Capítulo 6
Un nuevo comienzo, un nuevo dolor.
Tres meses despues.
Soy ingresada a urgencias acompañada por mi asistente debido al desmayo en plena junta. Se me hace un chequeo general y, aunque me siento un poco mejor, la incomodidad de estar aquí no me abandona. Mientras espero los resultados, no puedo evitar culparme a mí misma. No he comido bien, no he descansado lo suficiente, y todo por la obsesión de mantener todo en orden, de hacerme cargo de un imperio que parece que quiere devorarme entera, todo con tal de distraerme y no pesar en lo que deje en Texas meses atras.
—Señora Moore. —La doctora entra con un sobre en la mano, una sonrisa suave en los labios. —Tengo sus resultados.
—¿Puede decirme ya lo que tengo así puedo volver a mi trabajo? —respondo, tratando de ocultar mi impaciencia. Estar aquí, atrapada en esta espera, me desespera.
—Está usted embarazada de catorce semanas aproximadamente, señora Moore. Felicidades.
El tiempo parece detenerse mientras esas palabras se clavan en mí. Voy a tener un bebé... del hombre que amo y que me rompió el corazón. Una oleada de emociones me golpea, mezclando la alegría y el miedo, el amor y la tristeza. ¿Cómo voy a hacer esto sola?
Las tres primeras palabras me congelan en mi asiento. La noticia se cuela en mi mente como un cuchillo, paralizándome. Bárbara, mi asistente, intenta tocarme, quizás para consolarme, pero mi reacción es inmediata, casi instintiva. Le doy un manotazo en su mano, rechazando cualquier contacto. No quiero que me toquen, no quiero que nadie se acerque, porque en este momento, siento que mi mundo se derrumba una vez más.
No estoy lista para ser madre. No ahora, no cuando mi vida está patas arriba y tengo una montaña de responsabilidades que no puedo ignorar. Hace tres meses firmé los papeles del divorcio, convencida de que era lo mejor, de que necesitaba cortar con todo lo que me recordaba a Derek y al amor que alguna vez compartimos. Y ahora... ahora estoy aquí, enfrentándome a la realidad de que llevo dentro de mí al hijo de ese hombre que amé con toda mi alma, y que también rompió mi corazón en mil pedazos.
Mi mente se llena de preguntas y miedos. ¿Cómo voy a criar a este bebé sola? ¿Cómo voy a enfrentarme a todo esto sin derrumbarme? No tengo tiempo para esto, me repito. Me quedan meses de trabajo interminable, de decisiones importantes que tomar, de empresas que manejar. Y, sin embargo, aquí estoy, con una vida creciendo dentro de mí, una vida que no pedí, pero que de alguna manera ya siento como parte de mí.
El miedo me consume. Miedo a fallar, a no ser suficiente, a que este bebé crezca sintiendo el mismo vacío que yo siento ahora. Pero también, en lo más profundo de mi ser, siento algo más, algo que apenas puedo identificar. Una chispa de esperanza, quizás. Una pequeña llama de amor que, a pesar de todo, empieza a arder. Pero no me permito pensar en eso demasiado, no ahora. Porque si lo hago, sé que me voy a desmoronar por completo.
DESPUES DE TODO, ESE MALDITO ME HA REGALADO ALGO MARAVILLOSO ESA ULTIMA NOCHE JUNTOS.
—¿Se encuentra bien? —La voz de la doctora me saca de mi trance, obligándome a volver al presente. Sus ojos están llenos de preocupación, y su tono es suave, casi como si temiera romperme con sus palabras. —Por su cara, veo que no esperaba esta noticia. ¿Puedo llamar a su esposo para que la recoja si se siente mal?
¡Claro que no estoy bien! ¡Es que no estoy preparada para esto! ¡Acabo de divorciarme! ¿Cómo espera que pueda procesar algo tan grande en este momento? La incertidumbre se mezcla con la incredulidad y la desesperación, formando una tormenta dentro de mí.
—Puedo irme sola, no sea ridícula. —Respondo con brusquedad, interrumpiéndola antes de que pueda ofrecer más palabras de consuelo que no necesito. —¿Entonces ya puedo marcharme?
El mal genio me consume, como si fuera un escudo que me protege de la fragilidad que amenaza con desbordarse. Me levanto de mi asiento, sintiendo el impulso de escapar, de huir de esa consulta antes de que la realidad me alcance por completo. Bárbara, que ha estado en silencio todo este tiempo, se levanta también, manteniéndose a una distancia prudente, como si no quisiera provocar una explosión.
—Sí, pero tendrá que volver en unos días para comenzar sus estudios prenatales y…
No la dejo terminar. No puedo soportar seguir escuchando, como si al ignorarla pudiera hacer que todo desaparezca. Salgo de la consulta con pasos apresurados, casi corriendo por el pasillo, sintiendo que el mundo se cierra sobre mí.
El aire frío fuera del hospital me golpea cuando finalmente llego a la salida. Solo puedo pensar en una persona. Ella es la única que puede acompañarme en este momento, la única que podría entender lo que estoy sintiendo, aunque ni siquiera yo misma lo comprenda del todo.
