Hope.
Si le confesé a Meg que conocí a alguien, se volvió loca, superloca. Nunca admití que me gustara alguien y eso era porque nunca nadie me llamo la atención. Seamos realista, en esta manada solo recibo burlas y maltratos como podría fijarme en un chico de acá cuando solo me rompen el corazón.
-Hope, ¿Quién es él?- dice Meg.
-Se llama Joshua-pero no digo más.
-¿Tengo que sacarte todo con tirabuzón? Quiero saber todo- me dice eufórica.
-No hay mucho por contar, en mis escapadas me crucé con un lobo, es testarudo, autoritario y me parece atractivo.
-¿De qué manada es?- pregunta Meg.
-Es un lobo solitario- afirmo y veo como se arrugan sus cejas.
-No pongas esa cara, que no tenga manada no lo hace malo.
-Pero no sabes por qué anda solo- me replica.
-Si me quisiera lastimar lo hubiera hecho desde la primera vez que nos vimos, además las brujas protegen e territorio de intrusos con malas intensiones.
-Ese es un mito, no hemos visto brujas en años- Meg me dice y tiene razón.
-Bueno, igual no es que esté enamorada de él, me lo encontré un par de veces nomas y no paso nada.
-¿Nada? Porque tu cara me dice otra cosa.
-Dios sos mi amiga o mi enemiga- pregunto- está bien me beso- dejo escapar en un susurro.
-¿Qué? Ese extraño te dio tu primer beso y me decís que no es nada.
-No lo es, fue un beso, solo un beso- trato de disimular mi emoción al recordarlo.
-Mi amiga, mejor amiga dio su primer beso y no me lo contó- dice con tono ofendido llevándose una mano al pecho.
-Mi mejor amiga se escapa a la ciudad cada vez más seguido y tampoco me cuenta nada- replico ofendida.
-Lo que hago en la ciudad es por nuestro fututo, nuestra huida.
-Vamos a huir, pensé que quizás te replanteaste el dejar a tu familia.
-Nos vamos a ir, pero para ello necesitamos plata y un destino. Estoy trabajando en ambos- afirma.
-¿Vas a la ciudad a trabajar? Yo puedo ir también y hacemos más dinero.
-Primero si tu padre se entera se nos arruina el plan, segundo no lo llamaría trabajo me dan dinero por algo a cambio.
-¿Te estás prostituyendo?- digo enojada y con miedo.
-No, dios que mente sucia tiene mi pequeña amiga. Vendo algo, que no te importa, a cambio de plata.
-Meg, suena raro y peligroso, no deberías seguir haciéndolo. No valgo tanto riesgo.
-Vales eso y mucho más, daría mi vida por ayudarte, sos mi hermana de corazón. Además el comprador es supersexy- dice riendo.
-¿Meg te gusta alguien?, ¿cómo se llama?
-No importa, te pondría en riesgo, aunque debo admitir que es un hombre supersexy.
Ambas nos reímos y no profundizamos más en los hombres misteriosos de cada una.
-Meg ¿Cuándo nos vamos? Ya no aguanto más y aunque mis huidas al bosque me sacan de la realidad no puedo seguir viviendo así- admito.
-Si todo sale bien en un mes nos vamos, solo necesito algo más de tiempo. ¿Podrás aguantar?
-¿Tiempo para qué?
-Para que nos den asilo en otra manada- confirma Meg.
-Pensé que íbamos a ser lobos sin manada.
-No, necesitamos que nos protejan, tu padre no nos va a perdonar la vida cuando nos encuentre.
-Me odia, pero no creo que sea para tanto.
-Lo será después de que termine con mi plan.
-Joder Meg, en que te metiste- le digo.
-No vamos a irnos sin que él sufra, te lastimo demasiadas veces para dejarlo impune.
-Sé que se lo merece, lo sé, pero ponerte en peligro me asusta. No puedo perderte.
-No me vas a perder tonta, tengo respaldo- afirma.
Esa noche seguimos hablando de diferentes temas y casi no dormimos hasta que un golpe en mi puerta nos despierta.
-Vamos perezosa es hora de mi desayuno y ya vas tarde- grita mi padre.
Meg abre los ojos y mira con odio hacia donde viene su voz.
-Juro que no lo mato porque sé que es más fuerte que yo.
-Amiga vete por la ventana no quiero que te vea acá y se enoje más.
Ella me hace caso y se acerca a la ventana cuando yo salgo por la puerta rumbo a la cocina.
Cuando llego veo a mi padre sentado en la barra con los brazos cruzados en el pecho.
-Parece que necesitas otra lección para cumplir con tus obligaciones.
-No padre, por favor ya me pongo a trabajar.
Él asiente y me mira deslizarme por la cocina preparando las cosas.
-Sos idéntica a tu madre- escucho que susurra, pero no me animo a responder nada.
Le alcanzo el plato con el desayuno y la taza de café, cuando voy a agarrar el mío y salir de la cocina porque sé que no le gusta compartir el espacio conmigo me frena.
-Ven a sentarte a mi lado- dice y lo miro con duda.
-Iba a ir al patio, no quiero molestarte.
-Dije al lado mío ahora- dice serio y con voz firme.
Camino con cuidado hacia él y me siento a su lado.
-Te duele- dice tocando mi mejilla.
-Ya casi no- digo y él asiente.
Empiezo a comer, lo hago lo más rápido que puedo mientras él me observa y siento como su mano baja a mi pierna y empieza a acariciarme.
Me tenso, no es una caricia que se le hace a una hija, pero si digo algo puede golpearme. Siento como su mano sube cada vez por mi muslo y soy salvada por Jack.
-Interrumpo- dice carraspeando y Lincoln se aleja de mí.
-Ya terminé si no necesitan nada más me retiro- digo.
Y mi padre asiente dándome permiso para irme, cuando me paro veo en los ojos de Jack preocupación y lastimo. Y ambas no me gustan nada.
Salgo al patio y veo bajando de mi habitación a Meg y corro hacia ella.
-¿Qué haces todavía acá?
-Shhh no te preocupes, necesitaba algo y ya lo tengo.
Ella me da un beso en mi mejilla y sale corriendo para su casa.
Me deja más preocupada y todo es a causa de la charla de anoche, ella trama algo y mi padre está en medio.
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