Mathew se despertó al amanecer, la luz tenue filtrándose a través de las cortinas de su habitación. La conversación con Alec de la noche anterior seguía resonando en su mente, una mezcla de sorpresa y curiosidad que no lograba disipar. Se levantó lentamente, sus pies descalzos encontrando el frío del suelo de madera, y se dirigió a la cocina para preparar café.
Mientras el aroma del café llenaba el pequeño espacio, Mathew recordó los días de secundaria. Alec, con su cabello rubio y ojos azules, siempre había sido el centro de atención, rodeado de amigos y admiradores. Mathew, en contraste, con su cabello oscuro y mirada introspectiva, había pasado desapercibido, observando desde las sombras. Había admirado a Alec en silencio, sin atreverse a acercarse.
El sonido de una notificación en su teléfono lo sacó de sus pensamientos. Era un mensaje de Alec.
“Buenos días, Mathew. ¿Te gustaría que nos viéramos hoy? Me encantaría ponernos al día.”
Mathew sintió una mezcla de nerviosismo y emoción. La idea de reencontrarse con Alec después de tantos años era tanto intrigante como intimidante. Tomó un sorbo de café, tratando de calmar sus pensamientos, y finalmente respondió.
“Hola, Alec. Claro, me gustaría verte. ¿Dónde y a qué hora te viene bien?”
La respuesta de Alec fue casi inmediata.
“¿Qué te parece en el café de la esquina de Main Street a las 3 p.m.?”
Mathew aceptó, y pasó el resto de la mañana en una mezcla de anticipación y ansiedad. Se preguntaba cómo habría cambiado Alec, qué tipo de persona sería ahora. Decidió no hacerse demasiadas expectativas, pero no podía evitar sentir una chispa de esperanza.
A las 2:45 p.m., Mathew llegó al café. El lugar tenía un ambiente acogedor, con mesas de madera y una suave música de fondo. Se sentó en una mesa junto a la ventana, observando a la gente pasar mientras esperaba.
A las 3 en punto, la puerta del café se abrió, y Alec entró. Llevaba una chaqueta de cuero negra, y sus ojos azules recorrieron el lugar hasta encontrar a Mathew. Una sonrisa se dibujó en su rostro, y se acercó con paso seguro.
“¡Mathew! Es genial verte.” Alec extendió la mano, y Mathew la estrechó, sintiendo una calidez inesperada.
“Hola, Alec. Igualmente.” Mathew sonrió, tratando de ocultar su nerviosismo.
Se sentaron y pidieron café. La conversación comenzó con recuerdos de la escuela, anécdotas y risas compartidas. Alec parecía genuinamente interesado en la vida de Mathew, preguntando sobre su trabajo, sus intereses, y sus experiencias desde que se graduaron.
Mathew se sorprendió de lo fácil que era hablar con Alec, como si los años de distancia se desvanecieran. Sin embargo, una pequeña voz en su interior le recordaba que no bajara la guardia, que no olvidara el pasado.
Después de un par de horas, Alec miró su reloj y suspiró.
“Me encantaría quedarme más tiempo, pero tengo una reunión. ¿Te gustaría que nos viéramos de nuevo? Me ha encantado este rato contigo.”
Mathew asintió, sonriendo. “Claro, me encantaría.”
Se despidieron, y mientras Alec se alejaba, Mathew sintió una mezcla de satisfacción y confusión. El reencuentro había sido mejor de lo que esperaba, pero aún quedaban preguntas sin responder. Mientras caminaba de regreso a su departamento, se preguntó qué depararía el futuro, y si realmente conocía al hombre que acababa de reencontrar.
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