NARRADOR
Aura y su padre entraron a la sala donde la reina los esperaba junto a los dos duques restantes. También estaba presente Nigel, junto con Caelus, así como el médico que atendió a Rakia y la Condesa Yobana.
- Veo que al fin pudieron terminar, los estábamos esperando – dice la reina.
- Lamentamos el retraso, las cosas se complicaron un poco – dice el rey, quien toma asiento a lodo de su esposa.
- Buenos ya que estamos todos aquí, comenzaremos a presentar las pruebas que se han recopilado hasta ahora, con el fin de ordenarlas y poder llevar a cabo el juicio en la mayor brevedad posible, debemos de entender que al ojo público el ex duque Rivotra es alguien de gran influencia, por lo que las pruebas en su contra deben de ser contundentes – dice la reina.
- En eso tiene razón su majestad, pero hay que tomar en cuenta que la actitud del ex duque ha dejado mucho que desear, además de que es un secreto a voces de que es su hermana, la condesa Yobana, quien lleva las riendas del ducado, así que aun si las pruebas no son tan concisas, no creo que eso represente un problema, puesto que el mismo ex duque se ha encargado de manchar su reputación – dice el Duque Airea.
- El Duque Airea tiene razón, el ex duque se ha encargado de manchar su nombre, solo el hecho de que él es el padre de la gran Águila era lo que lo hacía importante, pero ni eso puedo hacer bien – dice el duque Hava, quien estaba muy molesto, puesto que la reina ya los había puesto al tanto de lo que había pasado, y el hombre no podía creer como demonios pudieron dejar que algo así pasara.
- No puedo negar que ambos tienen mucha razón, pero eso no significa que debamos de ser negligentes con nuestro trabajo – dice la reina, quien le hace una señal a Aura para que tome la palabra.
La joven relató rápidamente lo más importante de los testimonios que había conseguido, revelando cosas que dejaron horrorizados y sorprendidos a los presentes.
- Si hubieras aceptado mi petición hace 8 años, esto nunca hubiera pasado – le grita la condesa Yobana a la reina mientras lloraba, por lo que su sobrina tuvo que sufrir.
- No podría estar más que de acuerdo con usted, y me arrepiento mi decisión – le contesta la reina con su siempre imperturbable expresión, lo que causó que la condesa quisiera darle un puñetazo, por lo que usó toda su fuerza de voluntad para no hacerlo.
Después del exabrupto de la Condesa, fue el sumo sacerdote Caelus y nuevamente la condesa Yobana quienes tomaron la palabra, puesto que estos habían estado investigando a Kapheira, y con lo sucedido, un mago del templo, había entrado con los guardias que habían registrado la mansión, consiguiendo así las pruebas que ellos buscaban, y con la declaración de la dama personal que aquella mujer, bueno tenían todo para hundir aquella bruja.
Por último, Caelus, Nigel y el médico, les hicieron saber cuál era el estado de salud de la gran Águila, el cual, si bien no era del todo alentador, al menos no era tan terrible como sospecharon en un principio, pese a todo, Rakia se recuperaba favorablemente. Con este último punto a tratar se da terminada la junta, al final solos los monarcas se quedaron en aquella habitación para preparar todo para el juicio, el cual se llevaría a cabo dentro de 2 días.
- Te ves terrible, hermanita – le dice Nigel a Aura, cuando salen de aquel lugar.
- Me siento terrible, no he dormido nada y solo quiero descansar – se queja Aura, quien sabe que hasta que acabe sus deberes como princesa consorte no podrá dormir – Tú no te vez mejor que yo – le dice Aura
- Yo tampoco he dormido, además de que he dado mucha energía mágica, siento como si un tractor me hubiera pasado encima, la buena noticia, que es que madre, si recuerda que soy humano y no una máquina, así que solo tengo que hacer mis deberes como príncipe heredero y entrenar un poco, para mantenerme en forma, puesto que en sus palabras “debo de guardar energía mágica para otorgársela a la gran Águila” así que iré a verla y aprovecharé para dormir un poco – le dice Nigel a su hermana, puesto que sabe que nadie se atrevería a molestar el descanso de Rabia, y por ende es el mejor lugar para poder dormir un poco.
- En ese caso, apúrate, te ves terrible – comienza a hablar Aura cuando son interrumpidos por la condesa Yobana.
- Un placer sus majestades – los saluda con una reverencia.
- El placer es nuestro, condesa ¿Qué se le ofrece? – le pregunta Nigel.
- Quiero ver a mi sobrina – les dice, aun con los ojos hinchados de tanto llorar.
La condesa había llegado desde la noche anterior, pero debido a que estuvieron hasta muy tarde atendiendo a Rakia, no se le permitió verla, pero ahora que la joven ya se encontraba estabilizada, podía recibir visitas.
- Por supuesto, yo iba de camino a verla, así que acompáñeme – le dice Nigel.
Ambos se dirigen en silencio hasta la habitación de Rakia, y al entrar la condesa Yobana siente cómo su corazón se detiene, la joven frente a ella no tiene nada que ver con la niña que conoció, se veía tan delgada y demacrada, era algo muy triste de observar.
- Mi niña – habló Yobana, quien se acercó a la cama, tomaba la mano de la joven mientras lloraba – lamento no haber llegado a tiempo.
Nigel con mucho cuidado cerró la puerta dejándolas a solas, este era un momento muy personal para la duquesa, y sabía que no debía de estar presente.
Al día siguiente Yobana volvió a ver a Rakia, pero no venía sola, con ella estaba Celeste, quien después de ser despedida por Kapheira, había ido con la condesa para pedir ayuda, y si bien no habían conseguido sacar a Rakia de aquel lugar, Celeste se quedó trabajando para la condesa.
- Mi pequeña, mi hermosa guerrera, lamento tanto haberte dejado – le dice Celeste a Rakia mientras toma su mano y llora amargamente al ver a la que considera su hija en ese estado.
- Ella estará bien, es fuerte – le dice Yobana a Celeste mientras la abraza.
Yobana sabía lo que Celeste representaba para su sobrina, es por eso que no dudo en traerla, puesto que tenía la esperanza, que oír la voz de la era su madre le ayudaría a despertar, es por eso que le había pedido a Nigel que dejara Celeste como la principal cuidadora de su sobrina, a lo que el joven acepto, puesto que él creía lo mismo que la condesa, el joven creía firmemente que estar rodeado de tus seres queridos era fundamental para recuperarte de cualquier herida, puesto que son estas personas las que te ayudan a seguir.
- Gracias, su majestad, por dejarme cuidar de ella – le dice Celesta a Nigel, quien la espera fuera de la habitación.
- Es lo mínimo que puedo hacer, usted ha hecho más que lo que nosotros hicimos para protegerla, así que si desea algo, no dude en pedirlo – le dice Nigel, quien se va de allí, no sin antes prometer volver en unas horas para seguir dándole parte de su energía a la joven.
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Comments
Myriam
Estas situaciones tan sirven en la vida real... Debemos ayudar en la medida que veamos injusticias reales no de conveniencia
2024-10-14
3
Yoba OG
ojalá todo esto sirva para aterrizar
2024-07-26
6
Yoba OG
X2 , en serio esa reina hizo de la vista gorda
2024-07-26
2