Sirina observaba el combate desde una distancia segura, oculta entre los árboles. La caballera, conocida como "La Inquebrantable", había seguido a Zen y su grupo desde que dejaron la aldea. Había sido testigo de todo: la feroz batalla entre Zen y los caballeros, la intervención de Elara y la impresionante derrota del guerrero del aura, Kael. La escena frente a ella era impactante y, aunque estaba preparada para enfrentar cualquier cosa, no pudo evitar sentirse sorprendida por las capacidades de la bestia.
Estos soldados nunca tuvieron una oportunidad contra esa criatura, pensó Sirina, sus ojos seguían cada movimiento de Zen con atención. Es evidente que su poder supera con creces cualquier cosa que hayamos visto antes. Sirina sabía que el enfrentamiento que acababa de presenciar era solo una pequeña muestra del verdadero poder de Zen.
Sin perder más tiempo, Sirina sacó un orbe de comunicación y lo activó. El orbe comenzó a brillar suavemente y, tras unos segundos, se estableció una conexión con el Barón Reiyus, el Caballero Dorado. Reiyus, que se encontraba en la forja de su reino supervisando la creación de un encargo especial, respondió con una expresión de interés en su rostro.
—Sirina, ¿qué noticias tienes?—preguntó Reiyus, su voz resonaba con una autoridad calmada pero inquisitiva.
Sirina relató rápidamente todo lo que había presenciado: la batalla, la fuerza abrumadora de Zen, y cómo este había derrotado a Kael y a los caballeros sin apenas esfuerzo. Cada palabra que decía estaba cargada de asombro y una creciente admiración por la criatura que seguía.
—Es una bestia formidable, mi señor. Ninguno de nuestros soldados fue capaz de herirlo, y su fuerza es impresionante. El aura de Kael no fue suficiente para hacerle mella. La bestia parece ser más poderosa de lo que podríamos haber imaginado—concluyó Sirina, su voz reflejaba la gravedad de la situación.
Reiyus escuchó con atención, su expresión se endureció mientras procesaba la información. Finalmente, una sonrisa se dibujó en su rostro, y una risa profunda y resonante llenó la habitación.
—¡Perfecto!—exclamó, su risa resonaba en las paredes de la forja. —Finalmente, un juguete digno de mi interés. Dile a los herreros que se apuren con mi encargo. Muy pronto, el Caballero Dorado volverá a la acción.
Sirina asintió y, después de la llamada, continuó siguiendo a Zen a una distancia segura. Sabía que su misión era crucial: observar, informar y esperar el momento adecuado para actuar. Mientras avanzaba, sus pensamientos giraban en torno a la increíble fuerza de Zen y lo que esto podría significar para el reino y para su propio destino.
La persistencia de los humanos
Mientras tanto, Zen continuaba su avance, consciente de que estaba siendo seguido. La presencia de Sirina era un constante recordatorio de la persistencia de los humanos y de su determinación por capturarlo. Aunque no la había confrontado directamente, su paciencia se estaba agotando. Estos humanos son como moscas, incapaces de aceptar su derrota, pensó Zen con un suspiro de irritación.
Llegó a un claro donde un lago sereno brillaba bajo la luz del sol. Zen decidió detenerse para beber agua y refrescarse, sintiendo el peso de la lucha reciente en sus músculos. Se agachó junto al agua, sus garras rompían la superficie del lago mientras bebía, sus pensamientos estaban enfocados en la siguiente fase de su viaje.
Sirina, manteniéndose a una distancia prudente, también se detuvo. Observaba a Zen con una mezcla de fascinación y cautela. No quería acercarse demasiado, consciente del peligro que representaba la criatura. Sin embargo, en su concentración, no se dio cuenta de que Zen había desaparecido de su vista.
De repente, sintió una presencia a su lado y, antes de poder reaccionar, un golpe la lanzó volando hacia el lago. Sirina se estrelló contra la superficie del agua, levantando una gran cantidad de espuma y olas mientras luchaba por salir a flote. Cuando finalmente se levantó, empapada y jadeando, vio a Zen parado en la orilla, observándola con una expresión de sorpresa.
—¿Cómo lograste resistir ese golpe?—preguntó Zen, su voz reflejaba una mezcla de asombro y respeto.
Sirina, aún enfurecida por el ataque, se levantó con dignidad.
—No tengo intenciones de pelear contigo, bestia—dijo, su voz era firme y desafiante. —Pero el hecho de tocar el rostro de una dama tan bella como yo es un pecado que tendrás que pagar con la muerte.
