Capítulo 15

Las jornadas de filmación se volvían maratónicas, cada toma cuidadosamente coreografiada para capturar la esencia de la narrativa. Entre las luces y las cámaras, los actores encarnaban sus personajes, pero fuera de cuadro, la realidad paralela de la situación con Ramsés persistía.

Una tarde, en un rincón apartado del set, Manu compartió un momento de complicidad con Camille. La silueta de la Torre Eiffel se alzaba en la distancia, testigo mudo de sus intercambios.

—Camille, a veces siento que estas sombras amenazan con oscurecer todo lo que estamos construyendo. —Manu habló con una franqueza que revelaba la carga emocional que llevaba.

Camille, con su mirada profunda, respondió con su característica serenidad.

—Manu, cada historia tiene sus desafíos, pero también esculpe la fortaleza de sus personajes. No permitas que las sombras ahoguen la luz que creamos juntos.

La conexión entre Manu y Camille se convertía en un refugio en medio de la tormenta. Sin embargo, la presencia de Ramsés seguía siendo un eco incesante, una sombra que persistía incluso en los momentos más íntimos.

Durante una pausa en la filmación, Ramsés se acercó a Manu con una sonrisa que no lograba ocultar su naturaleza narcisista.

—Manu, ¿puedo hablar contigo un momento?Manu asintió, consciente de que esta conversación podría abrir puertas desconocidas.

—Habla, Ramsés.

El actor, sin reparo alguno, expresó su descontento con la dirección de la película y su percepción de que su personaje no estaba recibiendo la atención que merecía. La conversación se convirtió en un juego de egos, cada palabra resonando en el aire cargado de tensiones no resueltas.

—Ramsés, todos somos parte de un equipo. Esta película es un esfuerzo conjunto, y necesitamos colaborar para que sea un éxito.

—Manu habló con calma, tratando de disipar las nubes de descontento.

La situación, sin embargo, seguía siendo delicada. La confrontación con Ramsés no solo afectaba la dinámica del set, sino que también generaba reverberaciones en las relaciones personales entre los actores y el equipo.En la penumbra del atardecer parisino, Manu se encontró reflexionando sobre el equilibrio precario que mantenía. La película, aunque una expresión de su arte, estaba intrínsecamente ligada a las complejidades humanas que la envolvían.

En las sombras del set, la obsesión de Ramsés se intensificaba al cruzar miradas con Camille. La atracción, más allá de ser un simple deseo, adquiría tintes de obsesión que permeaban cada escena compartida. Camille, perceptiva ante la transformación en la dinámica, se enfrentó a Ramsés con una firmeza que rivalizaba con la intensidad de la Torre Eiffel iluminada en la distancia.

—Ramsés, nuestras interacciones deben limitarse al guion y al set. No hay espacio para juegos personales. —Camille habló con una determinación que dejaba poco margen para malentendidos.

Ramsés, sin embargo, interpretó el rechazo como un desafío, una llama que avivaba su obsesión.

—Camille, no puedes negar la conexión que existe entre nosotros. Es palpable, un fuego que arde fuera de cuadro.

Camille, imperturbable, respondió con una claridad que cortaba a través de las ilusiones de Ramsés.

—Lo que sientes es una creación tuya, no una realidad. Mi única conexión aquí es con el proyecto y con Manu.

La tensión entre ellos se volvía palpable, una danza de palabras que reflejaba la complejidad de las relaciones en medio de la creación artística. La Torre Eiffel, testigo silente de sus intercambios, se alzaba en la distancia como un faro que guiaba y a la vez observaba los entresijos del drama humano.Ramsés, lejos de desistir, intensificó sus intentos de acercamiento, convirtiendo cada pausa en una oportunidad para expresar sus deseos con una persistencia que rozaba la obsesión.

—Camille, esta película es solo el preludio de lo que podríamos ser juntos. No puedes negar la química entre nosotros. —Ramsés insistió, sus ojos brillando con una intensidad que incomodaba.

Camille, sin ceder terreno, reafirmó su postura.

—Ramsés, lo que ves como química es solo la interpretación de un personaje. Mi vida va más allá de este set y de tus proyecciones.

La trama se enredaba entre rechazos y obsesiones, creando una narrativa paralela que amenazaba con desbordar los límites de la película. Manu, ajeno en apariencia a la complejidad que se gestaba, dirigía escenas mientras las sombras de las relaciones personales se extendían por el telón de fondo de París.

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