En aquel mundo, la Humanidad vivía bajo la sombra de los Demonios. Encerrados entre paredes de piedra, los hombres vivieron durante muchos años, los Demonios como consecuencia de las emociones... Hasta el día que alguien leyó el Ragnarok. Todo comenzó una noche, cuando Nihl llegó a las puertas del templo de Fargus, el anciano sacerdote.
Nihl era una joven, con habilidades de exorcismo, que jamás mostraba expresión alguna. "Quiero destruir a todos los Demonios." Decía siempre. Fargus sabía que su sueño solo podía cumplirse con el Ragnarok, el libro de la destrucción.
Entonces, ambos decidieron buscarlo. Fargus, para saldar una promesa del pasado; y Nihl, para destruir a los demonios.
"El Ragnarok es destructivo, podría destruir al Reino de la Humanidad en segundos..." Le advirtió el anciano, cuando se adentraron en la ciudad para comenzar la búsqueda.
La capital de la Humanidad era gigante, llena de edificios grises y personas encapuchadas por las calles, temiendo a que algún Demonio los poseyera. Nihl, que descendía de la realeza, y Fargus, que obedeció al Rey de la Humanidad, conocían bien las calles. Aún así, el sacerdote desconocía mucho de su compañera...
"Quieres el Ragnarok para algo más. Dímelo, quiero saber." Le dijo ella al anciano, con la misma expresión vacía de siempre. "En el pasado, cometí un error. Si obtenemos el Ragnarok para destruir a los Demonios, podré pagar esa deuda." Le respondió el sacerdote, a la entrada del palacio del Rey. Fueron recibidos con alfombras púrpuras, y un Monarca sobre un trono negro...
El Rey de la Humanidad no parecía humano... Era gris como las casas, y de ojos violetas como las alfombras. "¿El Ragnarok? Es un libro muy grueso, tardarán mucho en leerlo para destruir a los demonios... Además, el lugar en que se encuentra, está plagado de ellos." Dijo el Rey, con una sonrisa de reto. Fargus vio al Monarca, y recordó que no era aquel de antes...
"Ese no es el Rey, estoy seguro... Es como si un Demonio lo hubiera poseído. Siento que toda la culpa la debo cargar." Fargus se lamentaba, pero Nihl hacia caso omiso a sus palabras, como si ya supiera lo que iba a decir... Cuando llegaron a las puertas del Templo del Dios, un escalofrío recorrió la espalda de Fargus.
Era el lugar menos esperado para que se encontrara el Ragnarok. Debía ser un templo lleno de vida, donde los sacerdotes ofrendaran sus alabanzas contra los Demonios. Pero era todo lo contrario: un lugar oscuro, lleno de los que aterran a la Humanidad. Nihl entró primero, y con un movimiento de sus manos, los Demonios cayeron a sus pies...
"¿Quién es esta niña? Su poder es increíble, tal como el de la familia real..." Asimiló el sacerdote, cuando la vio exorcizar a todo aquel Demonio que encontrara en su camino... Pero, aún faltaba un hilo por unir. Ambos estaban más cerca del Ragnarok.
Entonces, Nihl sostuvo el Ragnarok en sus manos. Tal parecía que el tiempo se detuvo, cuando lo quitó del altar, y lo llevó fuera del templo. Pero al salir, el mundo ya no era el mismo... La capital de la Humanidad seguía siendo gris, pero ahora los edificios yacían derruidos, y las personas encapuchadas ahora eran Demonios.
"¡Imposible! ¡El Demonio que mató a la Reina...! La juré proteger, pero...!" Fargus cayó de rodillas al suelo cuando vio acercarse a dicho Demonio, el cual tenía sobre la frente la corona de la Humanidad. "¡Debí destruirlos cuando pude! Pero, no niego que fue divertido verlos sufrir, a todos los hombres. Tantas malas emociones crearon miles de legiones de Demonios, y yo su Rey."
El Demonio se acercó a Nihl y el anciano, sonriendo... "Tuve que haberte matado cuando podía, el día en que poseí al Rey, y maté a la Reina. La Princesa de la Humanidad huyó, y aquí está ahora, con el Ragnarok en las manos." Fargus escuchó todo, y entonces miró hacia Nihl, viendo la verdad frente a los ojos.
"Esa noche debía proteger a la familia real, pero llegaste tú, y no pude cumplir la promesa... Logré que la Princesa escapara, pero desde ese día viví con un enorme peso sobre mi espalda." Fargus logró hilar todo, Niho siempre fue la princesa que debía proteger... "Mataste a mis padres, destruiste mi reino, solo por ver como son tus creadores: nosotros... Pues, todo acabará..."
Nihl miró al Demonio con la misma fría expresión. Entonces, movió sus manos, y los Demonios cayeron a sus pies. Eso fue suficiente para que leyera en voz alta la primera parte del Ragnarok, el libro de la destrucción. "¡Alto, Princesa! ¡Si sigues, destruiras a la Humanidad entera!" Le advirtió el sacerdote, pero Nihl seguía leyendo...
"Los Demonios nacen de las emociones del hombre. Sin hombres, entonces no habrá Demonios..." Fue lo último que sentenció la Princesa de la Humanidad, mientras una llamarada azul cubría el Templo detrás suyo. Luego, esas mismas flamas consumieron todo el Reino de los hombres...