ℂapítulo Tres

François mantuvo en secreto su relación con Adelaida argumentando de que debía esperar a cumplir los 35 años, edad en que heredaría el emporio cinematográfico Pinault. Pero ya los planes de François habían cambiado, no le convenía a su estatus, tener un hijo enfermo y una esposa que ya no era sombra de lo que era. Entendió lo que le dijo su padre cuando la conocieron en el teatrino de “Les Hayes”, que esa mujer lo iba a dejar con una mano adelante y otra atrás. Por lo que bloqueó su deseo de que fuera reconocida como su esposa y se dedicó a trabajar sin descanso junto a su padre para hacer crecer aún más su emporio.

Fue en una de las tantas reuniones y galas a las que asistió en compañía de alguna dama soltera de la alta sociedad parisina, donde conoció a la hermosa Madeleine Gibrault de la mano de su rival en los negocios, el señor Kento Kimura, como su prometida.

Algo le atrajo a ella como una polilla a la luz de una vela, sin importarle si se iba a quemar. Esa mujer sería el reemplazo de Adelaida, y sí que lo sería, pues tenían una gran similitud.

Era su Eloísa de diez años atrás cuando la vio en el teatrino y se enamoró de ella. Serviría para tapar los rumores de que tenía una esposa abandonada en una mansión de Versalles, lugar donde la llevó a vivir cuando se casaron para aislarla del ojo público.

Su misión era conquistar a esa mujer y alejarla de Kimura para casarse luego con ella.

Así fue que logró su cometido, separó a Madeleine de Kento y él, con mentiras, se divorció de Adelaida para casarse con ella, que ya tenía seis meses de embarazo. Pero gracias a una inexplicable intervención divina, no pudo disfrutar de su nuevo matrimonio, pues falleció en el trayecto de París a Versalles, a donde iba a llevarle la sentencia de divorcio a Adelaida y a pedirle que sacara sus pertenencias de la mansión, pues ya le pertenecía a su nueva esposa.

Adelaida ahora está más tranquila, ya sabe toda la verdad. Su esposo la cambió por una mujer más joven, y que irónicamente se parece a ella, y esperan un hijo. Este sí va a ser el verdadero heredero de la fortuna Pinault.

Una semana después, es notificada por el abogado de la familia Pinault para la lectura del testamento de su finado exesposo. Llegó al despacho a la hora pactada y en este ya se encontraba la distinguida familia.

—Buenos días —saludo por educación, pero se escuchó más el zumbido de una mosca que la respuesta a su decencia.

—Señora Adelaida, siéntese, ya vamos a empezar con la lectura del testamento que dejó el señor Pinault —le indicó el abogado.

Adelaida, con su innata elegancia, se sentó donde le señaló el abogado y este procedió a dar lectura al testamento.

Yo, François Pinault, en uso de todas mis facultades mentales y en presencia de mi abogado, doy firma a este testamento en donde dejo el diez por ciento de mis bienes a mis padres y el resto del porcentaje, es decir el noventa por ciento a mi amada esposa Madeleine Gibraud y a mi heredero François Pinault Gibraud.

A mi ex esposa, Adelaida DuPont dejo un cheque por cien mil euros de indemnización por los años de matrimonio. Sin derecho a impugnar este testamento ante la existencia de un hijo bastado, para prueba de su infidelidad en estos ocho años de matrimonio, anexo la prueba de paternidad donde no existe ningún parentesco con el menor Francis DuPont. Además de que se hacen válidas las capitulaciones que se firmaron en el matrimonio.

Adelaida se levantó inmediatamente al escuchar tamaña mentira.

—¡Eso es falso, Francis es hijo de François! Yo jamás le falté a mi matrimonio —gritó llena de impotencia al abogado.

—Siempre lo supe, eres una zorra —se escucha fuerte la voz despectiva de su ex suegra.

—Yo se lo advertí a François, cuidado con esa cazafortunas —le respondió a su esposa, el padre de François.

—Señora Adelaida, tome el cheque que le dejó su difunto exesposo —. El abogado sacó de la carpeta el cheque y Adelaida lo tomó rompiéndolo en mil pedacitos, tirándoselos después a los presentes en la cara como si fuera el confeti de una fiesta.

—No quiero nada de esta nefasta familia, menos mal que supuestamente mi hijo no es nada de ustedes. Pero un día el Karma les va a llegar, y espero que les pague peor de lo que me hicieron a mí y a mi hijo. Si no miren, ya empezó con su hijo. Espero que haya sufrido una muerte lenta y dolorosa, es lo menos que se merecía por mentiroso, traicionero y malvado. —Nadie le respondió, sintieron la ira y el poder de sus palabras haciéndoles erizar su piel.

Al salir del despacho del abogado estaba el chófer esperándola con cara de vergüenza. Le abrió la puerta del auto para que se subiera y ya adentro se soltó en llanto. No podía creer que haya negado a su propio hijo, a su sangre. Eso sí que la rompió, ni el abandono, ni el engaño del hombre que amaba le dolió tanto como lo que le hizo a su bebé, con su hijo no. Las lágrimas salían sin cesar y todo el llanto que había retenido esta semana dio paso libre con la bajeza de su exesposo y el dolor no lo soportaba.

Sentía que su pecho se abría y no le importaba que su chófer la escuchara. En ocho años es la primera vez que se dejaba ver en ese estado, ni cuando su hijo ha estado al borde de la muerte se ha dejado ver vulnerable, pero ya no aguantaba más. Sintió una mano tocando su hombro y fue cuando notó que su conductor había parqueado el auto en la vía y le extendía un pañuelo desechable. Adelaida lo miró extrañada por el espejo.

—Lo siento, es que estoy muy decepcionada y ya no aguante más —se excusó con su chófer.

—Tranquila, señora, llore todo lo que necesite, las lágrimas limpian el dolor —El señor trató de darle consuelo con sus palabras.

—Gracias —Luego notó que él no le daba marcha al auto y la miraba con compasión. —¿Pasa algo, señor Dimas? —lo interrogó mirándolo a través del espejo retrovisor.

—Señora Adelaida, esta es la última vez que la transporto. Ya me dieron la orden de llevarla a la mansión y no prestarle más mis servicios —titubeó con pena lo que le dijeron sus nuevos patrones.

—Tranquilo, Dimas, eso me imaginé que iba a pasar después de la lectura del testamento. Nos dejaron sin nada —Dimas suspiró de impotencia, pues le tenía estima a Adelaida, y arrancó el auto hasta la mansión. Pero nada la preparó para lo que encontró al llegar a ella.

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Comments

Jequena

Jequena

lástima que el desgraciado de Francois este muerto para que vea la caída de su familia. espero que el hijo que sí reconoció no sea del

2024-12-31

29

Mirla Loyo

Mirla Loyo

es hora que alce la cabeza y empiece a vivir por ella y su niño 😱 a lo mejor el próximo hijo será hembra o quizás ni de él es.. sería el mejor castigo para ésa gentuza 😭

2025-03-04

20

Magby Klaret Garcia

Magby Klaret Garcia

Ahí es donde Yo pregunto si no le iba a dejar nada para que invitarla a la lectura del testamento.
Muy bu
Bizarro de su parte

2025-03-22

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