Si finalmente rompemos, quiero que sepas que no me arrepiento de nada. Ni de las lágrimas, ni de los gritos, ni de los besos que se quedaron a medias. Fuiste la estación más hermosa de mi vida, el capítulo que más veces subrayé. Te suelto no para perderte, sino para que ambos podamos encontrarnos en otros brazos, en otras ciudades, en otros sueños que todavía no sabemos que tenemos.
Adiós, amor mío. Que la vida te trate con la dulzura que yo no supe darte al final. Algún día, quizás en diez años, nos cruzaremos en un paso de cebra y solo seremos dos extraños con un secreto inmenso: el secreto de que, una vez, fuimos el centro de la órbita del otro. Sonreiremos, bajaremos la cabeza y seguiremos caminando, cada uno hacia su propio destino, bajo el mismo cielo que un día nos vio ser eternos.