Abordo el auto sin decir una palabra. Bárbara se sienta a mi lado, su mirada cargada de una preocupación que me resulta insoportable. Parece que quiere decirme algo, pero duda, como si temiera que cualquier palabra pudiera romper lo poco que queda de mi compostura. No he sido amistosa con ella desde que llegué, y sé que no puedo culparla por guardar silencio. Llegué aquí con el corazón roto, frustrada y detestando al mundo entero por darle felicidad a todos, menos a mí.
El chofer cierra la puerta, y el auto se pone en marcha. Afuera, el mundo sigue girando, indiferente a la tormenta que se desata dentro de mí. No quiero pensar en lo que viene, en lo que implica estar embarazada de un hombre que ya no está a mi lado, de un hombre que me rompió el corazón. No quiero pensar en la soledad que me espera, ni en los juicios que enfrentaré si se llega a saber la verdad.
Todo lo que quiero en este momento es desaparecer, fundirme con el asiento del auto y no volver a sentir nada nunca más. Pero sé que eso es imposible. Tendré que enfrentar esta realidad, quiera o no. Tendré que ser fuerte, por mí y por el bebé que llevo dentro, aunque ahora mismo, lo único que siento es que estoy completamente sola en esto.
El trayecto en auto es silencioso, casi sofocante, como si las palabras que quiero decir estuvieran atrapadas en mi garganta. Finalmente, encuentro la voz para dar la única orden que me importa ahora.
—Llévame a casa y después lleva a Bárbara a la suya.
Las palabras que expreso salen secas, vacías, mientras mi mirada se pierde en la ventana, en la nada que se extiende afuera. El paisaje pasa como un borrón, y en mi mente, un solo pensamiento martilla sin cesar ¿Cómo demonios voy a criar un hijo yo sola?
El miedo y la incertidumbre se enredan en mi estómago, haciéndome sentir pequeña, insignificante. Si le digo a Derek que estoy embarazada, podría pensar que es otra trampa, otro intento desesperado de mantenerlo a mi lado. Ya me humillé tanto ante él que no puedo imaginarme atravesando esa situación de nuevo, suplicando por algo que jamás debería haber mendigado.
Cuando el auto finalmente se detiene en la entrada de la mansión, siento un alivio momentáneo, pero no tarda en ser reemplazado por una nueva oleada de ansiedad. Me despido de Bárbara con un leve gesto, notando que se ve tan abatida como yo. Es como si toda la tensión acumulada en estos meses hubiera caído de golpe sobre nosotras.
Antes de que se baje del auto, Bárbara rompe el silencio.
—Sé que no somos amigas, pero creo que no debería quedarse sola. Si quiere y perdona mi atrevimiento, puedo acompañarla hasta que venga alguien de su familia a cuidarla.
La crudeza de la realidad me golpea de nuevo. Nadie vendrá. Están todos muertos. No tengo a nadie más, salvo esta mansión vacía y mis pensamientos oscuros para hacerme compañía.
—Lo siento, he sido una perra estos dos meses contigo. —Mi voz suena extraña, casi desconocida, cuando admito lo evidente.— Y no hace falta que te quedes, te veré mañana en la empresa.
Bárbara asiente, pero es evidente que no está conforme con mi respuesta. Puedo ver la preocupación en sus ojos, pero lo último que quiero en este momento es compartir mi espacio con alguien más, mucho menos con una desconocida.
Necesito estar sola. Necesito tiempo para procesar, para encontrar un poquito de claridad en medio de este caos. Solo hay una persona a la que quiero llamar, la única que podría entenderme, que podría ofrecerme el apoyo que tanto necesito en este momento. Y, sin embargo, incluso ese pensamiento me produce un nudo en el estómago.
Holis! bueno estoy leyendo los comentarios de este capítulo y me canso de leer insultos a la protagonista de mi novela.
Bueno, verán "Sam no es real, Sam evoluciona, Sam es fuerte pero necesita que le pasen todas las cosas que le pasan para lograr ser la mujer que es al final de la novela" No se enojen tanto y si creen que está novela no es para ustedes ¡SIMPLEMENTE ABANDONENLA Y YA! No menosprecian mi trabajo ni insulten, porque sus comentarios dejan a la vista lo que son como personas. 😘
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Comments
Maryy Lopez
exacto lo que dices,se dejan llevar por cosas que ok si pasan en la vida real tristemente,pero porque no entienden que esto es una NOVELA aprendamos a disfrutar sin ofender a los personajes mucho menos a la AUTORA de esta bonita historia esperemos a ver en que termina,saludos y bendiciones
2024-11-07
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Sandra Garnica
La prota es una tonta pero por estar enamorada y esperar algo que no llego, que era el apoyo y amor incondicional de Derek😥, y ahora se siente frustrada y sin salida, pero todo va a pasar y nuestra prota va a salir adelante con su hijo y se va aprender a valorar💪, aunque no me gustaría que volviera con Derek solo porque hay un hijo de por medio, el no se la merece porque es muy blandengue y se deja manipular por su mamita😡😡😡
2024-11-10
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Ceci Jordan
Esto era lo que no quería que pasara con la protagonista tres años al lado de un hombre que la ignoró todo el tiempo que no la determinó ni le dejó explicarle nada y para colmo la estúpida tiene relaciones con él y no se cuida no sé si sentir impotencia o decepción Pero voy a confiar en en la autora que ella dice que en las novelas nada de lo que parece espero que en esta sea igual y no quede con Derek porque siento que ella se merece algo mejor
2024-10-14
8