Con una mirada de determinación, Sirina tocó un anillo en su dedo y, al instante, una armadura de combate apareció alrededor de su cuerpo. La armadura, aunque pesada, parecía no limitar en absoluto sus movimientos. Una espada larga, de aproximadamente dos metros, y un escudo robusto completaron su equipo. Zen la observó con una mezcla de curiosidad y respeto.
—Así que también usas el aura,—dijo Zen, sus ojos se estrecharon mientras evaluaba a su oponente. —Pero tu control es mucho más refinado que el del anterior guerrero. Esto podría ser interesante.
Sirina se puso en guardia, su espada brillaba bajo la luz del sol y el aura que emanaba de ella parecía intensificarse, rodeándola en un halo dorado que reflejaba su fuerza interior y su determinación. Zen decidió que probaría las capacidades de esta mujer. No voy a subestimarla como al guerrero anterior, pensó, preparándose para usar un 60% de su fuerza en el combate.
Los pensamientos de Sirina
Mientras se preparaba para la batalla, los pensamientos de Sirina estaban llenos de determinación y furia. Esta bestia es un desafío como ningún otro que haya enfrentado, pensó, su mente se concentraba en la estrategia y en cómo superar a su oponente. Pero no puedo permitir que humille a mis compañeros y a mi reino. Debo demostrarle que no somos rivales a los que pueda derrotar tan fácilmente.
Su aura se intensificó, reflejando su compromiso y su conexión con las innumerables batallas que había librado y superado. Cada experiencia, cada cicatriz, le daba la fuerza para enfrentar a Zen y la determinación de no caer ante él.
Los pensamientos de Zen
Zen, por su parte, se sentía intrigado y desafiado. Esta mujer es diferente. Tiene una fuerza interior que no había visto antes en un humano, pensó mientras ajustaba su postura y se preparaba para el combate. Aunque sabía que su poder superaba al de Sirina, no podía evitar sentirse emocionado por la posibilidad de un enfrentamiento digno. Será interesante ver hasta dónde puede llegar con su aura y su determinación.
Con una última mirada de evaluación, Zen se puso en guardia, sus garras estaban listas para enfrentar a Sirina. La tensión en el aire era palpable, y ambos contendientes sabían que el próximo combate sería decisivo y revelador.
**La conversación del Barón Reiyus**
El Barón Reiyus, conocido como el Caballero Dorado, se encontraba en la forja de su reino, supervisando la creación de un encargo especial. La sala estaba llena del sonido del martilleo del metal y el crepitar del fuego. La atmósfera era densa con el olor del hierro y el sudor de los herreros que trabajaban incansablemente para completar la armadura y las armas que el Barón había pedido. Su rostro reflejaba una mezcla de entusiasmo y paciencia, mientras observaba el progreso.
Uno de sus subordinados, un joven caballero llamado Edrin, se acercó con una expresión de preocupación en su rostro.
—Mi señor, ¿no está preocupado por Sirina?—preguntó Edrin, su voz mostraba una clara inquietud. —Si se enfrenta a ese monstruo, ¿tendrá alguna posibilidad de ganar?
Reiyus soltó una risa profunda y resonante, una expresión de confianza absoluta en su rostro.
—Ah, Edrin, no subestimes a Sirina—respondió, su tono era despreocupado pero firme. —No es tan fuerte como yo, pero te aseguro que está lejos de ser débil. Su voluntad es indomable, y es la mejor usuaria de aura en este reino. Es posible que incluso ella me quite mi diversión, después de todo.
Edrin asintió, aunque la preocupación no abandonaba su rostro por completo. Sabía que el Barón tenía una fe ciega en las habilidades de Sirina, pero también entendía que la bestia a la que se enfrentaba no era un enemigo común.
**Inicio del combate: Zen vs. Sirina**
Mientras tanto, en el bosque, el enfrentamiento entre Zen y Sirina estaba a punto de comenzar. La tensión en el aire era palpable, y ambos oponentes se preparaban para un combate que prometía ser épico.
Zen, con su inmensa estatura y su apariencia reptiliana, se lanzó hacia Sirina con una velocidad impresionante, su puño se dirigía directamente hacia ella con una fuerza devastadora. Sin embargo, Sirina, con una habilidad sorprendente, levantó su escudo y bloqueó el golpe, el impacto resonó en el aire con un estruendo metálico que hizo vibrar el suelo bajo sus pies.
