El espejo es el campo de batalla más antiguo. Para la insegura, el reflejo nunca es estático. Un día vemos a una guerrera capaz de conquistar imperios y al siguiente, solo vemos una colección de inseguridades físicas y miedos abstractos. La inseguridad nos da telescopios para nuestros defectos y nos vuelve miopes para nuestras virtudes.
Pero hay una belleza profunda en ese temblor. Quien duda es quien se analiza, quien se importa, quien entiende que el alma es un territorio inmenso que nunca termina de explorarse. La inseguridad es el recordatorio de que somos seres inacabados. En ese espacio entre lo que somos y lo que tememos ser, es donde nace la empatía. Solo quien ha sentido el suelo temblar bajo sus pies sabe cómo ofrecerle la mano a otra persona que está a punto de caer