a poco, un hogar
67 67. Entre el miedo y la confianza
68 68. La promesa y el latido
69 69. El comienzo de su pérdida
70 70. La deuda saldada
71 71. Razones para volver a casa
72 72. Un acuerdo sospechoso
73 73. Cuando la confianza cambia de lugar
74 74. Viejos rumores
75 75. Una declaración sin palabras
76 76. Cuando empecé a confiar en ti
77 77. Confianza frágil
78 78. Más valioso que cualquier fortuna
79 79. El precio de la confianza
80 80. Límites claros
81 81. La mujer que eligió
82 82. La última advertencia
83 83. Cuando la amenaza se hace real
84 84. La falsa heroína
85 85. Cuando la máscara se derrumba
86 86. La ruptura de todos los lazos
87 87. Un paso dentro de la trampa
88 88. Carrera contra el tiempo
89 89. Sin camino de regreso
90 90. El precio de una obsesion
91 91. A salvo, pero aún no fuera de peligro
92 92. El fin de una obsesión
93 93. La familia que al fin es mía
94 94. La felicidad antes del acto final
95 95. Una noche sin Alden
96 96. Sin más distancias
97 97. El fin de una obsesión
98 98. El fin de la espera
99 100. Volver a ser hogar
Capítulos

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1
1. Cuando el destino me obligó a ser ella
2
2. Desde hoy, no soy Belvina
3
3. Sin interés
4
4. Lo que no podía comprender
5
5. Fuera de sus cálculos
6
6. Algo que no encajaba
7
7. Un mundo demasiado caro
8
8. La calma que incomoda
9
9. Lo que no se puede controlar
10
10. La respuesta que no se dio
11
11. Entrar en tu mundo
12
12. Cuando ella dejó de importarle
13
13. Límites que nunca se pactaron
14
14. No mendigo amor
15
15. Cuando ella dejó de suplicar
16
16. Cuando el control dejó de estar en sus manos
17
17. Cuando ella dejó de esperar
18
18. Mi esposa florero se volvió codiciada
19
19. Darse cuenta demasiado tarde
20
20. La casa que alguna vez me humilló
21
21. Dulzura antes de la tormenta
22
22. Un hogar que no era por mí
23
23. El lugar que una vez elegí
24
24. No intentes escapar de nuevo
25
25. La mañana después del caos
26
26. El rostro que no quería ver
27
27. La mujer que ya no era la misma
28
28. La certeza absurda
29
29. Mi esposa secuestró mi auto
30
30. El día en que Alden bajó de categoría
31
31. Una habitación, dos egos
32
32. Un tirón equivocado
33
33. Mi problema eres tú
34
34. No me culpes después
35
35. Las mismas marcas
36
36. Comunicación a mordidas
37
37. Llegar en un momento interesante
38
38. Cambios no deseados
39
39. Los que empiezan a moverse
40
40. Una distancia engañosa
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41. Rechazar, pero flaquear
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42. Cuanto más se aleja, más la atrae
43
43. Entre el rechazo y la posesión
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44. Detrás de la calma
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45. Cuando ella decidió irse
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46. La huida inútil
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47. Ya no es un lugar seguro
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48. Cuando el destino se repite
49
49. Algo que nunca fue escrito
50
50. La novela incompleta
51
51. El espacio entre ellos
52
52. Segunda oportunidad
53
53. Posiciones que empiezan a cambiar
54
54. Una casa que ya no se siente fría
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55. Yo no la elegí a ella
56
56. No por lástima
57
57. Lo que empieza a verse
58
58. Cuando empezaste a verme
59
59. Al lado de Alden
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60. Mañana en el abrazo del enemigo
61
61. Dentro de mi campo de visión
62
62. La que empieza a perder el control
63
63. La esperanza que empieza a crecer
64
64. La esperanza que empieza a atar
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65. La promesa de un padre
66
66. Poco a poco, un hogar
67
67. Entre el miedo y la confianza
68
68. La promesa y el latido
69
69. El comienzo de su pérdida
70
70. La deuda saldada
71
71. Razones para volver a casa
72
72. Un acuerdo sospechoso
73
73. Cuando la confianza cambia de lugar
74
74. Viejos rumores
75
75. Una declaración sin palabras
76
76. Cuando empecé a confiar en ti
77
77. Confianza frágil
78
78. Más valioso que cualquier fortuna
79
79. El precio de la confianza
80
80. Límites claros
81
81. La mujer que eligió
82
82. La última advertencia
83
83. Cuando la amenaza se hace real
84
84. La falsa heroína
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85. Cuando la máscara se derrumba
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86. La ruptura de todos los lazos
87
87. Un paso dentro de la trampa
88
88. Carrera contra el tiempo
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89. Sin camino de regreso
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90. El precio de una obsesion
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91. A salvo, pero aún no fuera de peligro
92
92. El fin de una obsesión
93
93. La familia que al fin es mía
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94. La felicidad antes del acto final
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95. Una noche sin Alden
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96. Sin más distancias
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98
98. El fin de la espera
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