Sin perder un segundo, Sirina contraatacó con su espada larga, un arma que brillaba con una luz dorada, reflejando el aura que la envolvía. Zen, apenas tuvo tiempo de reaccionar, esquivó el golpe con una agilidad que desmentía su tamaño, sintiendo la brisa de la espada pasar rozando su piel escamosa.
El combate continuó con una serie de ataques rápidos y precisos de ambos lados. Zen, a pesar de su fuerza superior, se encontraba en desventaja frente a la agilidad y precisión de Sirina. Cada uno de sus ataques era esquivado o bloqueado con una gracia que parecía más un baile que una pelea. Sirina se movía con una fluidez que desafiaba la lógica, sus movimientos eran calculados y eficientes, cada uno diseñado para aprovechar cualquier apertura en la defensa de Zen.
En un momento de descuido, Zen dejó su abdomen desprotegido. Sirina aprovechó la oportunidad y lanzó un golpe con su escudo que lo mandó a volar varios metros, estrellándose contra varios árboles que se derrumbaron por la fuerza del impacto. Zen se levantó, sacudiendo la tierra y las ramas de su cuerpo, su expresión reflejaba una mezcla de sorpresa y furia. *No puedo seguir subestimándola,* pensó mientras planeaba su próximo movimiento.
**La estrategia de Zen y el contraataque de Sirina**
Decidido a cambiar la táctica, Zen comenzó a cavar rápidamente un hoyo en el suelo, desapareciendo en la tierra antes de que Sirina pudiera reaccionar. Sirina, consciente de la amenaza que representaba un enemigo invisible, intentó utilizar su aura para detectar la presencia de Zen bajo tierra. Cerró los ojos y se concentró, sintiendo las vibraciones del suelo y buscando cualquier signo de movimiento.
Sin embargo, antes de que pudiera localizar a Zen, este emergió de la tierra justo debajo de ella. Con un rugido de desafío, Zen salió disparado hacia la superficie, lanzando un golpe que la mandó volando varios metros en el aire, superando la altura de los árboles. Sirina, demostrando una increíble habilidad, recuperó el control en pleno vuelo y aterrizó sin problemas, sus ojos brillaban con una determinación renovada.
Zen no perdió tiempo y se lanzó hacia Sirina, sus garras se movían con una velocidad y precisión que desmentían su tamaño. Lanzó una serie de golpes rápidos, pero Sirina, con una destreza impresionante, esquivó cada uno de ellos. Sus movimientos eran tan fluidos que parecía estar danzando, cada esquiva y cada bloqueo era un testimonio de su habilidad y entrenamiento.
En un momento de increíble agilidad, Sirina se deslizó bajo uno de los ataques de Zen y, con un movimiento rápido, le propinó un golpe con su espada. Zen sintió un dolor agudo y, por primera vez, se dio cuenta de que Sirina había logrado herirlo, aunque de manera superficial. Sorprendido por la habilidad de su oponente, decidió que era hora de tomarse el combate más en serio.
—Es impresionante,—murmuró Zen para sí mismo, su voz reflejaba una mezcla de respeto y desafío. —Tienes habilidades que no había visto en otros humanos.
**Aumentando el desafío**
Decidido a aumentar el nivel del combate, Zen elevó su poder al 70%, sus músculos se tensaron y su aura de poder se hizo aún más evidente. *Esta mujer merece ver un poco más de mi verdadera fuerza,* pensó mientras se preparaba para el siguiente asalto.
Sirina, por su parte, mantuvo su postura de combate, sus ojos reflejaban una mezcla de concentración y determinación. Sabía que el próximo asalto sería aún más feroz, pero estaba lista para enfrentarlo. *No dejaré que esta criatura me derrote. Debo demostrar que somos capaces de enfrentar cualquier desafío,* pensó mientras apretaba con fuerza el mango de su espada.
El aire a su alrededor se cargó de tensión mientras ambos contendientes se preparaban para el segundo round. Zen, con una sonrisa desafiante en su rostro, y Sirina, con una mirada de determinación inquebrantable, estaban listos para continuar el combate que prometía ser aún más intenso y revelador.
**Reflexiones finales**
El Barón Reiyus, en la lejanía, se preparaba para su propio enfrentamiento con la bestia, confiando en que su encargo especial estaría listo pronto. La sonrisa en su rostro reflejaba su emoción ante la posibilidad de un combate épico. Mientras tanto, Sirina y Zen se preparaban para enfrentarse una vez más, cada uno decidido a demostrar su fuerza y su valía en esta batalla crucial.
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