Kurt preparó la cena, filete casi crudo, esa era la carne que prefería Adolf, su naturaleza predadora se expresaba hasta en sus alimentos.
Coloco platos, cubiertos y un hermoso florero con flores frescas, la mesa era como de revista, la comida sería servida hasta que Adolf regresará.
Mientras esperaba, Kurt preparó sus deberes de la universidad, en poco tiempo sería un médico graduado, solo un año de residencia y podría emprender un camino nuevo.
También podría trabajar en otro lugar de tiempo completo y reunir suficiente dinero para pagar a la familia Eagle por sus cuidados y manutención.
Estuvo bastante tiempo en su habitación olvidando la hora, dormitaba, cuando recordó que aún esperaba al alguien.
Despertó por completo sobre saltado y miró su reloj, ya era media noche, salió a toda prisa de su habitación y fue ella comedor, todo estaba como lo había dejado, fue a la puerta, no había unos zapatos de piel ni faltaban algunas sandalias.
Adolf aún no regresaba, no sabía si sentirse aliviado por no ser descubierto por su descuido o triste, porque la persona que más amaba no regresaría a casa.
Permaneció de pie, frente a la puerta unos minutos, ajustando sus sentimientos, cuando el sonido del picaporte lo trajo a la realidad.
El alto alfa entro con la mirada perdida, tenía varios aromas mezclados en su cuerpo, entre tabaco y fermona de celo de Omega.
En los ojos de Kurt se dibujo una mirada triste, ese alfa al que amaba había salido a jugar con otros mientras él lo esperaba en casa.
Adolf olvidó por completo su existencia.
— ¿Por qué me miras así? – Pregunto Adolf que tenía la mirada borrosa.
— No, por nada, lo siento – respondió Kurt mientras sacudía la cabeza.
Adolf le dedico una mirada de lado y paso a su costado.
— Pequeña lombriz, recuerda tu lugar, no tienes derecho a sentir celos, no eres nada para mí así que saca de tu cabecita ideas tontas, nunca estarás a mi altura.
El Alfa le arrojó su abrigo y después siguió caminando con pasos tambaleantes, subió las escaleras con dificultad.
Kurt se quedó triste de pie, frente a la puerta.
Adolf le había dicho lo mismo varias veces, ya no dolía tanto como la primera vez, aún así era un sentimiento de perdida y tristeza en su corazón.
Kurt llevo el abrigo al cuarto de lavandería, lo colocó en un perchero junto con el resto de abrigos y sacos que tenía que ser lavados para quitar el feo aroma a Omega, cada prenda tenía aroma diferente, cada uno era la evidencia de una noche de éxtasis embriagado en los brazos de un Omega diferente.
Kurt sintió presión en su corazón, sabía que tenía que salir de esa casa, mientras más se quedaba más dolor sentía.
Después de dejar la ropa, fue a su propia habitación que estaba en la planta baja, se lavó el cuerpo y se puso una pijama, dejo las cosas listas para su día de universidad y se fue a la cama.
Cerro los ojos y recuerdos dulces llegaron a su mente, ahora el tenía 22 años de existencia, según su registro médico.
No sabía cuál era su origen, su edad real o su fecha de cumpleaños.
Pero recordaba que los primeros años que estuvo con la familia Eagle, Adolf le daba un obsequio y un pastel de su sabor favorito, siempre era la misma fecha, el día que Adolf lo rescató.
Tal vez por que esa está próxima o porque se aferraba a los buenos recuerdos fue que al dormir soño con esos días dulces de afecto y apego.
Kurt dormía mientras tenía dulces sueños, de repente se escuchó un fuerte sonido de la habitación de arriba, Kurt despertó sobresaltado, el sonido había sido real, no parte de su sueño, brinco de la cama y subió apresuradamente a la habitación de Adolf.
Al entrar vio a Adolf en el piso, cerca de la puerta del baño, tenía una fea herida en la frente.
Kurt corrió por el botiquín de primeros auxilios y comenzó a curar la herida.
Adolf aún tenía la mirada desenfocada.
— Pequeña serpiente, tu siempre tan servicial – dijo Adolf de manera suave y calida, mientras sus párpados bajaban un poco.
— Tal vez duela un poco, así que trate de aguantar el dolor.
Kurt puso medicamento en una gasa, ya había limpiado la sangre, la herida no era muy grande ni profunda, no ocuparía sutura, así que solo limpiaría con cuidado y aplicaría el medicamento.
Cuando Adolf sintió el medicamento contra su piel no pudo evitar hacer una mueca de dolor y soltar una leve queja.
Kurt se apresuró a soplar en la herida para refrescarla y el dolor pasará rápidamente.
Adolf tenía frente a sus ojos el cuello blanco de Kurt, sentía sus palpitaciones en su pecho, levantó la mirada y se encontró con los labios rojos de Kurt, estaban fruncidos mientras soplaban suavemente.
Adolf trago saliva, esa serpiente era muy sexi, hacía que su sangre se calentará.
Era una lástima que solo tuviera una glándula inferior, si hubiera alcanzado una diferenciación de alta gama, sus fermona se hubiera acoplado y tendrían descendencia de excelencia, enorgulleciendo a la familia Eagle, en especial a Vlad Eagle, el patriarca.
Para evitar caer en la tentación de morder el cuello blanco y enredar su cuerpo contra la serpiente recurría a otros omegas, todos con Glándulas de alta gama, si llegaba a dejar preñado a alguno de ellos no habría ningún problema, recogería al niño y lo reconocería cómo su hijo.
No podía caer ante el deseo voraz de poseer a la serpiente, llegar hasta la locura y dejar su semilla en alguien como él, su hijo sería un ser inferior y no podría recogerlo, ni a la serpiente.
Las pupilas de Adolf se dilataron, podía ver la vena del cuello de Kurd, como palpitaba, seguir observando lo llevo a ver al costado de su cuello, casi la nuca, una hermosas Glándulas para saborear y morder, en su mente imagino lo que sentiría el Omega, primero dolor y después se entregaría por completo al placer de ser invadido, una huella indeleble dejada en el cuerpo de alguien que le pertenece por completo.
Adolf levantó un poco su cuerpo, se acercó a Kurt que estaba distraído poniendo un vendolete.
Adolf sentio la fermona tranquilizadora de Kurt, era muy ligera, suave aroma a flor de naranjo, dulce y fresca, se inclinó un poco y su lengua roso la piel de Kurt.
El joven, se sobresalto, miró abajo de él, Adolf lo estaba mirando con las pupilas dilatas, como un león mira a su presa.
Se levantó rápidamente y guardo los medicamentos en el botiquín.
Adolf ya estaba duro, vio que Kurt tenía la intención de escapar de él.
Se levantó del piso y se apresuró a tomar su mano, la presionó tan fuerte que Kurt no pudo evitar fruncir el ceño con dolor.
— A dónde vas
— Y-ya es tarde, debe de descansar – dijo Kurt apresurado.
— Te dije que hoy quería cenar carne.
— Lo-lo siento, pensé que ya había cenado, pero si tiene hambre iré de inmediato por su cena.
— Mi cena ya está aquí.
Adolf, soltó la mano de Kurt, puso sus manos en la solapa del pijama y con fuerza lo jalo a los lados, la tela se desgarro y los botones cayeron al piso, sobre la alfombra de pelo largo.
Adolf miró el vientre blanco, los pectorales firmes llenos de deliciosa carne, se acercó y lamió las pequeñas montañas, la piel blanca se sonrojó.
Kurt tenía los ojos llenos de pánico, Adolf Lucia atemorizante, diferente a la indiferencia de los últimos encuentros sexuales.
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