La verdad esto no planeaba contrarlo nunca, ya que es algo que me pasó y me parecía privado contarlo, pero bueno, aquí estoy.
Cuando nos conocimos me pareció curioso ver a un niño de 13 años tan serio, el tenía mil problemas que soportar e intentaba arreglar todos y cada uno de ellos. Hablábamos por horas, vivía al lado de mi casa, se azomaba a la ventana y tocaba la mía tres veces, cuando me azomaba me contaba todo, no tenía teléfono asi que nos contactamos por las ventanas de nuestras casas.
Con el tiempo el empezó a ir a mi casa, conocía a mi familia e incluso se quedaba a dormir en mi habitación, nunca le pregunté sobre sus padres, el me lo contaba cuando quería.
De un momento a otro Sus problemas pasaron de ser una pequeña gotera a un tsunami enorme, se la pasaba encerrado en su cuarto todo el día, hablando conmigo o dibujando algo.
Nuestra última conversación fue pesada, me contó todo lo de su vida, no pudo evitar soltar lágrimas y todo termino en un silencio tranquilo donde ambos nos mirábamos, no dijimos nada, las palabras faltaban. Nos miramos mutuamente y dijo, tal vez en otra vida no me tocó una familia así, ¿Me vas a esperar, verdad?
Asentí con la cabeza, el posaba una sonrisa calida y por última vez, cerro las cortinas...
Fue la última vez que lo vi con vida. El día de su despedida no pude evitar contener las lágrimas, claro, pude haberlo salvado, decir algo que lo hiciera cambiar de opinión. Pero, no lo hice. Por cierto, Nico, te digo esperando.